Opaco el ejercicio del presupuesto público


La Auditoría Superior de la Federación (ASF) informó en días pasados que hay millones de pesos usados por la presidencia de los cuales no se tiene información suficiente para determinar en qué se gastaron; dice también que no hay forma de medir los resultados del programa PROSPERA y respecto a Durango la ASF señala haber detectado “ineficiencia de gestión y falta de transparencia”. Esto es una nueva muestra de que hay millones de pesos del erario que son gastados sin trasparencia, sin redición de cuentas, sin un enfoque a resultados.
Lo han dicho una y otra vez los politólogos, los economistas, los administradores y sobre todo los organismos públicos y privados dedicados a la evaluación de programas y políticas públicas: existe un grave problema de opacidad en el ejercicio de los recursos públicos en México. Ante esto, los avances han sido pocos tal como se demuestra en este reciente informe de la ASF. Los servidores públicos involucrados prefieren, de forma muy conveniente, no hacer lo propio para promover la cultura de la trasparencia y una administración pública enfocada a los resultados. Se trata de un problema viejo que se acompaña de la corrupción y la omisión para hacer y deshacer con el dinero de los mexicanos y en muchas ocasiones despilfarrarlo.
¿Por qué continuar con programas que no pueden ser evaluados? o ¿Por qué continuar con programas que al ser evaluados se evidencia el poco o nulo cumplimiento de sus objetivos? En un país que suele utilizar los programas y las políticas públicas con fines políticos (especialmente para la manipulación del voto); en un país donde la corrupción saquea los presupuestos públicos ¿Por qué no se ha atendido suficientemente el aspecto de la transparencia, la redición de cuentas y el enfoque a resultados?
Según algunos, la discrecionalidad en el ejercicio de los presupuestos públicos es, en cierta medida, positiva para facilitar que las agencias gubernamentales logren sus objetivos. Sin embargo, en México la discrecionalidad es abismal y los resultados de los programas públicos son con frecuencia imposibles de evaluar (si es que se evalúan).
Mientras nadie sapa en qué ni por qué se gasta el dinero de los mexicanos, se seguirá hablando de la necesidad de mejorar el marco legal de transparencia y rendición de cuentas; de llevar ante la justicia a quienes han hecho mal uso de los recursos públicos y de promover un enfoque a resultados en la administración pública a escala federal, estatal y municipal.
Finalmente, se trata de gastar mejor, de administrar mejor, de ofrecer resultados y de no darle entrada a la corrupción. Se trata del dinero de todas y todos.