Loading

El Proceso… y las peores policías

“Alguien debió de haber calumniado a miles de duranguenses, porque, sin haber hecho nada malo, fueron consignados una mañana, una tarde o una noche y sin el menor rubor las fuerzas que se supone deberían de protegerlos, terminaron por pisotear sus derechos humanos”. Como se habrán percatado, esta es una analogía un tanto rústica, de como empieza una de las obras maestras de Franz Kafka titulada “El Proceso”.
En la celebré historia de éste extraordinario escritor, un hombre de mote Josef K. es acusado de una falta pero desconoce de cuál, por lo que invariablemente se esfuerza en defenderse, sin saber a ciencia cierta de quién, ni por qué, lo que hace realmente desesperante su condición.
Al igual que Josef muchos duranguenses hemos padecido la impotencia de tratar con la incapacidad y prepotencia de algunos de los agentes policiacos, quienes escudados bajo una placa, cometen excesos de brutalidad que estriban en lo patológico de su personalidad.
No es de sorprender entonces, como es que la policía estatal y los agentes de tránsito se encuentran entre las instituciones que generan menor confianza a los ciudadanos con un raquítico 5.3 (sobre 10), de acuerdo a una encuesta realizada por el grupo Mitofsky apenas el años pasado y que lleva por título, México: Confianza en Instituciones 2015.
Y es que a pesar de que desde el 2009, a través de la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública, todos los policías del país están obligados al servicio profesional de carrera policial con el objetivo de avanzar en la profesionalización de los cuerpos policiacos; la certificación integral y el régimen disciplinario. La realidad es que hoy a siete años de esta disposición, no hay ninguna Policía Estatal en el país que cumpla al 100 por ciento con los procesos relacionados con el desarrollo policial obligados por ley desde el 2009.
Los cuerpos policiacos en efecto, siguen padeciendo de una burocracia muy necia y desconsiderada que no tiene en cuenta a las personas y ni un interés fidedigno en ayudar, sino en someter y sobajar a cuantos ciudadanos lo permitan.
Sus carencias fueron demostradas, al observar como la mitad de los altos mandos policiacos reprobaron los exámenes de control de confianza aplicados por el gobierno federal y que estos se concentran en siete entidades, entre ellas Durango.
Así 42 mil 214 policías federales, estatales y municipales no aprobaron exámenes de control de confianza y aún siguen activos en sus corporaciones, contraviniendo las disposiciones del capítulo sexto de la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que señala que toda aquella persona que desempeñe algún cargo de servidor público, deberá aprobar exámenes de control y confianza con el objetivo de verificar que cuenta con conocimientos, el perfil, las habilidades y las aptitudes necesarias para el desempeño de su cargo.
Con estas cifras se demuestra la poca preparación que ostentan los cuerpos policiacos para efectuar procesos de consignación apegados a los derechos humanos, pues como en la novela kafkiana, no se ofrecen garantías de defensa al ciudadano, es decir, no se le permite defenderse y en ocasiones ni siquiera se le ofrece saber de que se le acusa.
Al igual que Josef, el duranguense de a pie, termina asumiendo la culpa del delito que supuestamente ha cometido, y es que no le queda otro remedio, está tan presionado por la justicia que termina creyendo que es culpable de los cargos y que merecía ser maltratado como lo fue por las “autoridades”. Cargando al final con ese sentimiento de culpa que llega cuando se da cuenta de que pudo haber hecho algo más por arreglar su proceso y no lo hizo, simplemente agacho la cabeza y no denuncio los abusos ante la CNDH.
Es de aplaudir entonces la iniciativa que tuvo el nuevo Gobernador de desaparecer la corrompida DEI para darle paso a una nueva dependencia, que esperamos venga a resarcir el daño causado por su antecesora, un paso importante siempre y cuando el cambio no sea sólo de nombre, sino de fondo y que en un futuro inmediato ese cambio se vea plasmado también en los diferentes bandos policiacos, de lo contrario seguiremos inmersos en un PROCESO donde todos somos culpables.
Finalmente, término transcribiendo uno de los párrafos más impactantes de la obra, cuando Josef se da por vencido y ante la corte pronuncia las siguientes palabras que seguramente los hará meditar sobre lo desilusionante de nuestra realidad:
“… tras las manifestaciones de este tribunal (sic)… se esconde una gran organización. Una organización que no solo da trabajo a unos guardianes corruptos, a unos inspectores necios y petulantes y a unos jueces de instrucción cuya mejor cualidad es le dé ser mediocres, sino que además, mantiene a una magistratura de grados superiores y supremos, con toda una caterva inevitable y sin numero de ordenanzas, escribientes, gendarmes y otros servicios auxiliares, probablemente incluso verdugos. (No me gusta esa palabra) ¿Y qué sentido tiene, señores, esta gran organización? Consiste en arrestar a personas inocentes y en instruir contra ellas un proceso absurdo y, como en mi caso, casi siempre sin resultado. Teniendo en cuenta la insensatez de todo esto, ¿Cómo evitar la peor de las corrupciones en el cuerpo de funcionarios? Es imposible; ni siquiera el juez del tribunal supremo sería capaz de conseguirlo por sí mismo”.

Comenta con Facebook