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El PRI en Durango, “el dedo”…


Todos los partidos están en la siesta, unos más que otros. El PAN quiere mover su maquinaria pero no acaba de entender su propósito está inmerso en esa inmovilidad que se les impone a todos los partidos desde el centro, donde se ejerce el verdadero poder en cada partido. Eso se refleja en la pasmosa pasividad con que avanzan los trabajos legislativos, habrá que estudiar cómo sacar del olvido al Congreso local, si recordamos, fueron los gobernadores priistas los que por años doblegaron a las legislaturas en turno imponiéndoles su propia agenda política y consecuentemente la agenda legislativa a “modo” que las leyes no afectaran los intereses creados.
A reserva de que sea posible demostrar, así sea parcialmente, otra cosa, todo parece indicar que los aberrantes excesos a que llegaron los gobernadores, principalmente los priistas, en materia de corrupción -a niveles de escándalo-, atropello a los derechos humanos e impunidad, fue con la alternancia a partir del año 2001.
Era bien conocido el respeto, el temor reverencial y en algunos hasta el pánico que los gobernadores tenían a la figura del presidente en turno. ¡Ay de aquel que diera el menor indicio de salirse del huacal! Era hombre muerto. O cuando menos hombre al agua, pues le esperaba el ahogamiento o el naufragio. Y de eso no tenían la menor duda.
Las cosas cambiaron radicalmente a partir del año 2001. Pronto se dieron cuenta los gobernadores –y de ello se aprovecharon– de que los presidentes panistas no tenían la menor intención de seguir el modelo presidencial priista. No porque lo desconocieran sino porque era contrario a sus convicciones personales y al tradicional posicionamiento panista sobre el tema. Se tuvo la confianza de que el auténtico federalismo, por mero voluntarismo, se daría en automático. Y aquí estuvo el gran error.
Los priistas siguen anhelando quién les “ordene” y no se adaptan como oposición, que tengan mayoría en el Congreso eso no los faculta a desaprobar toda iniciativa que provenga de sus contrarios, tampoco del Gobierno del Cambio, mientras hagan valer su mayoría para aplastar las iniciativas de los de enfrente, cada día irán perdiendo presencia social, se olvidan que representan a un sector de los duranguenses que confiaron en ellos y ahora les dan la espalda.
Las cosas cambiaron radicalmente a partir del año 2001. Pronto se dieron cuenta los gobernadores –y de ello se aprovecharon– de que los presidentes panistas no tenían la menor intención de seguir el modelo presidencial priista. No porque lo desconocieran sino porque era contrario a sus convicciones personales y al tradicional posicionamiento panista sobre el tema. Se tuvo la confianza de que el auténtico federalismo, por mero voluntarismo, se daría en automático. Y aquí estuvo el gran error.
No cobró vigencia el federalismo, por lo demás supuestamente una realidad en el país a lo largo de casi dos siglos. Pero sí esa grotesca institución que con acierto se ha dado en llamar ‘feuderalismo’. Es decir, la existencia de gobernadores de horca y cuchillo, auténticos sátrapas, totalmente liberados del férreo control metaconstitucional que el presidente de la República ejercía sobre ellos. Hicieron cuanto quisieron, sin límites ni control alguno. Y aquí estuvo la verdadera falla.
El error principal consistió en suponer que funcionarían con toda oportunidad y corrección los mecanismos de control previstos por el orden constitucional para el ámbito estatal. Principalmente las funciones de esta naturaleza a cargo de las legislaturas locales. Como es bien sabido, y desde el mismo año 2001 así se debió haber supuesto, ello no ocurrió ni remotamente. Porque estos órganos, hasta donde se sabe, históricamente jamás han operado en México. De hecho ni siquiera tienen historia.
Eso en cuanto al Congreso, pero en la central estatal del PRI, continúan en espera del “dedo”, la decisión vertical autoritaria y nada democrática que emplea ese partido para designar a aspirantes de puestos de elección popular y consecuentemente “inducir” en quien recaerá la presidencia del CDE del PRI en Durango.
Pero hay algo que se mueve y resulta que el más exitoso producto de exportación “El Dedo” de este partido, hoy parece que para algunos será su peor enemigo. Y es quienes deben todo al “dedo”, carreras, puestos y fortuna, no sólo reniegan de él, sino que lo quieren muerto y hasta invitan a sus funerales, como apuntan los “rebeldes” a la próxima Asamblea Nacional priista en la que se pretende destrabar, quitar candados para otros ciudadanos no priistas, puedan acceder a ser nominados candidatos presidenciales y el problema se agravará si el Tribunal Federal Electoral determina que la elección de Coahuila para elegir gobernador no fue válida por el rebase del tope de campaña y debe convocarse a nuevas elecciones.

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