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Round de sombra

Luego del primer debate que sostuvieron los candidatos a la Presidencia de la República se puede concluir, entre otras cosas, que no hubo sorpresas y que todo transcurrió sin mayores sobresaltos.
Como se ha vuelto ya una estrategia en este tipo de encuentros proselitistas, los contendientes tratan, además de pretender posicionar temas de sus respectivas agendas, también se dan a la tarea de “golpear” al primer lugar de las preferencias, y el domingo anterior no fue la excepción.
Al igual que ha sucedido con otros debates, por la presidencia o por la gubernatura, el resultado del mismo influye muy poco en la forma de pensar del electorado. En todo caso, para lo que sirve es para conocer mejor a los candidatos y conocer su punto de vista en temas muy específicos. En conocer la postura que asumen o la prioridad que le pueden dar a ciertos temas. Posteriormente y en el tema proselitista y de marketing político cuenta mucho lo que hagan los asesores que en esa materia tengan los candidatos. Todos, sin excepción, se dirán los vencedores. Tal y como sucedió.
Andrés Manuel López Obrador llegó a la cita asumiéndose como el líder de la competencia. Con dificultad, pero capoteó la tormenta al momento de ser atacado, no se trenzó tanto, entiende uno que por estrategia y quedó a deber para dar a conocer la forma en que busca concretar sus promesas de campaña, los “cómos”. Se vio acorralado con el tema de la amnistía y provocó en propios y extraños que más de uno levantara las cejas con su propuesta de solicitar ayuda del Papa Francisco para buscar la paz en el país.
Ricardo Anaya se mostró como lo aparenta, el niño aplicado (“el nerd”) que se preparó para exponer en el salón. Fue el que evidenció mayor conocimiento del formato del debate. Tuvo suerte de que los demás candidatos dirigieron su puntería a AMLO. Le faltó más vehemencia al momento de defenderse sobre las acusaciones de lavado de dinero.
José Antonio Meade quizá fue quien más se esmeró en dar a conocer su visión de país, pero lo hizo con un gran déficit de emoción. Puso empeño además por venderse como un candidato honesto, pero de poco le sirve cuando la evaluación a Peña Nieto se derrumbó, sobre todo, por la pesada sombra del tema de corrupción. Por otro lado, el seguir asumiéndose como una opción ciudadana pone en riesgo el enganchar al voto duro del PRI. Pudo al menos asestar, con el tema de los departamentos, un buen golpe a López Obrador.
El Bronco terminó de darle la razón a todos aquellos que vieron en la decisión del Tribunal Federal Electoral de permitir que participara en la elección como una maniobra de Estado por quitarle votos al abanderado de MORENA. Hay que agradecer que puso la pimienta en el debate, pero después de eso su participación fue lamentable. Su ocurrencia de “mocharle” las manos a los que roban seguirá siendo fuente para la aparición de numerosos memes en las redes sociales.
Finalmente, Margarita Zavala fue todo una decepción. Le sentó bien el cambio de look pero sus continuos trastabilleos y el carecer de una propuesta que lograra diferenciarse de lo realizado por su marido, le restó. La pregunta sobre el hipotético matrimonio homosexual de uno de sus hijos terminó por ponerla fuera de combate. Esto podría explicar el por qué Anaya subió en los últimos meses en las preferencias, entre otras cosas, debido a que Margarita ha ido perdiendo adeptos que en algún momento la llegaron a colocar como puntera en el escenario de una eventual votación interna en el PAN para elegir a su candidato, cosa que finalmente y como es sabido, no se dio.
Después de todo lo más rescatable de este primer debate fue la oportunidad que tuvo el gran electorado del país por conocer un poco más sobre las propuestas y la visión de país de todos los candidatos. No se podrá decir que el resultado del mismo sea trascendente en términos electorales. En todo caso y utilizando una frase beisbolera que se utiliza cuando se iguala una serie: nada para nadie.

ladoscuro73@yahoo.com.mx
@ferramirezguz

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