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Qué sigue después de aprobada la Ley de Seguridad Interior

Finalmente el H. Congreso de la Unión por mayoría priista y sus aliados aprobaron la Ley de Seguridad Interior (LSI). No se abrió el diálogo con las organizaciones sociales como lo había prometido el presidente de la república, tampoco con los académicos, ni con los defensores de los Derechos Humanos, tampoco con los organismos internacionales. Creemos que se aprobó una ley sin consenso social que entraña un alto riesgo social y retrocede la incipiente, pálida y endeble democracia mexicana.
Estudiosos y expertos en la materia, con visión sólida del riesgo que esta ley representa, (obvio decir que son personas que saben hablar y leer), fueron excluidos del debate por quienes ni hablan bien, ni leen.
El debate en las cámaras se dio entre los bloques opositores y los que apoyan lo que envíe el gobierno, así sucedía con los diputados del PAN cuando tenían el poder y eran sumisos al gobierno foxista o calderonista, no olvidemos que los panistas estuvieron de acuerdo con el inicio de la guerra contra el narcotráfico que se ha traducido en tragedia nacional.
Los diputados no votan según su punto de vista, se les imponen criterios y acatan la línea. Esa sumisión también ocurre en los congresos locales, la verticalidad avasalla la libertad de pensamiento.
Las opiniones de los organismos sociales no pudieron confrontarse con nadie, nuestra percepción es que el gobierno se negó a debatir en forma amplia. Sorprende escuchar a una diputada del PRI asegurar que el debate estaba abierto desde hace un año y que nadie hizo propuestas.
Será a criterio de los gobernantes en el poder que se solicite la intervención del Ejército para sofocar cualquier expresión de inconformidad que consideren atente contra la seguridad nacional.
En una retrospectiva, e imaginando hipotéticamente que esta ley hubiera existido antes, el ejército habría procedido por órdenes presidenciales contra el plantón de Reforma que realizaron los simpatizantes de López Obrador en el 2006, o contra la lucha de los electricistas cuando se inconformaron por el cierre de su fuente de trabajo, o contra la CNTE que aún se oponen, no a la Reforma Educativa, sino a la manera como fue estructurada, o a las protestas de los padres de los 43 normalistas rurales de Ayotzinapa desaparecidos, y a otras muchas luchas sociales más que no solo hubieran sido sofocado, con la violencia institucionalizada, también estarían presos activistas, quizá algunos muertos.
La nada descartable protesta social en contra de un posible fraude electoral podrá ser considerada un atentado a la seguridad interior del país y proceder con toda la fuerza del Estado contra ella; otros movimientos que surjan al margen de los procesos electorales, la libertad de expresión, de protesta, podrán ser aniquilados. La lucha social queda inhibida y con ello las garantías constitucionales que a lo largo de la historia se han conseguido con no pocos esfuerzos.
Por qué no nos convence la Ley de Seguridad Nacional, hay varios factores, enumeraremos solo algunos: nos sigue pareciendo sospechoso que haya sido aprobada en la agonía del actual Gobierno Federal, que la hubiera aprobado el bloque de diputados de partidos sin credibilidad y prácticamente nula confianza, que no hubieran presentado una argumentación seria y convincente no a los ciudadanos que finalmente sentimos que no contamos, sino a los organismos nacionales e internacionales que la impugnaron.
Después de la aprobación de la LSI qué sigue… esperar que todos nos equivoquemos y el Gobierno Federal, sin atentar contra las garantías y derechos constitucionales y humanos de los mexicanos pueda detener la violencia.
Por otra parte, bajo alto riesgo, se expresará la lucha social. Las causas de la protesta están vivas y se recrudecen, salarios de miseria, salud mal atendida, el aumento de la corrupción y la impunidad, los asesinatos a periodistas y defensores de los derechos humanos, jóvenes sin alternativas y quizá la imposibilidad real de que los ciudadanos elijamos a nuestros gobernantes, qué horror. Si esto llega a suceder, qué horror. O no.

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