MINUTO X MINUTO

Rafa y Julión. Lavar ajeno


Juan Manuel Asai

Comienzo con una afirmación: el lavado de dinero socializa las ganancias del narcotráfico. Es por esto que ni funcionarios ni empresarios están interesados en su combate. Se consternan, eso sí, con la violencia de los sicarios, con los tiroteos en los que participan fuerzas federales, lamentan la violencia, pero no quieren que toquen el proceso de lavado ni con el pétalo de una auditoría.
El lavado de las ganancias del narco es donde los decapitados y las fosas clandestinas se transforman en casinos, hoteles, restaurantes o farmacias. Es donde los caminos de terracería donde se efectúan emboscadas se transforman en bares a media luz atendidos por edecanes más que amables. En la lavandería, los asesinos desalmados adquieren glamour para ser presentados como caballeros de sociedad, absolutamente respetables.
Lo anterior, claro, con respecto al escándalo de la semana, o sea, el informe del Departamento del Tesoro de Estados Unidos que involucra a dos figuras públicas de alto rango, el futbolista Rafa Márquez y el cantante Julión Álvarez, con una red de lavadores de dinero sucio. Rafa y Julión ya mandaron a El Ojos y al delegado Salgado a páginas interiores. La secuencia de escándalos en nuestro país causa vértigo.
Volvamos a los ricos que lavan ajeno. Una gran cantidad de empresarios en México y el mundo reciben con los brazos abiertos el dinero de los narcos para realizar algún negocio y que las ganancias salgan rechinando de limpias. Son cómplices porque están al tanto de procedencia ilícita de los recursos. Les vale. Ellos ven una oportunidad de negocio y se lanzan. Se quedan con una tajada irresistible y virtualmente sin riesgo. De vez en vez, en Estados Unidos brota alguna investigación seria. En México, que yo recuerde, nunca ocurre. Pienso en esos empresarios relacionados con el negocio del esparcimiento, que de repente tienen un socio generoso para poner un antro en la Quinta Avenida de Playa de Carmen, por decir algo. ¿Cuántas posibilidades hay de que las autoridades los llamen a cuentas? Ninguna, de hecho.
Lo que se necesita para combatir el lavado de dinero es que haya voluntad política. De ahí parte todo. Hasta el momento, la autoridad ha dejado sin guardias ese flanco. Se optó por matar o encarcelar jefes visibles, en lo que ha tenido éxito relativo, pero sin seguir, como marcan los cánones, la ruta del dinero. Se dice mucho que en este ámbito un batallón de contadores públicos bien capacitados hace mucho más daño a la jefes mafiosos que un batallón de soldados. ¿Dónde andan esos contadores? ¿Los están capacitando? ¿Qué golpes han dado que valga la pena compartir con el público?
No digo que combatir el lavado sea sencillo. Hay que desplegar un trabajo persistente de inteligencia financiera, hay que buscar información más allá de las fronteras, hay que meterse con caballeros notables, como directivos de bancos. No es sencillo, pero es la mejor forma de pegarle al narco donde realmente le duele: en sus ganancias.
Las formas de blanquear recursos negros son tantas como la imaginación de los delincuentes y sus socios. Se puede hasta producir películas o impulsar fundaciones pías, o incluso escuelas de futbol para niños, como el caso de Rafa Márquez, cuya carrera, pase lo que pase, ya se manchó.

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@soycamachojuan