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Siguen complicándose las cosas; ¿y aquí? Donando lo ajeno

Ángel Verdugo

Las noticias acerca de la elección de hace tres días en Alemania, aun cuando la Sra. Merkel obtuvo su cuarta victoria consecutiva y tercera reelección, son para preocuparse, cuando menos.
El ascenso electoral, reflejo directo de su ascendencia en amplios grupos sociales de aquel país, llevó a un partido de la ultraderecha (Alternativa para Alemania) a formar parte del Bundestag, lo que no se veía desde la Segunda Guerra Mundial. Además, lo hacen con una votación no menor —el tercer partido más votado, 13% de los votos—, que les dará poco menos de 100 escaños.
A esta nueva realidad debe agregarse la debacle histórica del Partido Socialdemócrata, que pasó de los 193 escaños y 25.7% de la votación en el año 2013, al actual 20.6% y 149 escaños. Es de tal magnitud la debacle de los socialdemócratas, que decidieron no ir en coalición con la Sra. Merkel e irse a la oposición.
La Sra. Merkel a su vez, deberá integrar una coalición tripartita; a los Demócrata Cristianos y Social Cristianos, deberán aliarse los Verdes y los Liberales; esto, con el fin de poder formar gobierno.
El reparto anterior de escaños, cosa natural en los regímenes parlamentarios, parece ocultar o desdibujar una nueva realidad donde, un partido claramente racista y xenófobo, Alternativa para Alemania, que se encuentra más a gusto con Trump, los promotores del Brexit y los populistas antiinmigrantes europeos como los gobernantes polaco y húngaro, será una fuerza de consideración. De la marginalidad de ayer, a la fuerza en el parlamento.
Lo que se esperaba como una victoria clara de la Sra. Merkel, que habría permitido consolidar el eje franco-alemán y oponerse a la visión aislacionista, abiertamente racista y contraria al libre comercio de Donald Trump, empieza a generar dudas. La suerte de la alianza entre dos europeístas —el presidente Macron y la canciller Merkel— es hoy, en tanto no se demuestre lo contrario, un proyecto más que una realidad.
Ante la situación creada por los resultados comentados, muchos podrían preguntarse acerca de la necesidad de estar atentos a ese proceso de debilitamiento o consolidación, de la alianza entre Francia y Alemania. Sin embargo, si tomamos en cuenta la posición del gobierno mexicano en favor del libre comercio y contraria al aislacionismo que promueve el gobierno de Estados Unidos, quizás se entienda por qué debemos seguir atentamente dicho proceso.
México no es, ni con mucho, un actor de primer orden en la escena internacional; de ahí la necesidad de asociarnos con países que compartan la visión y modelo de desarrollo que hemos aplicado desde el año 1987. Hoy, México ya no debe confiar más en que Estados Unidos —con Donald Trump como presidente—, seguirá promoviendo y defendiendo el libre comercio y la interdependencia económica.
Pensar que cabemos en una alianza con un país que ha hecho de un eslogan cursilón y aislacionista su guía, como es America First, es una verdadera ingenuidad.
No podemos, por más esfuerzos que hagamos, borrar de un plumazo la vecindad y el volumen de intercambio comercial con Estados Unidos; en consecuencia, debemos por el momento contemporizar con los que están contentos en un aislamiento de ermitaños e ir construyendo poco a poco, de manera sostenida y firme, las bases de una nueva relación, tanto con Estados Unidos como con otros socios comerciales en el resto del mundo.
De ahí que la situación que enfrentarán Francia y Alemania nos debe interesar.

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