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Se va, se va, se va…

Nuestro país siempre ha tratado de mantener la autonomía en los procesos electorales y ha ido más allá, hay fuertes restricciones para que intervengan los titulares del poder ejecutivo federal, estatal o municipal, así como funcionarios públicos.
La alusión que el presidente de Estados Unidos hiciera en materia electoral al revisar los prototipos del muro en la franja fronteriza con México, si bien fueron comentarios de poca trascendencia, no se vieron bien, no pocos analistas lo consideraron como una intromisión.
Por eso, extraña que la secretaria del Comité Ejecutivo Nacional del PRI Claudia Ruiz Massieu haya acudido a la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Nueva York a decir que el candidato del PAN esta señalado como presunto lavador de dinero.
No entendemos esta posición del PRI, acudir a un organismo internacional a señalar algo que ni siquiera las autoridades correspondiente (PGR) han demostrado, se supone hay un proceso de investigación aún sin concusiones, y si ya las hubiera, faltaría que el señalado hiciera sus promociones a través de su defensoría para demostrar su inocencia.
Lo menos que la oficina de recepción de denuncias, quejas o señalamientos le pudieron pedir a la señora Ruiz Massieu es que aportara pruebas documentales y dictámenes de las autoridades correspondientes para en su caso, y si es que es de su competencia, emitir una opinión.
Se supone que un ciudadano o una institución acuden a los organismos internacionales cuando han agotado los recursos constitucionales, cuando no hay apego al estado de derecho y se comete una arbitrariedad o se violan los derechos humanos, este no es el caso, desde nuestro punto de vista.
Hay señalamientos, hay denuncias, hay presunciones, hay investigaciones, hay intercambio de acusaciones, hay polémica, pero aún no hay legalmente nada, todo se inscribe en un contexto electoral, en donde los competidores quieren desplazar uno a otro de los lugares que ocupan en la preferencia ciudadana para ir escalando y posicionarse del primer lugar, y eventualmente, ganar las elecciones.
Así van las cosas en esto de la política electoral, Ricardo Anaya al regreso de un viaje por Estados Unidos en la madrugada, en el aeropuerto internacional fue recibido con gritos desganados por un puñado de mujeres que portaban carteles en su contra, a las cuales sin duda no los movía ninguna indignación, sino el pago de algunas monedas para llevar a su hogar. Como estrategia de golpeo nos parece muy burdo, como autogolpe, más.
Al candidato del PRI, le repercuten todas las acciones de gobierno, así, la decisión de que la policía revise a los ciudadanos en sus vehículos como una forma de combatir al crimen organizado ha resultado fuertemente criticada; luego viene una exoneración de la PGR al ex gobernador César Duarte por falta de elementos para ordenar su detención cuando el gobernador Javier Corral a documentado hecho ilegales relacionados con la corrupción y hasta lavado de dinero. Esta inexplicable decisión puede impactar en las preferencias electorales de José Antonio Meade y por supuesto, uno se queda pasmado con estas decisiones.
Desde nuestro punto de vista es necesario que se reconsideren estrategias, de nada les va a servir el encontronazo si se despega de ellos López Obrador con una distancia inalcanzable. La lucha PAN – PRI, Anaya – Meade, ha llegado a un momento que a ninguno de los dos favorece y los ganones son Margarita Zavala que crece y López Obrador que como dice el cronista de beis bol al narrar un Home Run, se va, se va, se va. Qué tontería. O no.

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