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Un Congreso prejuicioso y excluyente


La ONU ha sido la principal promotora de los derechos de género y manifestó su beneplácito ante la posibilidad de que el matrimonio igualitario fuera reconocido en todo México, en respuesta la mayoría de los diputados locales en Durango mostraron una mentalidad muy pobre y prejuiciada al votar en contra esa iniciativa que le daría certeza jurídica a quienes hubieran sido beneficiados.
El discurso político de respeto a los derechos de las minorías no ha pasado de eso, en la vía de los hechos la discriminación y la exclusión están vigentes, circunstancia que se hace aún más agresiva para la sociedad porque proviene precisamente de los órganos del estado ya que hacen legal marginar a un sector de la población de la posibilidad de ejercer un derecho.
Durante años se ha repetido que Durango es conservador y tradicionalista, con el tiempo la gente se ha convencido de eso, en la mentalidad colectiva hay un gran temor a los cambios, esa es una de las causas del rezago que se manifiesta en la cultura cívica, ya no digamos en relación a otros países, basta tomar como referencia a las demás entidades de la República para darnos cuenta dónde estamos ubicados, sí vamos a la vanguardia o estamos atrasados.
Se fue la ultraderecha del poder y el Congreso del Estado tiene la posibilidad de actuar con mayor libertad y estos son los primeros resultados que muestran, ese es el problema de la falta de responsabilidad social que tienen los partidos políticos al elegir candidatos a diputados, precisamente porque pueden ganar y llegar con esas carencias de entendimiento a hacer leyes.
El debate del matrimonio igualitario debe ser libre de prejuicios y de conceptos morales o religiosos, debe abordarse desde la perspectiva del derecho que es en lo que termina convirtiéndose el proceso legislativo; Durango difícilmente podrá superar los retos del siglo XXI si sus leyes siguen inspiradas en creencias descontextualizadas que excluyen en vez de integrar a la sociedad.
Seguir actuando de la misma manera que se ha hecho siempre, seguir resistiéndose a los cambios globales que forman parte de la evolución humana es negarse la oportunidad de progresar culturalmente y en consecuencia, Durango seguirá estancado y obteniendo los mismos resultados parciales.
Para que haya cambios trascendentes son necesarios líderes políticos con altura de miras, que tengan la capacidad de imaginar y construir una sociedad integrada, motivada y progresista que vuelva a creer en sus propias capacidades, que supere el miedo a fracasar y no deje de intentar superar sus retos.
Durango es la suma de todo aquello que se ha hecho hasta ahora, de las leyes que se han promulgado, de las instituciones que se han creado, de la decisiones tomadas, de la honestidad con la que se actúa desde el poder y de los esfuerzos cotidianos de una sociedad que no tiene la mínima idea de hacia dónde va porque sus líderes nunca les han dicho cuales son los objetivos y mucho menos los han convencido para que los acompañen a cumplirlos.
La cultura del éxito y la calidad de vida se construyen sobre la mentalidad con la que se actúa y son precisamente las sociedades más avanzadas aquellas donde los derechos humanos y la dignidad de la personas no entran a debate, precisamente porque se da por sentado que los derechos son para ejercerse sin restricciones ni prejuicios, en fin, hay un mar de diferencia entre la calidad de una legislación humanista y progresista en relación al marasmo de leyes contradictorias, prejuiciadas y de poca utilidad social que el Congreso del Estado le ha dado a los duranguenses para definir su forma de vivir, tomar sus puntos de referencia y establecer su visión del desarrollo.