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Si están solos, con que dolor lo aceptamos

Una de las cosas que se van perdiendo es la sensibilidad social. Nos hemos acostumbrado a la tragedia, nos vamos distanciando del estupor y del asombro. Se nos acaba la capacidad de reaccionar, de indignarnos, de protestar y lo más triste, de solidarizarnos con las desgracias de los demás.
Junto a esta pérdida de identidad humana, hay más situaciones terribles. Con las desgracias se lucra, se les saca ganancia inmoral y perversa, se manipula, se manipula y juega con las víctimas. Se manifiestan las impunidades, se expresan los influyentes, el estado muestra deterioro ético y moral, su falta de interés en la justicia, en la razón, en la verdad, en la legalidad.
A todo estos se le añaden quienes se ponen al lado del estado, una sociedad política a la casa de lo que sea canjeable, negociable, sin que importe la naturaleza de lo que sirva de mercadeo, se vuelven viles carroñeros hasta del dolor humano.
Están los que por dinero se venden y traicionan, son la encarnación del Judas dibujado por la iglesia, lo que es peor, los que defienden la perversidad por hambre, por necesidad, a cambio de una despensa que les durará tres días, pero también por escalar puestos y meterse al confort institucional.
Casos hay miles que podríamos citar, cuando menos uno por unos de los 21 mil desaparecidos que acepta el gobierno aunque las cuentas no cuadren. Los familiares de los desaparecidos se vuelven fantasmas que de vez en cuando recorren las plazas, las calles, se apostan en dependencias, intentan gritar, la fuerza los abandonado y solo se les escucha un quejido doliente y profundo que no logra ni siquiera producir una lágrima de los ojos que durante días, semanas, meses y años han llorado hasta secarse. Estos seres dolientes forman parte del escenario que se vuelve cotidiano, que no despierta interés ni nada.
Los ejecutados, los tirados en fosas clandestinas, los disueltos en ácido, los decapitados, los desmembrados, los colgados bajo puentes. Todo es parte de una trama diabólica en la que actúan diversos seres diabólicos, desde el que ejecuta, el que da órdenes, el que negocia, el que se beneficia, el que oculta, el que distorsiona, el que protege, todos los que participan en la danza de los demonios.
Ahí están desde las víctimas de Aguas Blancas, los muertos en el Casino Royal, los que fallecieron en las plataformas petroleras del golfo, los jóvenes ametrallados de Salvacar, las víctimas de los feminicidios, lo torturados en las cárceles mexicanas, los que no existen, los que no son, los que no se ven, los que no se escuchan, los que se esfumaron y nadie da razón de ellos.
Hoy se cumplen cinco años de una tragedia que dejó 49 niños muertos y más de 70 lesionados la mayoría con secuelas convertidas en marcas de por vida. Cinco años de indolencia, de complicidad, de engaños, de burlas, de mentiras, de monstruosidades hechas y dichas a los padres, madres, hermanos, abuelos a los que se les cercenó la vida.
La tragedia se olvida para solo quedarse en el rincón más profundo del alma de los dolientes que caminan solos.
A quienes piden justicia no los acompaña ni un comentario del prepotente comunicador, quizá una nota como avergonzada de aparecer en el periódico de las pingües ganancias y ventajosos convenios.
Ahí van los 49 niños muertos encarnados en sus madres, los 76 heridos que lograron sobrevivir en una lucha heroica contra la muerte y junto a ellos Molinar Horcasitas, exonerado por los magistrados y por los panistas, una exoneración que huele a “cochupo” y a terrible perversidad. La maldición de los padres de los niños no se le va a quitar Molinar, nos se la van a quitar los magistrados, ni los panistas con su poder ni la podrá lavar Molinar con el dinero que recibe quincena a quincena de nuestros impuestos.
Esta columna va por quienes su dolor se convirtió en una lucha contra el estado y se perdió porque los dejamos solos, porque no los acompañamos, porque los olvidamos, porque nos invadió el desinterés, porque nos distrajeron las telenovelas y los artistas gratuitos.
Porque nos llenaron y nos siguen llenando la cabeza de futbol y la selección nacional se vuelve más importante que el ser humano, porque se afanan por qué no pensemos, ni meditemos, ni reflexionemos y nos alejemos de nuestra esencia humana y nos convierten en cosa que ve y aplaude y su única indignación es que fallaron el penalti.
Cinco años han pasado del la guardería ABC, nosotros nos negamos a sacarlos de nuestras vidas, nos negamos a olvidar a las familias de los desaparecidos, de las mujeres asesinadas. Nos unimos a quienes sufren lo indecible y desde aquí gritamos justicia malditos, queremos justicia. O no
Jenep_55@hotmail.com
Twitter: @ajua011

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