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Roma no se hizo en un día

El próximo lunes se cumplirá un año de la jornada electoral en la que se dio por primera vez, en la historia reciente, la alternancia política en nuestro estado. Cambio que llegó como parte de la mayor derrota electoral del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en disputas de gubernaturas. Durango era uno de los pocos estados que no había tenido, por décadas, a un gobernador ajeno al tricolor.
Con la llegada de la alternancia política llegó también, para una gran parte de los Duranguenses, la esperanza de un verdadero cambio, no sólo de partidos políticos en el gobierno, o de personas a cargo del mismo, sino esencialmente en la forma de ejercer el poder público. Muchos ciudadanos esperan que la alternancia resulte, entre otras cosas, en una transición democrática que provoque una efectiva transformación institucional en beneficio de toda la sociedad.
La transición democrática no podrá concretarse si el cambio sólo se restringe a modificar planes, programas, acciones, actores, etc., y se omite modificar la forma tradicional de ejercer la autoridad sin permitir, como una premisa fundamental, la debida y sana separación de poderes en la práctica, permitiendo que estos se limiten y hagan contrapeso unos a otros, anteponiendo siempre el bien común ante los intereses personales o de partido.
La transición implica entonces permitir y promover la modificación esencial de las estructuras del Estado y su interrelación, es avanzar aceleradamente hacia la modificación en la distribución y el ejercicio del poder público. Aunado a lo anterior es fundamental también fortalecer la transparencia, rendición de cuentas y los controles institucionales que limiten al máximo la discrecionalidad de los gobernantes; tarea en la que ya se está avanzado.
Tampoco se puede dejar de lado la impostergable y decisiva inclusión de la sociedad civil, sobretodo la organizada, en la toma de decisiones, ya que esta contribuirá fuertemente en la elaboración de políticas públicas más eficientes, eficaces y equitativas. Una inclusión real, no simulada como se veía haciendo años atrás, garantizará acciones democráticas que impactarán fuertemente en el desarrollo de nuestra sociedad.
Afortunadamente la nueva dinámica que se presenta en la vida institucional de Durango, propia de la alternancia y como consecuencia de la misma, apunta a que esto habrá de convertirse en una realidad más temprano que tarde. Ejemplos sobran en estos ocho meses y días de gobiernos de la alternancia donde podemos constatar que al menos el sistema de contrapesos, principalmente entre el ejecutivo y el legislativo, está funcionando. Quizá no como se quisiera o sería lo ideal, pero al menos hay frenos y limitaciones entre estos que en otros tiempos eran impensables.
No obstante lo anterior hace falta señalar que cambiar el statu quo no se logra por decreto ni pude concretarse de un día para otro. Sí depende en gran parte de la voluntad de quienes ejercen el poder público, pero no únicamente de estos, ya que existen inercias y resistencias que son difíciles de cambiar y revertir, y que además requieren de un cambio gradual, sobretodo porque conllevan la perdida de privilegios, prebendas, etc., de algunos cuantos y eso no es una tarea fácil de lograr; Hay que recordar que Roma no se hizo en un día…

Twitter @Keops_Torres

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