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Reasignación de recursos piden en la Cámara de Diputados


En la pasada columna publicada este domingo escribía una frase terrible: “En México no es la hora de la patria, es la hora de los corruptos”. No lo decimos nosotros por cierto, no hay una sola organización nacional o internacional que no consigne la corrupción de nuestro país.
Todos somos, a cual más, o a cual menos, corruptos, suele decir la derecha y los favorecidos por el poder corrupto, por supuesto que esta es una gran mentira sustentada en un sofisma. No se puede calificar de corrupción ni moral ni humana a quien busca vivir usando una dádiva para que lo dejen trabajar, como sucede con un vendedor de paletas, de dulces, cualquier ambulante o quienes desesperados necesitan hacer un trámite burocrático, incluso, quienes buscan justicia.
Por supuesto, están quienes usa la corrupción para el atesoramiento de dinero o bienes, para satisfacer su ambición, para quien tiene el poder y busca prolongarlo es una premisa ser parte de la corrupción.
Para quienes aceptan y forman parte del sistema corrupto, porque son asiduos recurrentes de esta práctica para sus negocios particulares y con el pretexto de que todos somos corruptos, se vuelven cómplices de la corrupción.
Siempre que escribo, expongo, o difundo de alguna manera este planteamiento, salen voces opositoras que con argumentos aún más falaces manifiestan no estar de acuerdo, lo cual es normal en todo tipo de planteamiento, el debate fortalece, pero siempre coinciden y me dan la razón los más, curiosamente esos más no son de los corruptos que con su práctica no solo amasan inmensas fortunas, sino impiden que en el ejercicio de gobierno se apliquen programas que desarrollen en las comunidades, actividades productivas que alivien la pobreza galopante como lo hacen los ambiciosos.
Sin duda la ambición es una de las debilidades humanas más peligrosas para los demás seres humanos, por la ambición se mata, se encarcela, se tortura, se amedrenta, se van creando pánicos interminables, porque precisamente la ambición no tiene límites.
El tema viene porque hay una rebatinga en la Cámara de Diputados por la reasignación de recursos, las diferentes comisiones están planteando que no se aplique todo lo que se asignó para la reconstrucción de los desastres provocados por los sismos, sino que se destinen alrededor de 43 mil millones de pesos para impulsar el desarrollo de otros sectores sociales.
Es curioso, primero los partidos se peleaban por ver quién aportaba más para las víctimas de los desastres naturales, ahora los diputados quieren disminuir la cantidad destinada para aplicarla a otros rubros.
Curiosamente, las comisiones que están planteando que se reasignen recursos son presididas por diputados del PRI y del Partido Verde, ambos aliados electorales. Así, surgen varias interrogantes, quién que sea confiable garantiza que no haya moches millonarios cuando se trate de enviar recursos extras por cientos o miles de millones de pesos que de mano en mano se van haciendo chiquitos y llegan totalmente disminuidos, en ocasiones nunca llegan a las comunidades que los esperan en obras o en subsidios.
Quizá los diputados tengan razón en la reasignación de recursos, el problema es que pocos creeremos que no se va a quedar parte de ellos en gente corrupta, porque si vivimos en un sistema corrupto, lo más normal es que así suceda.
Por ello es de suma importancia la ciudadanización, el seguimiento minucioso por parte de los ciudadanos de la aplicación de estos recursos, la rendición de cuentas escrupulosa, la fiscalización por parte de instituciones ciudadanas y civiles.
Solo hay que recordar, porque así fue, es y será mientras no haya vigilancia ciudadana, que los artículos que la sociedad aportó para los damnificados de los sismos, fueron a parar a grupos que no son damnificados, o aún están en bodegas de políticos para hacer despensas para las campañas. Las denuncias fueron hechas, los videos exhibidos y los diputados que quieren reasignación de recursos callaron, qué fregones verdad. O no.

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