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Silogismos

Quienes afirman que todo lo malo acaecido en nuestro Estado se debe a un solo culpable, el PRI, me recuerdan a ese viejo proverbio chino que dice “cuando el sabio señala la luna, el tonto se limita a mirar el dedo”… dicho adagio permite ilustrar lo que a mi parecer denota uno de los más grandes errores que como sociedad estamos cometiendo hoy en día.
Y es que después de los cientos, quizás miles de escándalos donde figura nuestra clase política y entre los que sobresalen la famosa bodega de Javier Hernández o el actuar de Apolonio Betancourt al frente del Poder Judicial; el pensamiento colectivo de la ciudadanía, ha caído en lo que los clásicos llamarían falacia Ignoratio Elenchi, es decir un razonamiento que tiende a probar el punto equivocado, para “distraer” la atención de un asunto particular, hacia otro punto que puede o no estar relacionado. Dicha falacia representaría a ciencia cierta, el derrumbe de un sistema por el que por muchos años se ha derramado sangre, sudor y lágrimas.
Lo que intento decir es que por actos como los mencionados con anterioridad, los duranguenses han colocado como enemigo número uno a los Partidos Políticos, especialmente al Revolucionario Institucional, un error garrafal, pues ¿En qué democracia, medianamente consolidada, se piensa que los partidos políticos son enemigos del pueblo?, esta pregunta viene a colación por la serie de comentarios negativos que día con día podemos encontrar tanto en las redes sociales como en las pláticas de café, dichas aseveraciones no hacen más que abonar al descredito de uno de los cimientos primordiales de todo sistema democrático, los Partidos Políticos (sin distinción de colores).
El resultado de este silogismo es evidente, en una encuesta realizada por Consulta Mitofsky apenas el año pasado (2015), muestra como de 17 instituciones medidas quienes se encuentran en los niveles más bajos de confianza están la presidencia de la República (5.7); los sindicatos (5.4); senadores (5.3); los policías (5.3); diputados (5.2) y la más baja de todas la obtienen, sí como lo imagina, los partidos políticos (4.9).
Si bien es cierto que muchos de nuestros representantes populares provienen de un partido político, no debemos mirar el dedo, sino a la luna, pues el verdadero problema, no son los partidos, sino la corrupción, esa que se agazapa no sólo en el PRI, PAN, o PRD, sino en todas las recónditas grietas del Estado Mexicano y ante las cuales, no se ha ofrecido una solución factible y dura que extirpe este cáncer de toda institución.
A pesar de sus deficiencias, no debemos olvidar que los partidos políticos son actores fundamentales en el contexto de un sistema representativo democrático, son reconocidos como uno de los espacios por excelencia, de expresión, representación y procesamiento de las demandas de los ciudadanos; son considerados al mismo tiempo como eje central del Estado democrático moderno, ellos no son el mal, sino la posible cura.
Muchos estudiosos han mencionado la importancia de los partidos políticos como actores legalmente instituidos que interactúan entre el Estado y la sociedad, si bien no son el único medio de expresión social, si se han convertido en medios legítimos hasta hoy para la expresión y procesamiento de demandas ciudadanas. Los antecedentes históricos muestran que las democracias en el mundo han logrado mantenerse y permanecer precisamente sobre la base de la existencia de partidos políticos sólidos, es así que los sistemas democráticos se fundan, fortalecen y reproducen sobre la base de sistemas de partidos.
Así que para aquellos que se alegran de las crisis que viven muchos de estos, particularmente el del tricolor, me permito sugerirles lo replanteen, pues la alternativa no es la desaparición o debilitamiento de éste o cualquier otro partido, sino más bien su fortalecimiento y democratización, pues todos deben abrirse a la ciudadanía, dejar a un lado las copulas de poder y transparentar su vida interna, en otras palabras, deben consolidarse como auténticos entes representativos de los ciudadanos, expulsar todo tipo de acto ilícito y purificar sus filas, sólo entonces quizá dejaremos de mirar el dedo y comenzaremos a ver la luna.

Facebook: Edgar BC
Twitter: @edgar_olafbc

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