Que cambie de manos el partido


El pasado 5 de junio, de golpe, se dio fin a la borrachera de poder que los volvió soberbios y excluyentes, no se podrán corregir los errores de la debacle del PRI en Durango, por quienes son sus autores, por esa arrogancia, los yerros no los ven.
Fue muy pronto que quedaron desoladas las oficinas del CDE del PRI desde un día después que el partido dejó de ser gobierno. Es lógico que así sucediera, porque muchos de ellos no eran priístas de adeveras, otros, cuadros “distinguidos” del tricolor en pasados tiempos fueron conocidos como simpatizantes del PAN. O personajes externos, con un pasado panista que decidían candidaturas en el PRI.
Lo anterior provocó un arribismo casi en masa por quienes nunca supieron que el partido tiene una ideología y principios plasmados en sus documentos que le dieron origen, los cuales estoy seguro nunca han leído, ideología por cierto de la que nos hemos alejado mucho en el país. Faltó darles capacitación a muchos nuevos elementos que llegaron que, debemos admitir, hay muchos jóvenes- que sí son valiosos.
Estoy de acuerdo en parte, que cuando el dinero se va por la puerta, el amor se va por la ventana, pero también pienso que cuando se mercantiliza la militancia y lo vieron como agencia de colocaciones, la hace temporal, pues cuando hay amor por la camiseta, aguanta los temporales de sequía, lo que nos hace ver de qué estamos hechos o que se queden los verdaderos priístas y que nos sirva de poda y con quienes se queden, con ellos empezar la reconstrucción del partido.
Tampoco estoy de acuerdo con el discurso optimista de algunos, que en automático se regresará al poder en Durango, como sucedió en el país en el 2012, que la alternancia se repetirá de regreso sin ningún esfuerzo, sólo esperando los errores del adversario, como en los estados de Oaxaca, Nayarit, Sinaloa, Sonora, etc. no necesariamente, digo yo, si nos cruzamos de brazos y no superamos nuestras propias crisis internas en cada estado.
En aquellos estados, ya sin gobernador de su partido, se recuperaron, porque se abandonó el discurso triunfalista y justificatorio, se hizo un ejercicio serio de profunda autocrítica, dieron final al continuismo en los grupos que se habían enquistado en la dirigencia, modificaron estrategias de simulación, voltearon a ver a la sociedad y retomaron sus demandas, se dejó de imponer candidatos y también se dio alternancia hacia dentro del partido y hubo cambios de mando en su estructura. Llegaron nuevos aires y se renovaron en serio. Por eso regresaron al poder.
Corrigieron el rumbo e hicieron una reestructuración integral de sus dirigencias partidistas, lograron cohesionar a todas sus fuerzas al interior y llegaron verdaderos relevos, impidieron los cacicazgos internos y nuevas manos al mando del sectores, los autores de las derrotas, no se aferraron a seguir controlando el partido y eso lo entendió muy bien la avezada dirigencia nacional de aquellos años, que tenían la formación partidaria y conocían desde las entrañas al partido, liderazgos fogueados como Mariano Palacios Alcocer, Fernando Ortiz Arana, Dulce María Sauri, Beatriz Paredes Rangel, Ivonne Ortega, etc.
Por el contrario, lo peor que nos puede pasar en Durango, es que la crisis se puede profundizar si seguimos con ese simplismo, sin admitir en donde estuvieron las fallas, la crisis del partido se puede prolongar como en la Ciudad de México, en Baja California Norte o Guanajuato, que lleva décadas que ya no nos pudimos levantar desde los años noventa, en donde el PRI ya no regresó al poder.
A todo lo anterior le agregamos que, poco o nada le importamos a los jerarcas nacionales del partido porque Durango aporta poco a la votación nacional, tan sólo un pírrico uno por ciento de los votos que obtiene el partido en una elección presidencial. Con sus retardos y simulaciones de sondeos, el CEN nada más nos está dividiendo más, entrampando y demorando la renovación de su dirigencia estatal, que ya se amorcilló.
Lo que están provocando los jerarcas nacionales con su poco interés para poner en sus prioridades los relevos estatutarios en Durango, es que, los aspirantes que levantaron la mano desde hace meses, los agotaron con un proceso tan largo y los sometieron a un innecesario desgaste y confrontación, que está perjudicando al partido, perdiendo un tiempo precioso, que ya no se va a recuperar, cuando el proceso electoral federal y local se inicia a la vuelta de la esquina, el próximo mes de octubre.
Entonces, “No nos ayudes compadre” y que nos dejen solos, podemos llegar a acuerdos sin que nos contaminen otros intereses y gustos a modo para cumplir caprichos de ex gobernadores recientes que son los que han contaminado el escenario metiendo la mano en el proceso. O que nos enseñen la factura donde se acredite que el partido es de ellos.
Que no se haga mediante el Consejo Político porque ése está amañado y no tiene representatividad de la militancia, lleno de ex funcionarios del pasado sexenio y se haga una consulta a la base para ver quienes le entran y dejen de enturbiar el agua, esperando el dedazo o la influencia de algún ex gobernador. Tenemos la palabra empeñada del presidente Enrique Ochoa Reza que no iba a ver imposición. Y lo estamos esperando.
Con los últimos delegados que nos ha enviado el CEN desde Jorge Meade Ocaranza y Fernando Moreno para acá, hasta los oscuros Víctor Manuel Santillán, Abel Guerra y Amador Gaxiola, que han resultado un fiasco, mejor que nos dejen solos. Lo que nos están orillando es a formar una nutrida comisión de ex presidentes de partido y cuadros históricos, a plantarnos en las oficinas del CEN del PRI en la Ciudad de México, a exigir ya, que se haga de inmediato la renovación en Durango. Si a ellos no les interesa el PRI de Durango, a nosotros sí.