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La relación Gobernador-Alcalde: nuevos tiempos


Los duranguenses estábamos acostumbrados a que, los presidentes municipales fueran “damas de compañía” o “edecanes” de los gobernadores en turno, unos más, otros menos, y algunos con sus matices, era la cultura priísta. Siendo dos entidades de gobierno muy distintas.
Pero aún así, era común ver de hecho, las diferencias y celos soterrados entre los que ocupaban el Palacio de Zambrano con los que han despachado en el Palacio de Escárzaga, los dos gobiernos asentados en la capital ha sido un tema político complicado y a veces conflictuado, salvo excepciones, ¿En dónde empieza un gobierno y en dónde empieza el otro?, es muy delgada la raya. Antes, el predial, multas de tránsito, presupuestos, participaciones, policía, feria de la ciudad, etc, etc.
Para empezar, según la ley, el gobernador es el jefe de las policías en donde se encuentre. Y como es la principal figura política en el estado, se empalma la primera figura política del municipio. El gobierno del estado es el principal empleador y proveedor, pero la autoridad de más contacto con la sociedad, es el ayuntamiento, resulta pues, la obligación de una plena coordinación. Obviamente, el gobernador es el Jefe Político de su partido y jurídicamente es en el estado.
De los sonados casos que “los de la tercera edad” recordamos, está aquel memorable enfrentamiento del alcalde Gonzalo Salas Rodríguez y el gobernador Alejandro Páez Urquidi, por una imprudente majadería del Cap. Salinas, Jefe de ayudantes del mandatario, que tuvo con la esposa del munícipe. Como éste chilango no la conocía, no la dejaba entrar al festejo del grito de la Independencia en el balcón central del otrora Palacio de Gobierno, a lo que el edil, reaccionó con dignidad al retirarse de ése solemne evento.
Y así se la llevaron los tres años, Gonzalo, oponiéndose a los proyectos del gobernador de fraccionar el Cerro de Los Remedios y la venta de lotes baldíos en la Col. Real del Prado. Y en pleno movimiento estudiantil de 1970 contra Páez Urquidi, Gonzalo apoyaba a los estudiantes. Ahí el cambio total fue, cuando Maximiliano Silerio llega a presidente municipal, apegado e inseparable del gobernador. Pero Páez Urquidi quería promover y proyectar al joven alcalde, así que le dio jugada.
Con Mayagoitia fueron relaciones respetuosamente distantes, Máximo Gámiz era celoso defensor del republicano ayuntamiento y se manejó con un activismo propio. Recuerdo palabras de él: “Tú eres el jefe de las policías, es correcto, pero que sea uno de la terna que yo te propongo”. Le escuché decir al mandatario. Y así sucedió. Luego le decía; “cuando hagas una obra urbana, necesitas avisarnos porque nosotros somos la autoridad en la ciudad”. Etc.etc. Sin perder los buenos modales.
El gobernador Armando del Castillo Franco, sufrió con Eduardo León de la Peña, porque éste, no se motivaba en ser buen presidente municipal, apático, desmotivado e indiferente, sin proyectos de obra pública, por lo que el mandatario estatal se asumió como el mejor alcalde en la historia de Durango, realizando e inaugurando grandes obras urbanas a donde ni le avisaba a Lalo de la Peña. Ni era convidado a la entrega de algunas de ellas. Lo borró del mapa.
Con Ramírez Gamero todos conocemos aquél episodio en el que Jorge Mojica se le impuso contra su voluntad, como candidato y luego como presidente municipal. Eran relaciones protocolarias y de respeto obligado y a veces simulado. De los dientes para fuera. A tal grado, que Don Antonio Ramírez líder de la CTM y papá de Pepe, le metió presión a Mojica para que renunciara como alcalde de manera definitiva para que entrara su sobrino Patricio Ramírez, su suplente. No el primer regidor.
Con Maximiliano Silerio Esparza como gobernador, fueron relaciones institucionales pero con tirantez y permanentes demandas sociales las que tuvo con los alcaldes Gonzalo Yáñez y Marcos Cruz, provenientes de un partido opositor, el PT, que vivía los años de gloria merced a CSG. El punto álgido era cuando lo amenazaban que iban a invadir su rancho. Max como buen zorro de la política los sobrellevó.
Ángel Sergio Guerrero Mier, erudito hombre de leyes, fue muy respetuoso con el protagonismo de Ismael, quién a sus espaldas, vendió su maquillada y costosa popularidad con Francisco Labastida, para ser candidato a Senador. Ismael traía desatada una frenética campaña de y para todo, salía más que ASGM en las primeras planas de los periódicos. Y luego le jugó otra traición, cuándo Guerrero Mier apostaba por Beatriz Paredes a presidenta del PRI, Ismael se la jugó con Roberto Madrazo. Pensando en el 2004.
Con el segundo alcalde de SGM, Pepe Aispuro, era recíproco ese respeto, el entonces edil, supo darle la imagen de independencia sin socavar la institucionalidad del gobernador. Equilibró muy bien su espacio ante la opinión pública, era una hormiguita, pero se cuidaba de administrarse mediáticamente, “no quería pisar callos”. También quiso ser senador entonces, pero fue muy sensato en no sobrepasarse o brincar trancas. Sin haber sido de la gente de Guerrero Mier, se lo ganó.
Con Ismael no se diga, total coordinación, subordinación y lo que le sigue, con Jorge Herrera Delgado y Jorge Herrera Caldera, él se dio el lujo de escoger a los alcaldes más cómodos, a los que consideraba como sus empleados. Sumisión y acato fue el estilo de los alcaldes ismaelistas. Más, porque Ismael, al fin gobernador sin jefe político nacional (El presidente era del PAN Vicente Fox) manejó a sus anchas su sucesión y se asentó
Pero llegaron los nuevos tiempos que trajeron dos personajes, José Aispuro Torres y José Ramón Enríquez Herrera, que son dos políticos maduros, con distintos estilos eso sí, que inician una nueva era de la política en Durango, ambos fueron factores reales que hicieron la suma para hacer posible protagonizar la alternancia política.
Respeto institucional y soberanía municipal, es el actual ejercicio político de estas dos instituciones gubernamentales. Aispuro tiene la seguridad en sí mismo y la cultura de respeto, que no sólo lo tolera sino lo auspicia en distintos ámbitos de su gobernanza, él lo ha dicho, “ya llegué a gobernador, no tengo más aspiración política”.
Y José Ramón bien sabe su momento político que está viviendo, tiene el mapa electoral por delante y está empeñado en ser un gran presidente municipal para ganarse a pulso la reelección o la senaduría de la República. Obvio que va a optar por la reelección. Tres años más de posicionamiento y ahora menos la suelta como presidente de la CONAMM.
Hay que recordar que la gubernatura se ganó con veinticinco mil votos, que, para refrendar la ventaja, se necesitan votos de priístas y del interior del estado que ganó Aispuro. No debe tampoco distanciarse de Aispuro. Guardando las proporciones, no se nos olvida la criminal intentona del desafuero de AMLO ejecutada por Vicente Fox, diametral e inteligentemente tan diferentes, pero lograron acuerdos.
Pepe Aispuro y José Ramón, son dos entes políticos muy inteligentes, muy sufridos en la brega de la política que los hizo aliados en dos ocasiones, por eso se respetan los espacios y sus respectivas agendas. Son tiempos en que, como en la Ciudad de México, Enrique Peña Nieto y Miguel Ángel Mancera cohabitan con modernismo e inteligencia esta nueva dinámica NO PASA NADA.