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El Rey ha Muerto… que Viva el Rey

Escribo estas líneas, justo a cuatro días de que se lleve a cabo la sucesión gubernamental, misma que marcará el cambio de partido en el poder después de poco más de 80 años. Ya mucho se ha escrito sobre las repercusiones que éste hecho generó entre la clase política, más sin embargo resulta interesante observar cual fue la reacción más importante de todas, la del aún mandatario estatal Jorge Herrera Caldera.
Fue la deuda pública el tema que marco el trayecto final de lo que ha sido en términos generales un buen gobierno, desde que el ex gobernador Ángel Sergio Guerrero Mier declaró que se maquillaron los números para que apareciera una menor cantidad, cuando la realidad es que la deuda ascendería a los 14 mil millones, el gobernador Jorge Herrera se dio a la tarea de desmentir dicha postura y aprovechaba cada acto para aclarar las dudas surgidas al respecto, así mismo la secretaria de Finanzas y Administración del Gobierno del Estado, Cristina Díaz Herrera, confirmó que la deuda pública estatal asciende a 6 mil 452 millones de pesos, recursos que se han traducido en obras, además precisó que son 2 mil 521 millones de pesos en pasivos y que cualquier ciudadano que así lo deseará, podía consultar la veracidad de estos números que son de orden público y se encuentran publicados en la página oficial de la SHCP.
Sin embargo y por desgracia, lo que declare el gobierno actual por muy cierto que sea, no permea ya en la opinión pública, pues la ciudadanía mantiene como idea colectiva que éste es un gobierno corrupto, idea que a ciencia cierta fue la que terminó por definir las elecciones del pasado 5 de junio.
Dicho escenario fue abordado hace una semana, en el marco de un desayuno que el Gobernador tuvo con columnistas del Periódico Victoria. En ella y después de escuchar su postura respecto a la pregunta expresa de la cantidad real de la deuda que tenía el Estado, realizada por mi buen amigo Víctor Ríos, tuve el atrevimiento de cuestionarle sobre ¿Qué se sentía, ser el Gobernador al que le tocó ceder el poder a un partido diferente, después de una hegemonía partidista de casi un siglo?, al hacerlo pude detectar como su semblante se contorsionó, denotando una evidente incomodidad.
Sin esperar su respuesta y en medio de elucubraciones, imagine una respuesta que satisficiera mi curiosidad por tan singular apreciación y ésta fue el hecho de que el Gobernador no es ajeno a una realidad: “Pudo haber hecho más”.
Sería de igual modo injusto, pensé, achacar toda la culpa a un hombre que en su vida pensó ostentar un cargo de dicha envergadura, no dudo que el Gobernador tuvo y tiene la firme intención de consolidar el sueño de miles de hombres y mujeres nacidos en esta hermosa tierra, no obstante un hombre por sí sólo es incapaz de cambiar los destinos de un pueblo.
La realidad es que el Gobernador permaneció descobijado por su equipo de trabajo, quienes se suponía serían su respaldo no dieron el ancho, lo dejaron sólo, y de nada sirve un lobo con colmillos fuertes, si sus extremidades no le dan para cazar.
Prioriza la fidelidad por encima de la capacidad, fue el consejo que escuchó y éste axioma lo ejecutó desconociendo que la lealtad de muchos en los que confió siempre fue y será para consigo mismos. El Gobernador puede estar triste porque sus contemporáneos no estuvieron a la altura de las circunstancias, sus piezas clave en el tablero fueron endebles, frágiles y corruptos, desde secretarios ineficientes en sus labores hasta servidores públicos irresponsables con el manejo de recursos provenientes de distintos programas sociales.
Tampoco encontró sustento en el partido que lo postuló, un partido sí, con mucho trabajo de territorio, pero con los mismos sectores de siempre, que es incapaz de innovar, que reacciona ante los estímulos, más no crea escenarios, que se sustenta en la apatía del electorado y en su cada vez más pobre estructura, que refugia liderazgos improvisados y que impulsa ungidos.
Y para su mayor desazón, un delfín que no despego, que se perdió en una realidad alterna donde se auto consideraba el bien amado.
Sí, el Gobernador debe de estar triste y las peores lágrimas son las de la impotencia.
Ahora que empiezan a escucharse por todos los rincones del Estado, la famosa frase de “El Rey ha Muerto, que Viva el Rey”, una enseñanza debe de quedar para el futuro, en un barco es mejor tener marinos preparados para un largo trayecto, que hombres dispuestos a ahogarse con su capitán.

Facebook Edgar BC
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