Loading

Qué pena, verdad

Hemos cerrado páginas de escándalos que dejan lastimadas instituciones y agraviada a la ciudadanía. Escándalos que podían haber sido una oportunidad para hacer reflexiones, replantear actitudes, revisar métodos, reconsiderar perfiles, hacer ejercicios de crítica y autocrítica.
Nada de eso sucedió, los escándalos solo sirven para hacer cambios de forma y mantener las cosas igual, a la vuelta de la esquina resulta peor y la autoridad moral se pierde y las palabras como honorabilidad, honestidad, sinceridad, verdad, se van desgastando hasta sonar fofas, falsas, inútiles.
El que el hijo de un exgobernador esté en prisión bajo sospecha de pertenecer al crimen organizado no resuelve el deterioro político que ha causado en el entramado social. Las acciones legales no van acompañadas de medidas éticas y la ciudadanía sabe que nada se resuelve si se encarcela a uno a o varios, la estructura corrompida sigue intacta, y los antivalores con los que se actúa son los mismos o incluso se endurecen.
Que siempre se han cometido estos hechos, es cierto, el escándalo es tan antiguo como el hombre mismo, la transgresión a la norma es el escándalo y el hombre tiene una naturaleza transgresora, por eso la norma social, religiosa, jurídica. El hombre nace con la inclinación transgresora, el viejo testamento cuenta de la primera transgresión cometida por Adán y Eva que fueron expulsados del paraíso por su falta, luego se sucedieron todas las de la humanidad.
Las sanciones a quienes violan una norma, ley, precepto o recomendación llegan a ser hasta curiosas, como a la esposa de Lot convertida en estatua de sal por voltear a ver la destrucción de Sodoma que junto a Gomorra, Adoma y Zeboim eran de las cinco ciudades pecadoras que refiere la Biblia. Por cierto, Dios solo le dijo a Lot que si volteaba se convertiría en estatua de sal, pero se suponía que a cualquiera que volteara le sucedería eso, la que violentó la recomendación fue su esposa y en sal fue convertida. Es curioso, la biblia no menciona cómo se llamaba esta mujer, solo se conoce como la esposa de Lot.
La mitología griega está llena de castigos, como el de Prometeo, que robó el fuego a los dioses y cada mañana le comen las entrañas los buitres. Ícaro quiso volar más alto que los dioses y el sol le quemó las alas de cera. Edipo Rey se autoinmola clavándose espinas en los ojos cuando sabe que cometió incesto, la lista es tan interminable como la humanidad misma.
La historia recoge los hechos y sus castigos como claro ejemplo que el que trasgrede será castigado, la moraleja es que no es necesario que a uno le digan que si violenta una norma tendrá una sanción, es de sentido común no hacerlo, pero al parecer también el sentido común va desapareciendo en los poderosos que se dan el lujo de violentar lo obvio y frente a todos. El pudor, el recato y la vergüenza solo es para los de abajo, los de arriba están exentos.
Qué ha sucedido con los escándalos actuales, poco o nada. En el vergonzoso caso del PRI del Distrito Federal vinculado a la prostitución y trata de personas no pasó nada, se cambiaron personas, se dejó intacta la estructura, no se profundizó en la investigación, no se sabe qué paso tras bambalinas, el degenerado líder solo fue removido de su cargo y sus hombres fuertes siguen en la impunidad. Sin duda en el caso del PRI del DF no participaba una persona, era y es una red, de ello nunca se habló y el cártel de Cuauhtémoc Gutiérrez sigue surtiendo de damas a los festines “institucionales”.
En el caso de Cuauhtémoc Gutiérrez no hubo ninguna reflexión moral, ni un exhorto a un comportamiento valorativo y respetar los códigos de ética los cuales el exlíder priista se los pasó por el arco del triunfo, al igual que los diputados del PAN que se ríen de su travesura.
Es cierto, hoy no se actúa por lo que hicieron sino porque fueron descubiertos, la moraleja es inversa a la clásica: “hagan lo que quieran, transgredan lo que puedan, envilézcanse hasta más no poder nomás que no los vean. Qué pena, verdad.

Jenep_55@hotmail.com
Twitter: @ajua011

Comenta con Facebook