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¿Federalismo o centralismo gubernamental?


En la vía de los hechos México es una república centralista, todas las decisiones trascendentes para los estados se toman en la capital del país, el federalismo se ha convertido en un mito contrastante con lo que dice la Constitución; los gobernadores no comprenden que representan el poder ejecutivo de “Estados Libres y Soberanos”.
El sometimiento al Gobierno Federal, que en coherencia jurídica y política deberían legislar para llamarlo Gobierno Central, está retrasando mucho el desarrollo de las potencialidades del territorio y de la gente en las entidades de la república, por la sencilla razón que han sido gobiernos de muy baja calidad y sus fracasos están arrastrando a todo el país.
Una de las grandes ventajas del federalismo real se observa en Estados Unidos, a los gobernadores no les interesa mucho lo que haga o deje de hacer Donald Trump desde la Casa Blanca, por la sencilla razón que ellos cuentan con instituciones y legislaciones igual de fuertes que las del Gobierno de la Unión, por lo que pueden construir sus propios proyectos, incluso contrarios a los del presidente, como se ha mostrado con la legalización de la mariguana en la mayoría de los estados, contraponiéndose a las leyes federales y no pasa nada.
En los últimos años se creó el concepto “Armonización Legislativa” que no es otra cosa que copiar la legislación federal para hacer las leyes en los estados; si tomamos en cuenta que el Congreso de la Unión no se caracteriza por crear leyes coherentes y funcionales, las legislaturas estatales lo único que están haciendo es replicar los errores en vez de corregirlos.
Por ejemplo, las leyes y el sistema educativo federal son de las peores del mundo y en los estados se aplica tal cual, con todo y que los resultados, midiéndolos en costo-beneficio, simple y sencillamente son desastrosos, ya que es un proyecto que evidentemente está diseñado para fracasar.
Durante la estancia panista en Los Pinos los gobernadores optaron por la rebeldía personal ante el gobierno federal y no por el fortalecimiento de las instituciones y el sistema legislativo de sus estados; las cuales ahora son más débiles que entonces porque en décadas no han evolucionado, ya que lo único que les cambian son los nombres de las dependencias.
Las leyes, las instituciones y la políticas públicas, incluso los sistemas de gobierno, empiezan a mostrar que son obsoletos cuando se perciben con una estatura pequeña en relación a la problemática que tienen que resolver y eso es precisamente lo que se observa en el contexto nacional y en los escenarios estatales; ni siquiera estados desarrollados como Nuevo León, Jalisco o Querétaro están creciendo al ritmo que deberían por la infuncional legislación federal y las políticas erróneas que propicia.
La falta de un sistema federal real, está perjudicando gravemente el crecimiento económico y el desarrollo humano y social, que en este país se siguen conceptuando como regalar despensas, dinero, láminas de cartón y hasta uniformes escolares; el atraso en innovación gubernamental es terrible, nuestros resultados están al nivel de muchas “Repúblicas Bananeras”, hace tiempo que dejamos de ser el líder de América Latina y en las evaluaciones internacionales nos caracterizamos por obtener los últimos lugares.
El centralismo de facto está ocasionando que las limitaciones y carencias se generalicen, que se extiendan a todo el territorio, que los aciertos o errores de un puñado de personas tengan consecuencias en toda la nación, precisamente porque los estados no tienen legislaciones e instituciones fuertes, modernas y coherentes con la realidad que les permitan contener esos impactos y a la vez cumplir exitosamente los objetivos para los que fueron creadas.
Es difícil cumplir retos trascendentes cuando no los hay, los errores se siguen cometiendo una y otra vez porque se aplican soluciones que ya fracasaron en el pasado, basta observar la política energética, que no es más que el mismo catálogo de equivocaciones que se cometieron en la década de los 70ś, con la diferencia de que PEMEX no estaba tan saqueado, había más reserva petroleras y el crudo tenía el doble de demanda internacional.
Si no se avanza hacia el federalismo, fortaleciendo las instituciones y las leyes estatales, innovando y creando métodos y objetivos distintos a los del Gobierno de la República, los estados seguirán subordinados a los pocos aciertos y a las muchas equivocaciones de las políticas nacionales, lo cierto, es que con este sistema de gobierno que se agotó a finales del siglo XX es absurdo creer que se puedan superar con éxito las complejas condiciones del mundo actual; la realidad nos está indicando que no se puede.

@ernestoescobosa