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Pero qué necesidad hay

Muchos ciudadanos estamos sorprendidos por la decisión del presidente Peña Nieto de lanzar una serie de promocionales en medios electrónicos, para,  en el marco de su último informe de gobierno, hacer un recuento de los seis años de su gestión.

La sorpresa es porque el presidente registra niveles de aceptación bajísimos, lo que quiere decir que no es rechazo social solo a su persona, sino a las acciones de su gobierno. Los mexicanos no sentimos que nos  beneficiaron, sino todo lo contrario. El recuento sexenal es  pésima decisión; reflejo de lo que hicieron con la imagen presidencial, la destrozaron.

Hay pocos cambios interpretativos en el discurso del presidente, es la misma narrativa que los mexicanos han rechazado y que contribuyeron a la derrota electoral del PRI y que este partido arrastre una marca absolutamente deteriorada.

Después del primero de julio, la marca PRI se ve como algo obsoleto, más como símbolo de deterioro que como alternativa, es la marca del fracaso.  El presidente y su equipo no están libres de culpa de ello.

Sería absurdo pensar que repitiendo el discurso, su misma visión, sus mismas cifras, su misma fantasía con la que durante seis años no pudo convencer con todo el aparato de estado, a solo unos meses de que deje el poder lo vayan a aplaudir y a hacerle un reconocimiento social.

Los asesores de imagen lo vuelven a enviar al despeñadero, lo más lamentable es que el presidente va gustoso y él mismo se pone la venda en los ojos. En este momento no solo comunicadores de México, sino de otros países le han pegado feo  a partir de la flamante idea de salir en medios,  como sucedió este martes en el periódico español El País, que tiene influencia a nivel continental y europeo.

Es claro que Peña Nieto no ha podido con la presencia mediática del presidente electo Andrés Manuel López Obrador. Hasta antes de su promoción personal, se había mantenido alejado de las luminarias dejando el espacio al próximo presidente constitucional. Si bien muchos lo manejaron como un desplazamiento  –que algo hay de cierto- el presidente Peña no se arriesgó a ponerse de tiro al blanco. Vino el desacierto, ahí se le descompuso el juego, quiso revirar sin cartas, y se le está cayendo aún más el tinglado.

El presidente aborda temas que fueron elementos fuertes para que bajara su aceptación, como la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa y la creciente inseguridad y violencia en  este sexenio. Desde nuestro punto de vista el primer tema al que le pudo dar un giro asumiendo responsabilidades y quizá con humildad y de manera diplomática de acuerdo a su investidura pedir perdón a los padres de los jóvenes, algunos casi niños, el presidente decidió  sostener  su verdad  histórica hablando medias verdades.

En cuanto a la seguridad, el presidente lo aceptó, reconoció los alarmantes índices de violencia, de inseguridad, con ello, implícitamente los feminicidios. Nos parece que esto deja sellado el fracaso de una administración fallida.

Cuando un gobierno no da seguridad a sus gobernantes, lo demás es  fachada de un fracaso. Los asesores sacaron al presidente a los medios, la sociedad reitera su falta de credibilidad en sus palabras y condena la enorme cantidad de recursos que se aplican, como dijera mi abuelita, “pero qué necesidad hay”. O no.

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