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Quien no critica, que arroje la primera piedra

ConfidencialDR. LORENZO CÓRDOBA VIANELLO,
CONSEJERO PRESIDENTE DEL INE:
+Nadie es como otro. Ni mejor ni peor. Es otro
Jean Paul Sartre

Puede ser que a estas alturas ya usted sepa quién, desde dentro del INE, le hizo la bromita de su llamada telefónica interceptada. ¿Quiere eso decir que dentro del INE existe el dispositivo para el caso? No necesariamente, pero si ya se sabe quién, pronto se podrá saber dónde lo hizo o quién se lo entregó para difundirlo.
¿En cuanto a su situación, doctor? Bueno, sin duda es bastante comprometida. El gol se lo clavaron por la esquina superior izquierda de su portería… Veamos:
Aparte de sus leperadas -esas las decimos todos- sus expresiones fueron sin duda alguna lamentables, aunque también le colocaron entre la inmensa mayoría de los mexicanos, practicantes inveterados de la discriminación. Solo que la discriminación, si bien no es motivo de castigo legal alguno mientras no se convierta en un daño moral claro, queda simplemente como un baldón contra quien la practica.
Pero las instituciones oficiales, gubernamentales o autónomas, tienen la obligación, junto con quienes las manejan, de respetar a quienquiera que sea, como sea y practique las costumbres y prácticas que quiera siempre y cuando no dañe a alguien.
Otra parte, el uso de los instrumentos y equipos propiedad del Estado mexicano para practicar costumbres por lo menos incorrectas como la discriminación, pueden ser motivo de algún castigo administrativo. David Korenfeld tuvo que pagar una fuerte suma por el uso con fines personales de un helicóptero oficial. Usted solo utilizó la extensión del conmutador general del INE para lanzar sus leperadas y sus críticas contra el dirigente indígena que tan mal le cayó en la audiencia que tuvo con él y sus acompañantes. ¿A cuánto ascendería la multa respectiva? Una bicoca real, aunque simbólica y políticamente sea otra la situación…
El mayor problema que le ha significado la divulgación de su telefonema filtrado ha sido la reacción excesiva de las opiniones pública, política, académica e intelectual en general. Demasiada para no ser premeditada y, por tanto, inducida. ¿Pero quién no, me permito reiterar, político o cura pasando por todos los oficios existentes en el mundo entero, no suele criticar hasta a sus jefes así sean, incluso, presidentes de la República aquí en México. Le cuento una experiencia personal para que sepa usted que ha habido gente más agresiva que usted:
Era, a lo sumo, el año 1975 -hasta 30 años después hablo públicamente al respecto- y yo era el responsable de la información y las relaciones públicas de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social a cargo de Porfirio Muñoz Ledo. Tiempos, para variar, electorales dentro de un ámbito crecientemente complejo y controvertido en lo económico, lo político y lo social. Rumores iban y venían involucrando cada vez más fuerte al presidente Luis Echeverría y de eso hablábamos una tarde-noche en el despacho principal del secretario. El tema concreto no lo recuerdo, pero de pronto, Muñoz Ledo comenzó a exclamar en un volumen de voz perfectamente captable por algún micrófono escondido:
“¡Pero Leopoldo, es que el presidente ha enloquecido..! ¿Cómo es posible que se exprese en ese tono y en esa forma? ¡El presidente está enloqueciendo, Leopoldo!”.
Mientras tanto, yo buscaba desesperado hasta donde la mirada me daba dónde pudieran estar el/o los micrófonos que seguramente existían en ese despacho como en los de todos los altos personajes del gobierno…
Para esas alturas del juego sucesorio, Muñoz Ledo se encontraba estupendamente situado, aunque nadie parecía creerlo. Bueno, pues llegó el mes de septiembre y ocurrió el destape de José López Portillo.
Nadie desnudó mediáticamente a Muñoz Ledo. Solo le costó la candidatura presidencial…

lmendivil@delfos.com.mx, m760531@hotmail.com

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