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Partidos ya trabajan en la cartografía de la pobreza

A ocho días de que concluyan las campañas electorales, en donde se habrán de renovar más de tres mil puestos de elección popular, los cuartos de guerra de todos los partidos en contienda, han tomado como documento básico de sus estrategias de movilización para el Día “D”, la cartografía de la pobreza en el país, incluyendo Durango.
Y es que, el voto llamado duro, regularmente se encuentra en estos territorios, los tradicionalmente golpeados por la pobreza y pobreza extrema, aquí, desde hace varias semanas se practica la llamada política clientelar; la venta del voto ya sea por dinero en efectivo, material de construcción, despensas u otro tipo de dádivas.
De acuerdo con la clasificación socioeconómica del Instituto Nacional Electoral (INE), de los 300 distritos, existen 59 catalogados con los más bajos niveles de desarrollo, donde predomina, con excepciones, participación en los comicios por arriba de la media.
Conforme a las tendencias electorales de los pasados tres comicios federales –2009, 2012 y 2015–, los resultados revelan otra constante: la hegemonía priista en zonas de alta marginación. Si en 2009 el tricolor –solo o en coalición– controló 72 por ciento de esos distritos, para 2012 esa proporción se elevó a 74 por ciento, y en la más reciente votación (2015) alcanzó 79 por ciento.
En el más reciente estudio sobre participación realizado por el INE, si bien no se alude expresamente a la compra y coacción del voto como aliciente para incrementar la asistencia a las urnas, se contempla la posibilidad de que la alta participación en zonas marginadas pudiera estar asociada a una movilización partidaria inducida, aunque no se descartan prácticas de clientelismo que se reproducirían en zonas rurales y urbanas.
La distribución geográfica de los distritos electorales con una alta marginación se encuentra en entidades como Chiapas, con 11 de sus 12 distritos, entre los cuales están los ubicados por el INE en los sitios 297, 299 y 300, es decir, los de más acentuada pobreza; Oaxaca, con siete de 11; Guerrero, con cuatro de nueve; Puebla, con 11 de 16; Michoacán, con siete de 12; Veracruz, con nueve de 21, y el Estado de México, con cinco de los 40 distritos en esta condición.
Recurrentemente cuestionadas en las pasadas tres elecciones, han sido la compra y coacción del voto y la manipulación electoral de programas sociales. Más allá de su existencia, hay variables que sugieren esta operación: a lo largo de estos comicios, considerando que los presidenciales suelen incrementar sustancialmente la participación electoral, en la gran mayoría de estos distritos la asistencia a las urnas ha sido por arriba del promedio.
Bajo el gobierno priista de Javier Duarte, el comportamiento de la participación ciudadana en Veracruz fue de 67 por ciento en 2012 –cuando el promedio nacional era de 63 por ciento–; en siete de los nueve distritos de más alta marginación se reportaron porcentajes arriba de ese promedio y en tres de ellos más allá de 71 por ciento. En 2015 se repitió la constante: con promedio nacional de 47 por ciento y en la entidad de 44 por ciento, en siete de los nueve distritos se superó, alcanzando 62 por ciento en la localidad de Tantoyuca.
A pesar de que el voto rural es más complicado por la distancia entre casillas, en Chiapas, por ejemplo, la participación en 10 de los 11 distritos de alta marginación fue por arriba de los promedios nacional y estatal, contexto en el cual se ha preservado la hegemonía del PRI y el PVEM.
El resultado: el tricolor ganó en 2012 en ocho de los nueve distritos, y en 2015 en siete de los nueve.
Único municipio considerado de alta marginación en San Luis Potosí, el siete, con cabecera en Tamazunchale reportó también afluencia atípica: en 2012, con una media nacional de 63.1 y estatal de 63.5, alcanzó 71.5 por ciento, y en 2015, con media nacional de 47 y estatal de 55, alcanzó 67.8, con triunfos priístas en ambos casos.
Oaxaca, Guerrero, Puebla y Michoacán han sido entidades que han registrado alternancia en la gubernatura, que ha permitido una ruptura parcial de la hegemonía priista en estos distritos marginados.
En Oaxaca, si en 2009 el Revolucionario Institucional obtuvo el triunfo en los siete distritos electorales –bajo el gobierno de Ulises Ruiz–, en 2012, con el gobierno de coalición opositora de Gabino Cué, el tricolor los perdió, para recuperarlos en su totalidad en 2015. Los vaivenes en esta entidad se asocian también a que la participación electoral en ellos no refleja una diferencia acentuada respecto del comportamiento en la entidad.
Puebla es la entidad con mayor número de distritos con alta marginación –11 de 16–, y bajo el gobierno del PAN la distribución de triunfos en zonas de pobreza se ha dividido entre el blanquiazul y el tricolor, destacando que en los distritos ganados por este último se registran los mas altos niveles de participación. Si en 2015 la media estatal fue de 41.4 por ciento, en distritos ganados por el PRI se alcanzaron hasta 54 por ciento.
En Guerrero, en 2015, con elecciones concurrentes de gobernador que dispararon la participación arriba de la media nacional, con 60 por ciento, en los cuatro distritos de alta marginación ganados por el PRI se alcanzaron hasta 68 por ciento, 21 puntos más que la media nacional en ese año, e incluso 65 por ciento en Chilapa, considerado desde entonces crítico por la violencia.
En la ciudad de Durango existen 11 polígonos de pobreza integrados por las siguientes colonias y sus alrededores: El Ciprés, Isabel Almanza, Constitución, Ampliación PRI, Octavio Paz, San Carlos, Valle del Guadiana, Justicia Social, Morelos del Sur, Benigno Montoya, Luz y Esperanza, Ampliación PRI, Lázaro Cárdenas y San Isidro.

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