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¿Publicidad negativa del Gobierno Federal..?

Observatorio-Ciudadano

Nos vemos en la necesidad de analizar y de reflexionar al escuchar expresiones del presidente Peña como: “No trabajo para que me pongan medallitas” o “Hasta los más escépticos reconocen los resultados en materia de seguridad”, la primera al referirse a las críticas por los pocos resultados en su gobierno y la falta de confianza en el mismo; la segunda por las críticas a las cifras oficiales de los resultados en esa materia.
Salta de pronto la pregunta básica: si usted está a punto de participar en una elección trascendente para su futuro político dentro de escasos tres meses, ¿Qué haría?, ¿infundiría esperanzas y trataría de crear expectativas de un futuro mejor, al tiempo que destaca los avances presentes y las posibilidades futuras, o insistiría, un día sí y el otro también, sobre las acechanzas del futuro, advirtiendo que, dentro de nueve meses, ajustará el presupuesto, recortará programas y gastos y que, además, liquidará a buena parte de los trabajadores públicos?
Cualquiera con sensatez y deseando ganar esa elección se iría por la primera opción. ¿Alguien puede explicar por qué la administración de Peña se empeña en recorrer el otro camino? Es decir: anunciar recortes, liquidaciones y despido de trabajadores dentro de nueve meses, cuando tiene una elección en tres meses y cuando ni siquiera sabe -porque ésa es una potestad de la Cámara de Diputados, y la conformación de la misma es precisamente la que está en la disputa electoral-, ¿Si sus propuestas pasarán el tamiz legislativo? ¿Alguien podría explicar por qué ese futuro de dificultades, de sangre, sudor y lágrimas, se convierte en el principal discurso gubernamental cuando existen temas que podrían mostrar éxitos o un camino más optimista? ¿Se puede comprender que se hable de recortes y liquidaciones a futuro, en lugar de hablar de la reducción de la cifra de secuestros o de asesinatos en los dos primeros meses del año; del incremento de las cifras del turismo y el regreso del país al top ten mundial de visitantes internacionales; del crecimiento, así sea todavía insuficiente, de la economía y las posibilidades que otorga el repunte de la estadunidense a la nuestra; de que la Ronda Uno está avanzando y que la licitación de las cadenas de televisión fue exitosa?
Cuando se habla de problemas de imagen, de desconfianza, de falta de expectativas de la gente respecto al gobierno o al presidente se habla precisamente de esto. La administración Peña no difunde sus avances o éxitos y cuando lo quiere hacer sus resultados son los contrarios a los esperados, ¿Qué mejor ejemplo que la investigación del caso Ayotzinapa, la mayor y más precisa investigación que ha realizado en décadas la PGR, y que ha terminado con el reemplazo de su titular?
No se logra entender cómo están planteadas las cosas a la hora del mensaje de la administración federal. Mucho menos ante un proceso electoral que es -siempre lo es- plebiscitario respecto al desempeño gubernamental y en el cual se debe remontar todo un ciclo de bajas percepciones. En concesiones al 10 por ciento de los maestros disidentes, mientras se medio ignora al 90 por ciento de los que trabajan todos los días; en si se podrán realizar o no las elecciones en Oaxaca y Guerrero. Y la lista podría continuar, pero tiene su máximo esplendor en el anuncio de los futuros recortes y liquidaciones.
Dick Morris, consultor de medios decía: que una de las mejores estrategias era lo que él llamaba la triangulación, que es el mecanismo mediante el cual un gobierno se apropia de las propuestas de sus adversarios -e incluso de los logros- para hacerlos suyos y, cuando las condiciones lo permitían compartirlos. Aquí parece que estamos realizando un proceso de triangulación pero al revés: el gobierno se apropia de todos los errores, yerros, tragedias y hasta de las vicisitudes económicas globales, y los asume como propios. El presidente Peña, en estos días de descanso que vienen, debiera reflexionar sobre la marcha de las cosas y el discurso que quiere presentarle a los mexicanos.
Con Lupa: No debe echarse en saco roto las amenazas de los miembros de la CETEG y la Sección 22 de impedir las elecciones en el ámbito nacional, o por lo menos en Oaxaca y Guerrero. El expresidente de Uruguay, José Mujica, les dijo, cuando vino a Guadalajara en diciembre, con toda su experiencia de vida, de clandestinidad, de prisión y tortura a grados inimaginables, que tenían que buscar “a los normalistas en sus corazones”. No los van a encontrar en una agenda desestabilizadora.

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