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Rebelión en Hamelín

La fábula de “El Flautista de Hamelín” creo es conocida por todos los amables lectores, sin embargo por si las dudas cabe hacer un breve resumen: narra cómo un flautista al tocar su flauta logra que animales (ratones) y humanos (niños) lo sigan de manera automática como bajo una hipnosis musical, a grandes rasgos es la parte toral de la historia. Hace tiempo escuchaba una canción del español Ismael Serrano titulada “Rebelión en Hamelín”, cuya letra evoca el cuento alemán pero adecuándolo al marco social: Rebelión en Hamelín, no me seas conformista, acuérdate de vivir, que no te engañe el flautista… dice una de las estrofas de la canción.
Pero qué tiene que ver todo esto con una columna de análisis político. ¿Acaso la alternancia alteró los nervios del escritor y ahora se dedicará a escribir fábulas, cuentos y coplas? No sería mala idea, pero no. De momento no.
Luego de la derrota electoral del PRI el 5 de junio, la gran familia revolucionaria se ha partido en dos facciones, aquellos que siguen conservando la institucionalidad y moderación, cuando menos de aquí al 15 de septiembre, y aquellos que han dejado de escuchar la música del flautista y ahora bailan y cantan con la música de la emancipación.
La rebelión en el Hamelín duranguense apenas comienza y parece que será una reyerta de larga duración. La crisis en el otrora partido hegemónico aún no toca fondo y eso parece que muchos no lo han considerado. La lucha por el control del partido se irá radicalizando conforme pasen los días, siendo el punto culminante el cambio en el gobierno estatal.
La corriente moderada del partido alineada con el actual grupo en el poder tendrá que entender que la derrota electoral cambia las reglas no escritas del juego. Hay quienes transitan mejor en el caos que en la institucionalidad. Si bien la moderación y las buenas formas son necesarias para la transformación del PRI, también es verdad que la beligerancia y la belicosidad ayudan para transitar por las turbias aguas de la derrota.
A partir del 15 de septiembre no habrá música que escuchar, a pesar de aquellos que piensan que puede continuar sonando la misma melodía; eso es más un acto de fe que una posibilidad real. Y sin flautista, Hamelín volverá a ser tierra de nadie en donde los valientes reculan y los cobardes toman las armas.
Hay poco margen de maniobra para quienes quieran tomar las riendas de un pueblo sin flauta, no hay mucho que hacer de momento que esperar que el caos no termine por convertirse en un viento que sople las cenizas que quedan de Hamelín.
El panorama no es alentador y eso deberá quedar claro.
Lo menos peor que podría pasar es la inercia. Dejar que todo pase. Que todo fluya. Que sean los errores de los de enfrente los que hagan renacer a Hamelín. Porque la costumbre es que aquí no pasa nada, que sin moverse, las cosas pueden solucionarse.
Lo peor es que muchos están en búsqueda de un nuevo flautista. La libertad les hace daño, les lástima como mirar al sol. Para muchos la música de la flauta es necesaria. Hace tiempo olvidaron, cómo hacer su propia música y bailar, bailar bailar.

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