Loading

Segunda hoja de ruta…

Durante años los duranguenses nos acostumbramos a escuchar casi lo mismo cuando se trataba de los informes de gobierno, era como traducir, si no interpretar lo que el gobernador en turno pretendía decir a los ciudadanos. Cada año se escuchaba una narrativa similar a la anterior, todo estaba bien, eran los tiempos en que supuestamente cada año se rompía un record en el presupuesto estatal aprobado por el Congreso de la Unión.
El “gobierno del cambio” que encabeza el Dr. José R. Aispuro Torres ha inaugurado desde el inicio de su gestión con una nueva forma de gobernar, más cercano a la gente, más abierto, claro y sobre todo transparente. Anteriormente, el desempeño del gobernante era de tal manera, que guardaba distancia de la sociedad y aparecía con demasiada frecuencia acompañado de un grupo cerrado, así transcurrieron doce años.
Ayer escuchamos a través de la Radio y TV el 2° Informe de Gobierno de Aispuro Torres mismo que ya había sido entregado al Congreso Estatal, el Gobernador rindió su informe al Pleno del Congreso, escuchó los pronunciamientos de los diputados que fueron elegidos para tal encomienda. Igualmente, hubo espacio para escuchar: preguntas y cuestionamientos de las diversas bancadas ahí representadas.
Hasta ahora, no se conoce de otro gobernador que haya asumido el mismo comportamiento como lo ha hecho Aispuro Torres.
Este segundo año de gobierno ha sido muy fructífero para los diversos sectores, rescatamos el impulso de nuevas inversiones, la instalación de nuevas industrias y la ampliación de otras lo que ha impactado en el incrementos de nuevos empleos.
Hay muchos proyectos que se han encauzado, de los cuales, pronto conoceremos de sus resultados.
El informe de gobierno da cuenta detalladamente de las actividades realizadas las cuales podemos constatar, además, incluye un capítulo que incluye los movimientos de los recursos públicos aplicados en los diversos programas, así como el ejercicio de los montos asignados a cada uno. Hemos de subrayar que no se incrementó la Deuda Pública de Durango y que la deuda contraída se va pagando conforme fue renegociada.
El informe nos trae un mensaje de aliento y abre nuevas expectativas ya que el próximo Presidente de la República asumirá su mandato el 1° de diciembre.
A AMLO, la realidad lo obliga a rectificar.
Es un lugar común decir que una cosa es la campaña, donde todo se promete, y otra, toparse con la dura realidad de gobernar. A todos les pasa. No hay presidente que al año y medio no extrañe los días de campaña. Algún día dijo Blair y Fox decir a reporteros en una plática informal que los de campaña fueron los días más felices de ambos. Así que lo que suceda con López Obrador respecto a tener que ajustar sus dichos y promesas a la realidad, debe tomarse como algo normal.
El anuncio del Presidente electo López Obrador, de mantener a las Fuerzas Armadas en las calles para combatir a la delincuencia organizada, es, simplemente, una manifestación de sensatez. La inseguridad es uno de los mayores problemas que enfrenta el país, quizá el mayor, pues obstaculiza el desarrollo de una gran cantidad de actividades personales, comerciales, gubernamentales. Es cierto que los últimos diez años de su campaña, López Obrador se ha manifestado en contra del uso de las Fuerzas Armadas en el combate a la inseguridad. No solamente eso, se ha expresado con rabia y desprecio sobre la tarea de los soldados y marinos. Los señaló como asesinos, ejecutores de masacres y cosas por el estilo. Quizá sea el único candidato en la vida democrática de México que se haya expresado de esa manera sobre las Fuerzas Armadas. La propia constancia de López Obrador, su batalla sin descanso por ganar las elecciones y llevar a cabo un cambio en el país, han cambiado sus circunstancias y, en unos meses, será el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas. Esto significa que será él quien esté al mando de los asesinatos y masacres que cometan los uniformados, tal y como hasta hace unos meses pensaba el entonces candidato López Obrador.
Que López Obrador haya anunciado la continuación de la presencia militar en las calles en los lugares donde se requiera no debe verse como una claudicación, sino como una toma de conciencia de la dimensión del problema. Lo mismo aplica para el nombramiento que vaya a hacer de un militar en activo para estar al frente del Ejército.
Esta actitud de López Obrador debemos celebrarla, pues deja en claro que, a pesar de ser un hombre de ideas fijas, puede cambiar en sus decisiones. Es normal que un gobernante y su equipo, al entrar en funciones, lo hagan con sus prejuicios y fobias.

Comentarios: observatoriociudadano01@gmail.com
Twitter: jparreolatorres}
Blog: Juan Pablo Arreola Torres
Facebook: Juan Pablo Arreola Torres

Comenta con Facebook