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Salarios Mínimos: La intención no es suficiente

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Hablar de la posibilidad de un aumento al salario mínimo se vuelve un tema complicado pues es indudable que actualmente los alrededor de $1,900 pesos son a todas luces insuficientes para llevar un nivel de vida decoroso, e inclusive para subsistir, sin embargo, desde el punto de vista económico no deja de representar una distorsión al mercado cuyas afectaciones también son claras.
Para empezar, hay diversas situaciones que deben aclararse para poder seguir con la discusión de un posible aumento al salario mínimo, en primer lugar, es una realidad que aquellas personas que perciben el salario mínimo son las menos en el país, actualmente alrededor del 10% de la población económicamente activa (PEA) y, de hecho, esas personas no forman, en su gran mayoría, parte de la población considerada como en situación de pobreza ya que no son los principales contribuyentes al ingreso familiar. Con una edad promedio de 24 años, las personas que reciben un salario mínimo diario son jóvenes estudiantes o recién egresados que buscan una oportunidad de entrar al mercado laboral para ganar habilidades y experiencia, oportunidad que, de darse un aumento decretado tan alto al salario mínimo como los que plantean algunas voces, se vería mermada.
Bajo ese mismo concepto, es importante aclarar que entonces la exigencia de la población en general no es en sí el aumento al salario mínimo, sino un aumento al salario promedio o al salario general que recibimos todos y cada uno de los trabajadores. Debemos darnos cuenta, sin embargo, que a pesar de las opiniones de algunas personas, no podemos ver al salario como un ente estadísticamente independiente de la productividad pues es esta última la que define los salarios en una economía de mercado como en la que nos encontramos, y plantear un aumento por decreto al salario mínimo sin impulsar la productividad no es más que pura demagogia.
Cuando los salarios se fijan por decreto y estos se encuentran por encima de la productividad marginal, se deja al sector productivo con 2 únicas opciones, ya sea disminuir la cantidad de gente empleada en el comercio buscando, por supuesto, contratar a la gente más productiva cuyas habilidades se apeguen a las esperadas para recibir ese salario impuesto, o reflejar el aumento en los costos variables de producción aumentando el precio del producto, lo que implicaría desempleo y la necesidad de destinar más de ese nuevo ingreso disponible a la compra de los productos, situación que de ser generalizada podría provocar inflación.
Con estas palabras no pretendo ser tachado de “neo-liberal” pero es importante demostrar que la discusión para un posible aumento del salario mínimo versa más allá de una simple disposición para hacerlo o de la posibilidad que haya empresas haciendo lobbying para evitarlo, pues al final, estamos hablando de un tema que puede afectar a la economía mexicana en su conjunto, no necesariamente beneficiando a los que menos tienen.

fcamposcardosa@gmail.com
@JFCamposC

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