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El Populismo en México


El adjetivo de populismo, también se ha aplicado en términos religiosos como se califica a la Teoría de la Liberación o a la Teología del pueblo como una dicotomía de anti elitismo. El populismo es una tendencia en distintos ámbitos de la vida, como en el arte. La música de viejas épocas estuvo impregnada de un melodismo directo llamada música popular o populachera, porque facilitaba el acceso del oyente desde la primera audición.
Una parte de los estudios latinoamericanos sobre la palabra “populista” cuestiona la ligereza de su uso universalizador cuando se aplica sin hacer un puntual estudio, con rigor, de las circunstancias particulares en cada caso.
El término populismo pues, se emplea en el ámbito de la política cuando se identifica como tendencia y discurso político en el que se la da prioridad el declararse en defensa de los intereses y aspiraciones del pueblo. Pero el populismo nace como consecuencia de un humor social contrario a los gobiernos prevalecientes y a una atmósfera generalizada de insatisfacciones.
Ése es el caldo de cultivo que genera la aparición del populismo, que aparece encarnado en líderes sociales, con carisma y discurso que se plantean con un lenguaje reivindicatorio, de no haber una sociedad irritada e inconforme con el Statu quo o stableshmen de la corrupción, la impunidad, la inseguridad, la crisis económica, no existiría el populismo.
El presidente Cárdenas adoptó un modelo populista de gobierno con la construcción del corporativismo y un partido de masas, redención de grandes temas como el alfabetismo, la educación rural, reparto de la tierra, educación politécnica y apoyo a las posiciones obreristas, lo que lo hizo un presidente popular. Todo, sin ser un gran arengador o mesiánico, era de pocas palabras y pocos discursos, carente de elocuencia pero de hechos elocuentes. Por algo le llamaban la “La esfinge de Jiquilpan”.
El presidente Echeverría era tanta su obsesión en ser popular que rayó en populista. Quiso concentrar tanto el poder en su persona, que llegó a declarar que la política económica se dictaba desde Los Pinos, no en la SHCP o en el Banco de México. Echó andar la maquinita de hacer billetes que desfasó el gasto público que provocó una de las más grandes inflaciones.
Financió hasta partidos políticos como satélites del PRI, como el PFCRCN de Aguilar Talamantes y Chucho Ortega y el PST de Graco Ramírez y otros vivales, para que se acuerparan en ellos fuerzas supuestamente de “izquierda”, los últimos dos personajes por cierto, que hoy desprestigian tanto al PRD.
El presidente José López Portillo, él sí un culto orador que cautivaba a las masas, pero lo hacía más por culto a la personalidad y galanería, junto con LEA le dieron un uso populista a los recursos públicos para fortalecer la institución presidencial, pero un poder que terminaba exactamente y sin excepciones cada seis años.
En nuestros días tenemos el ejemplo de los populistas de derecha como Donald Trump en los Estados Unidos, con su política nacionalista y sus afanes de amurallar a su país según él, proteccionista de los verdaderos norteamericanos, también tenemos a Marine Le Pan en Francia y a Mauricio Macri en Argentina.
Pero tuvimos en la izquierda democrática latinoamericana que resultaron buenos, no solo a Lula, también a Lagos y Bachelet, Humala, Mújica y Rossef, que demostraron con creces que la fórmula triunfadora no es el nacionalismo revolucionario o el estatismo, sino la modernización económica y las reformas estructurales, no entreguistas, que lleven al crecimiento programas sociales efectivos para atender a vasta población necesitada y apego al orden legal como a los consensos sociales.
En México, hace casi veinte años, en los desertores del poder en manos del PRI y poco antes que se produjera la alternancia con Vicente Fox y el PAN, asomaba a la palestra nacional un líder social, Andrés Manuel López Obrador, liderando a los campesinos de la Chontalpa a los que PEMEX los había despojado de sus tierras para la perforación de pozos y no los habían indemnizado. Un año después ganó esa lucha y fueron liquidados a satisfacción.
Pero AMLO ya había escalado su liderazgo en toda la entidad y se había alzado con la victoria en pos de la gubernatura del estado de Tabasco, a la que se le había negado ocupar por los grupos de poder más rudos, encabezados por Roberto Madrazo Pintado, que a la brava se apoderó de la silla.
Pero se dice, legítimamente había ganado AMLO. Encabezando marchas con miles de tabasqueños y asentándose en el Zócalo de la Ciudad de México, desde donde documentó que Madrazo había gastado más millones de dólares en Tabasco, que, entonces, Wiliam Clinton en su campaña presidencial de los Estados Unidos.
Desde la Jefatura de Gobierno del entonces DF, AMLO implementó un ramillete de programas sociales y apoyos a los adultos mayores y a las madres solteras, entre otros, con los que buscaba un vínculo más directo con sus gobernados, por el que se ganó el mote de populista, creció tanto su popularidad, que pronto se colocó como un aspirante natural a la presidencia de México, por lo que el presidente Vicente Fox utilizó las instituciones de gobierno en un vano intento por desaforarlo, so pretexto que había abierto una calle para acceso a un hospital sobre un terreno en litigio a fin de descarrilarlo en su carrera a la candidatura presidencial.
Había nacido entonces, un nuevo líder “populista” en México, que despertó escozor en los sectores más conservadores del país, con el predominio de planteamientos emocionales y programas sociales que lo identificaban en la defensa de los más débiles. Así surgió a la contienda electoral por la presidencia de México, con su slogan “Primero los pobres”. Personaje que, supuestamente, ha ido moderando su radicalismo y ha tendido un puente “amoroso” a las clases medias y empresariales.
En las próximas entregas iremos analizando a este personaje, con su “populismo” ya moderado, que, por tercera ocasión contiende por la Presidencia de la República, como parte de un estudio sobre el populismo en la historia de México.

Continuará…