MINUTO X MINUTO

¿Qué es el populismo?


Está tan de moda la palabra “populismo” y la mayoría de las veces usada peyorativamente, sin saber su significado, que es obligado ocuparnos con rigor a averiguar el origen de ese término desde tiempos inmemoriales, ¿de dónde nació esa palabra, de la antigua Grecia o la eterna Roma?
Me fui a Wikipedia y en su letra dice: Esa definición es comúnmente usada más en el ámbito de la política como una opción, recurso o estrategia política que se declara defensora de los intereses y aspiraciones del pueblo.
Me fui a la consulta con uno de los priistas más inteligentes.
“Populismo” en su más pura acepción, nos dijo el culto Samuel Aguilar Solís, en la pasada entrevista que le hice en mi programa de TV España, “algunos piensan que es un insulto, y quienes lo profieren con ese sentido, no saben que es el término que se emplea en el ámbito de la política, tendencia que se declara defensora de los intereses y aspiraciones del pueblo. El concepto populista deriva de pueblo”. Y agregó, “hay populismo de izquierda como de derecha, hay populismo bueno como hay populismo malo”.
Me fui al contexto de la historia mundial. Hace ya bastante tiempo en los Estados Unidos fue pinero con el “New Deal” del presidente Franklin Roossevelt, hace ya muchas décadas; John F. Kennedy con su “Nueva frontera” fue afirmado como populista progresista de los años sesentas; hasta Ronald Reagan fue definido así por la BBC; y, Barack Obama en recientes meses se declaró populista; Donald Trump es considerado por el mundo como populista de derecha, antes, Lula de Silva en Brasil lo fue; y más antes Eva Perón y su esposo en Argentina no se diga.
Me fui a la historia de México. En ese sentido pues, Lázaro Cárdenas y el Desarrollo estabilizador, fueron populistas, entonces, no todo el populismo es despectivo como algunos piensan, los mismos priistas de viejo cuño fuimos hechos en el molde populista, había que abanderar las causas populares y el término de “pueblo” era infaltable en los discursos y en nuestra formación personal, pero fue desapareciendo y ahora le llaman sociedad civil.
Quizá el presidente de México que usó más el populismo de los que me tocó vivir, fue Luis Echeverría Álvarez, se esmeraba en congratularse con los campesinos sintiéndose el moderno Lázaro Cárdenas repartiendo la tierra dos veces; se ufanaba que era el presidente de los jóvenes con su política coptiva de liderazgos estudiantiles, se decía el presidente tan obrerista que Fidel Velázquez le tuvo que parar el alto. Bueno, bueno, hasta a líder mundial llegaban sus sueños populistas con su Carta de Derechos y Deberes de los Estados. Todo un iluminado, populista, populista de a deveras.
Me fui a mi memoria. Antes nos decían “populacheros” con cierta dosis despreciativa a los políticos que entendíamos esta como una vocación de servicio, nos dedicábamos a la gestión popular, ahora les dicen “carismáticos”, tan es así históricamente el reconocimiento de las políticas populares, que la propia estructura del PRI está compuesta por uno de sus tres sectores, la Confederación de Organizaciones POPULARES, CNOP, que para efectos electorales es el más rentable.
Pero no debe de asustarnos el término populismo, porque en México vemos políticos de todos tamaños y de todos los partidos, que están con los oídos prestos a ver qué dice la sociedad, y así debe de ser, Vicente Fox Quezada lo fue sin duda, impreparado si ustedes quieren, pero ganó gracias al discurso populista del “cambio”, cuando el PRI llegaba a sus últimas bocanadas de oxígeno después de lo de Luis Donaldo Colosio. Lamentablemente no hubo ningún cambio.
Pero se las agenciaron e hicieron uso de mil artes para que siguiera el PAN en el poder con Felipe Calderón, “aiga sido como aiga sido” muy, pero muy mal saldo dejó, que el electorado prefirió que mejor regresara el PRI cuando el PAN también falló. ¿Y ahora? Ya populistas todos qué sigue.
Tan es así el valor de las políticas sociales o populares, que ahora hasta se regalan despensas, cemento, láminas, tarjetas de tiendas, etc., para granjearse el favor popular. Sobre todo con acento electoral. Antes, era a puro sudor y lágrimas, a punta de suela y saliva se conquistaban voluntades y hasta peleándose con los funcionarios insensibles de nuestro propio partido, todo eso era populismo. Antes, no teníamos necesidad de dar regalías. Estábamos más cerca del “pueblo”, no se les compraba.
Los mismos diputados locales o federales que me tocó en suerte ser sus compañeros, nos autoproclamábamos, todavía algunos lo siguen haciendo, “representantes populares”. Y no era malo, éramos la estructura intermedia de gestoría que llegaba a donde el “populacho”, como le decían, no podía llegar. Era una función de gestoría popular que te daba “bonos”.
“EL Bronco” el más populista, ?y de dónde sacó el dinero?…
Continuará.