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Paéz Urquidi le ganó la gubernatura a Agustín Ruiz

Entraron también a la recta del jalón final, tres duranguenses radicados en la ciudad de Durango, lanzándose a la palestra Jesús Gutiérrez Valles, Gilberto Rosas Simbeck y Braulio Meraz Nevárez, con escasas posibilidades, pero creyendo en la democracia interna del Revolucionario Institucional. Dos empresarios y un político, con sus seguidores, adeptos y activistas propios, haciendo proselitismo y enviando centenares de telegramas a Palacio Nacional, a Bucareli 89 y a Insurgentes Norte 59; oficinas sedes, respectivamente, del Presidente de México, del secretario de Gobernación y del presidente del partido.
Don Jesús Gutiérrez Valles, apoyado por distinguidos miembros de la iniciativa privada, quienes se entrevistaron en las oficinas del PRI con Florencio Barrera Fuentes, encabezados por Eduardo León de la Peña Lares, Manuel Antuna López, director de la Escuela de Comercio de la UJED, quien después tuvo que enfrentar una reacción crítica intramuros, por su definición política; también estaban Alfredo López Yáñez, presidente de la Asociación de Charros Valle de Guadiana; doctor Eduardo Rodríguez Prampolini, Francisco Duran Alba, Salvador Zúñiga Garay por el club de Leones; Rafael González Reyes, del club de Caza y Tiro, y Luis Narro, del club Sembradores de Amistad, entre otros.
Don Gilberto Rosas Simbeck, apareció en el escenario con un desplegado suscrito por el Lic. Máximo N. Gámiz Parral, Manuel Payró Carreño, presidente del ITD, el diputado federal Antonio Ramírez Martínez y el presidente municipal de Tepehuanes, Miguel Ángel Fragoso Álvarez, con un centenar de comisariados ejidales.
Don Braulio Meraz Nevárez se suma en los últimos días a la lucha en pos de ese honroso cargo, con sus simpatizantes más visibles, encabezados por José Refugio “Tubo” Vargas, algunos ex presidentes municipales y miembros de la vieja guardia política, al igual que líderes universitarios, como Luis Sergio Soto, entre otros; había sido contemporáneo como diputado de Martínez Domínguez, pero sobre todo, estaba fresco que había formado parte de la terna para la gubernatura provisional de 1966.
Se mencionó desde luego, en un lugar preponderante, al brillante y joven diputado federal Agustín Ruiz Soto, secretario de Organización del Comité Nacional de la CNOP, dirigida por el Dr. Renaldo Guzmán Orozco, cuyas oficinas se localizaban en el cuarto piso del edificio de Lucerna, en el DF., Ruiz Soto, poseedor de todo un historial político, era entonces la figura más fulgurante del momento y fue en esa ocasión cuando realmente estuvo en un ápice, de llegar a ocupar el sillón principal del Palacio de Zambrano, pues redimensionó su capital político con el arribo de Alfonso Martínez Domínguez a la presidencia nacional del PRI, toda vez que habían sido también compañeros de Cámara y de la Gran Comisión. La florida oratoria de Agustín Ruiz siempre me cautivó en lo personal, creo que fue el último finalista en esa carrera por la primera magistratura; fue el gran perdedor.
Fue el 29 de marzo de ese ocaso de la década de los 60’s, cuando llegó la esperada visita del líder nacional priista Martínez Domínguez a Durango; como habrán de imaginarse, provocó que se desbordara la pasión política y en tumultuosas comisiones abarrotaron materialmente el edificio que albergaban las oficinas del PRI local, en la calle Madero 619 sur y sus exteriores. Los ya citados precandidatos fueron todos propuestos por sus respectivos seguidores. Sólo un incidente recuerdo que se suscitó a la hora de la propuesta del empresario Gilberto Rosas, pues algunos acompañantes se retractaron, que no se habían prestado a intereses políticos personales, sino a un anhelo común de democracia interna del partido.
En ese desfile de grupos ciudadanos, a todos propusieron, incluso a Rafael Hernández Piedra, al Lic. Abdón Alanís, al Dr. Carlos Seade, a Salvador Gámiz Fernández, al General José de Jesús Clark Flores, director de la Confederación Deportiva Mexicana, y ya mencionaban al Dr. Héctor Mayagoitia. Pero nadie propuso al senador Cristóbal Guzmán Cárdenas a petición de él mismo, pues supuestamente lo acababan de nombrar embajador en Hawái; al lng. Alejandro Páez Urquidi, quien hacía días que se había empezado a filtrar su nombre en los medios, sólo lo propuso el lng. Ricardo Thompson, pero nadie, o casi nadie, de la clase política local lo conocían en persona.
La asamblea priista a la que convocó Don Alfonso, se celebró en una acalorada noche en el Cine Alameda, y tengo presente, por cierto, estaba sentado en una de sus butacas el ex-gobernador Maximiliano Silerio, líder municipal del PRI, a un lado del culto escritor Héctor Palencia. Ahí se escucharon porras a Agustín Ruiz Soto y a W. Sánchez, y también se repartió propaganda a favor de Gámiz Fernández (en ese tiempo director de una clínica del ISSSTE, allá en la Ciudad de México).
La comida que se le ofreció al líder partidista tuvo lugar en el Centro Social Coca-Cola y fue ofrecida por el entonces dirigente estatal del sector popular, Ángel Sergio Guerrero Mier, quien, mire usted la coincidencia, en 1998 fue aspirante, entre otros también, a ser candidato a gobernador, 30 años después.
Esa era la atmósfera política que campeaba, cuyos encendidos momentos tuvo un breve paréntesis por cierto: vivía sus últimos momentos la duranguense Fanny Anitúa, gloria nacional, quien falleció en el DF., en plena Semana Santa, pocos días antes del “destape”.
Casualmente, el día 19 de abril, desde la ciudad de Gómez Palacio, los obreros, a través del legislador federal Chuy Ibarra, “destaparon” al vencedor en esta contienda interna; nos encontrábamos José Luis “Pili” Rosas, José Luis López Atienzo y el que esto relata, en las oficinas de Ruiz Soto -en la grilla pues-, quien al recibirnos lo hizo con el periódico en sus manos, en donde a ocho columnas, destacaban el lanzamiento de Alejandro Páez Urquidi para gobernador de Durango.
Nos sorprendimos porque, ninguno de los presentes lo conocíamos y sólo tenía pocos días que se había infiltrado su nombre en los medios, como uno de los precandidatos, pero nadie le había concedido posibilidades, salvo, claro, el “gran elector”, el “primer priista” Gustavo Díaz Ordaz. Así que, nos regresamos desconsolados al hotel donde nos hospedábamos. La pregunta que flotaba en los duranguenses fue de que entonces para qué hicieron “su auscultación”, pues sólo fue “atole con el dedo”.

Continuará…

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