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#Opinión Comenzaron los cambios en el Gobierno federal y dieron paso las

Ahora bien, ya despachando en el Palacio de Zambrano, la primera tarea encomendada a Rodríguez Solórzano fue la de restituir el Congreso del Estado, dada la desaparición de poderes decretada por el Congreso de la Unión, por lo que convocó a elecciones extraordinarias. Para contender por el Distrito II invitó a Sergio González Santacruz, que había participado en el movimiento como miembro del Consejo de Gobierno Estudiantil, en sus postrimerías.

Fungía en ese entonces como líder de los trabajadores del Sindicato del Seguro Social en Durango. Era un estudiante adulto, con más edad que los universitarios y técnicos promedio.

Colaboraron en el gobierno de Ángel Rodríguez Solórzano, como secretario General, el Licenciado Rafael Favela Álvarez; como Procurador de Justicia, el Lic. Manuel Mendívil, y como Subprocurador el Lic. Samuel Guillen; como Tesorero General de Gobierno, el Lic. Roberto Rodríguez Solórzano; como secretario particular el Lic. Francisco González Reyes y como secretarios privados, J. Antonio Tirado del Pozo y Enrique Gorjón.

Así mismo, como Oficial Mayor fungió el Lic. Ángel Sergio Guerrero Mier, quien de ahí fue promovido a la dirigencia de la CNOP, siendo suplido en la Oficialía por el abogado José Peña Vicario. Al fallecer el Lic. Roberto Rodríguez Solórzano, fue substituido por el Lic. Ricardo Alvarado Ortiz, quien se desempeñaba como Director General de Tránsito. Al frente de la Dirección de Planeación y Promoción Económica fue nombrado el arquitecto Fernando Núñez Gracia, quien fue el primer director de ese organismo.

Y Dupré también calló…

En un necesario contexto de aquella coyuntura, hacemos un breve paréntesis reconstruyendo la micro historia de aquellos días.

El gobernador Enrique Dupré nunca abrió la boca en su vida para defenderse de tal linchamiento político, ni media palabra salió de sus labios sobre ese tema. Calló boca, “se llevó el secreto a la tumba”, “Aguantó vara…Como machito”. Ya sabía a lo que se atenía si hubiera contrariado ese letal golpe que con felonía le asestaron “desde arriba”. Eran otros tiempos, intimidantes por el poder omnipotente y muy peligroso.

Curiosa que es la vida, lo que en seguida cito, es porque transcurrían simultánea y fluidamente los días con toda tranquilidad, la actividad ordinaria en la ciudad de Durango, había recobrado totalmente la calma y la normalidad, cada quien en lo suyo y los maestros dando clases y los alumnos en las escuelas, la vida de ciento veinte mil duranguenses a esas horas. Sin el menor sobresalto. Muy lejos estábamos de imaginarnos los duranguenses la sorpresota que nos deparaba.

Por citar un ejemplo, el autor de este libro, ese mismo día -de la caída de Dupré- por la mañana, formaba parte de una comisión representativa del Movimiento estudiantil del Cerro de Mercado, que fuimos convocados a la Ciudad de México y recibidos en el imponente Palacio Nacional por el adusto Presidente de voz metálica Gustavo Díaz Ordaz.

La cita oficial era alrededor del mediodía, entre las doce y una de la tarde de los primeros días del mes de Agosto de ese año. Cincuenta estudiantes del Comité de Huelga Universitario y el Consejo de Gobierno Estudiantil, previamente nos habían hospedado en varios hoteles, El Palace y El Sevilla, y creo que en otro, en el hermoso Centro Histórico.

Los gastos corrían por parte de la Secretaría de Patrimonio Nacional del Gobierno Federal, como se han de imaginar, a cuyo frente estaba el Gral. Alfonso Corona del Rosal. Y no recuerdo quiénes de los muchachos mayo¬res que el que esto escribe, repartieron un pequeño sobre amarillo enviado —supuestamente—por el sub secretario Rodolfo González Guevara, con un viejo billete de color cafecito de cien pesos a cada uno, para sus viáticos y esa cantidad alcanzaba también para comprar recuerdos a la familia. Inocentemente levantábamos la mano para alcanzar. No a todos, aclaro. Otros ni se enteraron.

En eso estábamos, impresionados por estar unos a centímetros y otros a pocos metros, ¡con el Presidente de la República! Hasta me llegó a parecer en mi candidez, simpático y bien parecido de tez blanca y unas bonitas pequitas que le adornaban y unos frondosos labios que lo caracterizaban, cuando …

Continuará…

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