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Nosotros los nobles…

Vianey Esquinca

En México es muy común que cuando una persona llega a un trabajo nuevo vaya al salón de belleza, se ponga el traje o el vestido de fiesta y le pida a sus hijos que no vayan a la escuela para que lo acompañen a conocer sus nuevas oficinas y a sus nuevos compañeros.

Ese primer día de trabajo los mexicanos se van sacando selfies en todos los lugares y con todas las personas, contimás si su compañero de escritorio es famoso y ha salido en la tele.

Además, es habitual sacarse fotografías justo cuando están firmando el contrato de trabajo o haciendo exámenes sicométricos. Ni hablar de presumir las nuevas oficinas a través de sesiones de Facebook Live.

Todo esto debe ser de lo más normal en México o, de lo contrario, no tendría ninguna explicación el comportamiento de algunos legisladores durante la instalación de la  LXIV Legislatura, donde, además, les tocó tomar protesta como los diputados y senadores que estarán definiendo el rumbo del país.

Los congresistas tomaron muy en serio eso de que se vivía una “fiesta democrática” y decidieron invitar a la esposa, a los hijos, a la suegra y al perico a celebrar.

Aunque, por otro lado, es comprensible. Muchos de ellos son como “nuevos ricos” que se ganaron la lotería comprando sólo un cachito, con la diferencia que éste traía el rostro de Andrés Manuel López Obrador. Otros, legisladores de otros partidos diferentes a Morena, son sobrevivientes del tsunami pejista. Algunos más tuvieron que hacer toda clase de triquiñuelas para quedarse con un escaño en el Congreso, y por eso estaban efusivos y tenían arranques de alegría que querían compartir.

Este congreso encierra de todo. Tiene una bancada de Morena “requeteindependiente” del Ejecutivo que festeja sus logros al grito de: “Es un honor estar con Obrador”; también unas fracciones disminuidas del PRI, PAN y PRD; fracciones de un partido inexistente como el PES y cachirules que el primer día saltaron de un partido a otro que les ofrecía mejores condiciones. Además, 46% de los recién estrenados diputados no tiene título. Si bien no se requieren estudios para alcanzar una curul, no deja de dar miedo en manos de quién estará la discusión de temas tan complejos y delicados para el país.

Algunos de los tipos de legisladores que habrá en esta Legislatura son:

Los sobrevivientes que, a pesar de la debacle de sus partidos, alcanzaron un hueso: Eruviel Ávila, Miguel Ángel Mancera, Damián Zepeda, Claudia Ruiz Massieu —que hasta doble dosis de calcio le tocó—, Miguel Ángel Osorio Chong o Enrique Ochoa, cuya hazaña sólo es comparable con los sobrevivientes de los Andes, pues fue uno de los principales causantes de la derrota del PRI, y a pesar de ello, salió casi ileso.

Los inventariados, que siempre han estado en el Congreso: Tenemos 500 curules, 500 oficinas, tres mil mesas, un Porfirio Muñoz Ledo, 80 cuadros, una Ifigenia Martínez…

Los colados, que realmente nadie quiere, pero siempre se cuelan, como Gerardo Fernández Noroña. Los efímeros o los mírenme porque me les voy, aquéllos que sólo están de pasadita porque alcanzaron no sólo premio, sino también reintegro y van a renunciar en cuanto inicie el gabinete federal. En esa lista están Olga Sánchez Cordero, Rocío Nahle, Germán Martínez, Zoé Robledo, Horacio Duarte y Alfonso Durazo.

Así inicia esta legislatura, con una mayoría absoluta de Morena, cuyos dirigentes han dicho que los otros partidos tienen dos opciones: o les gusta las propuestas de los morenistas y van en alianza o no les gusta y se aguantan. Lo que sí hay que reconocer es que llegaron con la tijera cortando el presupuesto del Congreso y eso no hay manera que no se aplauda.

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