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Salario ínfimo

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Nadie en su sano juicio puede creer que una familia viva con 2 mil 103 pesos al mes; tan solo los aumentos de la gasolina y de los peseros serán mayores que el incremento.

Enrique Del Val Blanco

El año que terminó esta semana ha sido uno de los más agitados en materia de salarios mínimos en varias partes del mundo. En Estados Unidos, la lucha que desde 2012 han dado los empleados de las compañías de comida rápida, supermercados y otros servicios ha puesto la discusión del incremento del salario mínimo como tema principal en la orden del día.
En ese país, el gobierno federal mandata un salario mínimo de 7.25 dólares la hora y que, según los estudios de varios investigadores, está muy por debajo de los 15 dólares que exigen varias organizaciones de trabajadores. El presidente Obama propuso al Congreso un incremento para que el salario mínimo llegara a los 10 dólares, pero su propuesta ha sido congelada por el Partido Republicano.
En la Unión Americana, los estados tienen facultades legales para determinar los salarios mínimos por lo que en algunos de ellos se incrementarán a partir del presente año, para quedar entre 8 y 9.15 dólares la hora, ante los hechos que están ocurriendo con las huelgas de trabajadores, principalmente de las llamadas empresas de comida rápida. Son 21 estados los que han tomado esta determinación y otros más estarán pasando legislaciones especiales a sus congresos para hacerlo; según los medios de comunicación, 29 estados en total, que representan el 60% de los trabajadores del país, contarán con salarios mínimos por arriba del monto fijado por el gobierno federal.
En México también vivimos momentos intensos en esta materia, sobre todo a partir de la propuesta audaz del jefe de gobierno del Distrito Federal, quien tomando en cuenta la situación tan precaria de los asalariados propuso un incremento del salario mínimo para llegar a 82.86 pesos diarios a partir de este año y que al término del sexenio alcanzara los 171 pesos diarios. Lo anterior con el fin de permitir a los trabajadores obtener lo que establece la Constitución: un salario digno y suficiente.
Adicionalmente, con el apoyo unánime de todos los partidos representados en la Asamblea Legislativa, se liberó a los salarios mínimos de funciones para las cuales no estaban hechos, creando para ello la unidad de cuenta, que será la que se fije para las decenas y decenas de leyes y reglamentos que exigen que los pagos se hagan en veces del salario mínimo. El gobierno federal también hizo una propuesta en este sentido, pero los senadores la congelaron.
El pasado mes de diciembre, la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos anunció que el salario mínimo para este año quedaba fijado en 70.10 pesos para la zona A y 66.45 para la zona B. El incremento para la zona A es de tan solo 2.81 pesos, lo cual significa que no habrá incremento real, condenando a la pobreza a miles de familias. Nadie en su sano juicio puede creer que una familia viva dignamente con 2 mil 103 pesos al mes; tan solo los aumentos de la gasolina y de los peseros serán mayores que el incremento.
En términos reales, los salarios en nuestro país han perdido más de 20 pesos en su poder adquisitivo de 1994 a la fecha, pero eso sí, el Banco de México está muy contento con el logro inflacionario, la estabilidad de precios y los 193 mil millones de dólares que tenemos en las reservas. Ojalá al menos 50 millones de mexicanos también estuvieran contentos con estos logros del neoliberalismo, que no ha entendido que mantener un salario mínimo escaso no impulsa el mercado interno. Incluso los vecinos del norte han calculado que el incremento al salario mínimo que han aplicado los 29 estados generará una demanda de artículos de consumo por más de 1,500 millones de dólares. Lo mismo pasaría en México si se hubiera atendido la propuesta del jefe de Gobierno de subirlo a 82 pesos; lo único importante que hubiera generado sería crecimiento de compras de bienes básicos, fundamentalmente alimentos.
Este tema de los salarios mínimos será cada día de mayor importancia en nuestro país y en el mundo, y dependiendo de cómo respondan los gobiernos será la reacción de la sociedad.

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