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Reformas electorales para 2015 y 2016

observatorio politico

Tercera parte

Hola amigos, feliz año nuevo. Nos amanece leyendo. Seguimos estudiando la nueva Ley Electoral, la que nos va a regir algunos años (eso espero) Ley que, dicho sea de paso, no me convence. Una Ley “Patito”, cursi, utópica e intrascendente. La verdad. Y en eso estoy “entrado”.
Se excedieron.- De la reforma electoral a la que se empecinó el panismo de Pablo E. Madero el chihuahuense (o chihuahueño?) fue la ocurrencia de repetir con otras palabras lo que ya estaba establecido como la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales, la Loppe. Ahora como la Ley General de Partidos Políticos. (LGPP). Se sacaron el “As de la manga”.
Y… ¡Qué novedad! La Ley General de Instituciones y Procesos Electorales (Legype) e inventaron el “café con leche”, la Ley General de Delitos Electorales. (LGDE). “La misma gata pero revolcada”. Lo que ya establecía el Cofipe. Nada inédito, ni novedoso ni parteaguas. Eso es lo que produjeron los nuevos tecnócratas electorales albiazules. A propósito, con otras banderas políticas, antes, había sido propulsor de esos temas la izquierda desde hace cincuenta años.
Leyes generales, que por cierto, son muy generales. No se van a la minucia, a lo diminuto y cotidiano, a lo realmente operativo. Son muy superficiales. Eso es lo que sus agudos sentidos dieron a los estrategas electorales de escritorio del PAN. Repetir y exagerar.
Las tres leyes repetitivas de tipo muy general que generaron, ( Ley General de Partidos Políticos, Ley General de Procesos Políticos y Ley General de Procesos Electorales) pretenden supuestamente delimitar facultades a las autoridades federales, estatales y municipales en materia electoral y penal, que, alguien en sus cinco sentidos, hubiera sabido que se está legislando sobre personas e individualidades, a las que hay que respetar sus derechos humanos y políticos, a los cuales no pueden tratar como delincuentes y “casi hablan de mandarlos al paredón”, sin un previo juicio debidamente establecido y, a un proceso técnicamente judicial y jurídico. No manchen. Los paredones ya no existen.
Ya estaba contemplado en la legislación anterior, como enunciativos. Entonces, ahora nos salen con política barata y demagógica.
Es decir, una persona por el simple hecho de ser funcionario, ya es sospechoso de ser un delincuente electoral. A la horca.
La historia política contemporánea nos enseña que, muchas reformas estructurales de nuestro sistema electoral a lo largo de poco más de 50 años que nos han sucedido y muchos cambios de siglas, confunden a los ciudadanos que no viven la política ni de la política. A los de a pie pues. Los que viven la diaria angustia de sobrevivir.
Qué, menos son burócratas del Estado o de partidos o de organismos electorales los que reciben millonarios aguinaldos… Los ciudadanos puros, no se dan baños de pureza. Quieren nada más que protagonistas de la arena política y árbitros, sean creíbles. Que no sean más papistas que el Papa.
El sistema normativo electoral federal mexicano ha tenido varias reformas, como ya lo dije líneas arriba, mismas que han obedecido a las transformaciones políticas de nuestro país. Pero, cada generación legislativa piensa que está inventando a un nuevo país. “Legislación histórica”.
Son muchas las preguntas que nos debemos hacer los ciudadanos de todos los partidos, que, por ser militantes de algún partido, no se nos está prohibido hacernos, por ser militantes partidarios ¿ya no tenemos derecho a cuestionar?:
¿Cuál ha sido la evolución de las reformas electorales en México durante los últimos años? De esta forma se abordan algunas de las principales características de las reformas que van de 1977 hasta la más reciente de 2007-2008. La ocurrida en 1977 tuvo un carácter único y es considerada el punto de partida (como ya lo escribí anteriormente). de nuestra vida democrática, con un sello esencialmente incluyente de las fuerzas políticas que hasta entonces no habían sido reconocidas.
A partir del año pasado, la democratización fue impulsada por los protagonistas políticos como un proceso de cambio centrado en el sistema electoral.
En 1986, la reforma incluyó modificaciones a seis artículos de la Constitución, así como la promulgación de una nueva ley electoral: el Código Federal Electoral (CFE). Se abolió el registro condicionado de partidos, una medida de control de su surgimiento. Fue hasta 1990 que se expidió una nueva ley electoral, el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe). Entre otras características notables de esta reforma está la creación de una nueva entidad autónoma para organizar las elecciones federales: el Instituto Federal Electoral (IFE) que remplazó a la Comisión Federal Electoral que dependía directamente del Secretario de Gobernación.
Desde el año de 1990 y hasta 2012, el IFE organizó ocho procesos electorales federales ordinarios. En los años de 1993 y 1994 hubo dos reformas que se consideraron intermedias y cuyos temas principales fueron el nuevo financiamiento para los partidos, las nuevas reglas para reportar sus egresos, los gastos anuales y de campaña. Para 1994 en el Consejo General, los consejeros magistrados se sustituyeron por seis consejeros ciudadanos propietarios y sus suplentes, que durarían ocho años en el cargo, con la posibilidad de ser ratificados; y su designación estaría a cargo de las dos terceras partes de la Cámara de Diputados.
La reforma electoral de 1996 es quizá, junto con las de 1977, 2007 y2008, una de las reformas que más han estimulado la transformación del orden jurídico y el marco legal electoral mexicano ya que terminó con la participación y control gubernamental en el proceso de organización de las elecciones federales. La verdad sea dicha…
Continuará.

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