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Rico McDonald

De todos los personajes de Disney es el más nefasto. Hasta los “Chicos Malos” eran simpáticos, mientras él fue siempre odioso. Inmensamente rico, imponía su voluntad a parientes y vecinos, amigos y enemigos, con el único argumento de su dinero. Su inmensa caja de caudales era insuficiente para contener los costales de billetes y barras de oro. Aplastando a sus rivales, lo mismo que a las leyes, su ambición y arrogancia lo llevaban a obtener todo lo que se proponía; incluida la presidencia de los Estados Unidos. Con él nos enfrentamos y así nos fue. 

Para empezar, no hay acuerdo ni convenio, lo que hay es un plazo. Y dos órdenes fulminantes: el cierre de nuestra frontera sur al paso de migrantes indocumentados centroamericanos; más aún, encargarse por completo de los 200 mil que ya cruzaron y que están en la frontera norte en busca de asilo en los Estados Unidos: “Ustedes los dejaron pasar, así que es su problema”. Todo esto a partir de una extorsión, traducida en amenaza gigantesca: el ya célebre arancel del 5% —17 mil millones de dólares— que podría crecer hasta el 25%; algo así como una pérdida de 90 mil millones anuales, que significaría nuestra ruina total. Una fatalidad que parece haberse librado por al menos 45 días, que es el plazo que nos dieron para cumplir sus instrucciones. 

A ver, resignémonos, a partir de hoy cambiará el rostro de este país: del sonriente y fraterno, pasaremos al fosco y duro; de la mano abierta en el norte, endureceremos el puño en el sur; los derechos humanos pasarán a un segundo o tercer plano; primero estarán la sobrevivencia y el cumplimiento de la tarea impuesta; los migrantes dejarán de ser personas para convertirse en número, en estadísticas; la Guardia Nacional hará a un lado la seguridad, para salir de cacería. 

En la nación reinará la incertidumbre, con todas sus interrogantes: ¿Y si Rico McDonald se arrepiente?; ¿Y si decide ganar más adeptos para su campaña?; ¿Y si nos manda otro twitazo con nuevas e imposibles exigencias?; ¿Y si nos revela la sorpresa no anunciada —”una en particular” dijo— y resulta que es estremecedora?: “Ya hicimos cuentas y lo que gastarán los mexicanos en cuidar nuestros intereses, es el equivalente a lo que queríamos construir; ya no habrá necesidad del muro; ¡el muro será todo México”! ¡Wow! 

Por ello, urge una explicación detallada de todo lo hablado en Washington. El gobierno lopezobradorista está moralmente obligado a decirnos si pactó algo más con los trumpistas. Y si es verdad, por ejemplo que entre las condiciones a cumplir está que “México comprará a los Estados Unidos grandes cantidades de productos agrícolas”. ¿Los que ellos quieran aunque no los necesitemos? ¿Ahora resulta que saldrá más caro el caldo que las albóndigas? ¿Los bananos que los aguacates? ¿Los pepinillos que los chiles verdes? ¿Los pollos que los huevos? 

Y no hay exageración alguna. Porque de aquí en adelante hemos de vivir con la amenaza de que, “si no hay la suficiente cooperación de México, siempre podremos regresar a los aranceles”. Así que mañana, tarde y noche, el Big Brother transmutado en Rico McDonald nos estará observando. Depende de nosotros ser Mickey Mouse, Ciro Peraloca, Pánfilo Ganso —sin alusiones personales— y hasta Tribilín. Cualquiera, menos el perro Pluto; que además del parónimo, trae un collar con argolla en el pescuezo.

Periodista ddn_rocha@hotmail.com

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