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Ángel Sergio Guerrero Mier un hombre leyenda (Quinceava parte)

 Presentación del libro próximo viernes 11 de abril.
Un poco de historia sobre el movimiento de 1970.

Fue un movimiento puramente citadino y con una rara mezcla ideológica y de intereses políticos y económicos; movimiento que no aguanta la rigurosidad de un análisis serio. Sin frutos, con irreparables daños académicos y corrompido desde sus raíces hasta su final, movimiento que vinieron transando sus improvisados dirigentes con la cúpula priista que tanto criticaban.
Con la serenidad de los años pienso que, escribir con absoluta responsabilidad y con la mayor fidelidad posible, es convicción y es búsqueda de las reminiscencias que nos remonta a través del tiempo a recorrer juntos los capítulos que han tejido la historia política contemporánea en Durango.
Con una manifestación estudiantil en la que se exigía cuentas claras sobre el legado de Raymond Bell, y la cuota de $4.50 por tonelada de hierro que se extraía del Cerro de Mercado, cuando iban pasando los estudiantes frente al Palacio de Gobierno, entró por la puerta principal el gobernador Páez Urquidi, e instintivamente la muchedumbre se abalanzó a detener el paso del mandatario, ya en el patio central. Eran alrededor de las cinco y media de la tarde cuando se dio este hecho tan insólito como fortuito. De no haberse encontrado con el gobernador en ese momento, nada hubiera pasado. La marcha ya estaba terminando.
Los resultados políticos, no son fortuitos, están concatenados entre sí, están encadenados, no son hechos aislados, por eso, en una rigurosidad histórica, no deben de ser excluidos para su análisis.
Posesionados los estudiantes del Palacio de Gobierno, se cerraron todas las puertas y se realizó, también de manera espontánea, un mitin alrededor de las nueve de la noche, en que ya se había congregado más de quinientos duranguenses, en su mayoría padres de familia que presurosos acudieron ahí -al ser informados por la tarde, de ese acontecimiento- y preocupados, esperaban noticias de los estudiantes que permanecíamos dentro del Palacio de Zambrano.
Serían cerca de las tres de la mañana, cuando el Rector Galindo Martínez logró convencer a los estudiantes de entregar el palacio gubernamental, que a esas horas estaba rodeado de tropas militares, trasladándonos todos a esa hora, al Edificio Central de la Universidad, declarando de inmediato la huelga indefinida, empezando así de inmediato a surgir factores de división, pues mientras que unos planteaban la destitución de Páez Urquidi e incluso la desaparición de Poderes, otros nos expresábamos en el sentido de no apartarnos del asunto de Raymond Bell, de la cuota de $4.50, de la renuncia del secretario General de Gobierno y de la desaparición de la Dirección de Seguridad Pública; solamente eso, pues sentíamos, que al tomar el Palacio de Gobierno desde esos momentos se había afianzado Páez Urquidi, por el entendido principio de autoridad ejercido por el Gobierno Federal, pues.
Los comerciantes agrupados en la CANACO solidarizados con la CNIT y contribuyentes en general, estaban en lo suyo, en su lucha inicial: ¡Dar marcha atrás a la Ley de Hacienda!, la cual, sin consenso popular, todavía se trataba de aplicar, elemento este, que mucho influyó para darle aceptación al movimiento entre las clases medias.
En una apretada síntesis por recapitular esa aparte de nuestra historia política, es de mencionarse que en el mes de enero, renunció de su cargo el Licenciado Jesús Estrada Chávez, ocupando su lugar el líder estatal de la CNOP, Ángel Sergio Guerrero Mier. Designación que fue procesada entre el secretario de Gobernación Mario Moya Palencia y el candidato a la Presidencia de la República Luis Echeverría Álvarez.
Más adelante, se cedió a la demanda y desapareció la Dirección de Seguridad Pública con la renuncia del mayor Eloy Hernández Carballido y del teniente Carlos Hidalgo Eddy en la Judicial. Era demasiado tarde, el movimiento estudiantil y popular contra Páez Urquidi ya había prendido con una gran fuerza, el cual se deslizó sobre cinco vertientes: el Comité de Huelga Universitario, la Federación Estatal de Padres de Familia, el Frente Popular de Lucha, la Asociación Civil de Contribuyentes Unidos de Durango y la Sociedad de Alumnos del Instituto Tecnológico, quienes en un movimiento autónomo y distinto, se apostaron en la Explanada de los Insurgentes y bloquearon la salida de mineral del Cerro.

FRENTE POPULAR DE LUCHA
La Plaza IV Centenario se encontraba virtualmente tomada por el Frente Popular de Lucha, sus miembros estaban apostados en barracas, donde destacaban Don Armando Herrera, Don José Rosas Santillán, Don Luis Médicis de Birón, Doña Beatriz Quiñones, entre otros. Esta organización era enriquecida con la presencia de la Federación Estatal de Padres de Familia en la que sus voces más representativas eran las del Profesor Rodrigo Ávalos, Sra. María Elena M. de Miranda, Sra. Teresa Villegas de Avelar, Sra. Alba del Campo de Salas, también la Sra. Ríos, cuyo nombre escapa a mi memoria. Igualmente coincidirían, en dicho frente, viejos ferrocarrileros, maestros y tahoneros.
El único funcionario del gobierno de Páez Urquidi que era directo interlocutor válido con las autoridades universitarias, encabezadas por su Rector Carlos Galindo Martínez, y liderazgos sociales, era el secretario de gobierno Ángel Sergio Guerrero Mier, auxiliado por el Oficial Mayor Armando Espinoza Ortega y otros funcionarios menores y amigos de esa Casa de Estudios, entre maestros y estudiantes. Quien mantenía permanentemente informado al mandatario estatal. Otro personaje que coadyuvaba, era el presidente del PRI Maximiliano Silerio Esparza. El alcalde de Durango, Gonzalo Salas Rodríguez y su cabildo, se mantuvieron literalmente al margen de dicho conflicto. Muy distantes al gobernador, a quien abandonaron a su suerte.

TÉCNICOS UN MOVIMIENTO PARALELO
Por separado, fueron tomadas las vías del ferrocarril a la salida del Cerro de Mercado, junto con la Explanada de los Insurgentes, por la comunidad estudiantil y docente del Instituto Tecnológico, bajo la conducción de Manuel Peyro Carreño, quien mantenía la inter locución con el secretario de gobierno Guerrero Mier, participando además, Ricardo Navarrete Salcido, José Luis Machado, Bernardo García Ortega, Héctor Ricalday Quiroga y Tomás Palomino.

SECTOR PRIVADO, ATIZANDO LA OLLA
De la Cámara de Fincas Urbanas la presencia más perseverante era la de don Manuel Avelar, y por la Cámara de Comercio, las voces más representativas fueron las de Roberto Reyes y don Alejandro de la Parra Fernández, propietario de la Zapatería del Guadiana, frente a la Plaza de Armas, quien fue aprehendido por la Policía Judicial por su participación en los momentos más candentes de ese conflicto, lo que generó la radicalización del movimiento. Por otra parte entre los hoteleros destacaban Don José H. Botello y Don Pedro Matar.

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