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De gobierno, innovación y humanismo


Los gobiernos en México atraviesan por una crisis de credibilidad que en los últimos años los ha mantenido en el descrédito; desde la administración federal a la del municipio más modesto del país, la constante está siendo la falta de objetivos claros que definan hacia dónde se deben dirigir los esfuerzos.
Los puntos de referencia social para evaluar un gobierno están siendo la corrupción y el monto de la deuda con la que se entrega la administración pública.
Y es entendible, porque nunca como ahora la ciudadanía había tenido tanto acceso a la información, por lo que en consecuencia, cada vez es más participativa y demandante.
Durango, México y el mundo están cambiando muy rápidamente y se siguen utilizando soluciones que ya han fracasado en el pasado; el sistema de instituciones poco ha variado desde la etapa posrevolucionaria, tal vez los elementos más destacados fueron los intentos por ciudadanizar los órganos electorales y las instituciones públicas de defensa a los derechos humanos.
En el ámbito de la innovación es evidente que los gobiernos no han hecho mucho para estar a la altura de las nuevas realidades del siglo XXI, al grado tal que las reformas estructurales que fueron planteadas a principios de los noventas para que México pudiera adaptarse en un mundo económicamente globalizado se aprobaron con 20 años de retraso, dejando de nueva cuenta al país descontextualizado para ser competitivo como una economía emergente y más aún ahora que llegó a la “Casa Blanca” un presidente proteccionista que tiene la intención de cerrar sus fronteras al intercambio comercial y a la migración ilegal.
La problemática que afecta a los gobiernos y ciudadanos no es fortuita, es el producto de los errores acumulados y de las malas decisiones que se han tomado a lo largo del tiempo, la realidad deja claro que este modelo gubernamental cada vez tiene menor capacidad para obtener éxitos.
Con la actual organización política, económica y social es imposible que las cosas funcionen, en prácticamente todos los ámbitos los resultados van de la mediocridad al fracaso, no hay ningún modelo de institución digno de ponerlo como ejemplo a seguir; educación, seguridad, empleo, salud, agricultura, industria, deporte, transparencia, justicia, derechos humanos, ¿En qué nuestros gobiernos están siendo destacados? Culturalmente existe la tendencia a negar y justificar los errores y mientras esa mentalidad no cambie no habrá capacidad de corregir todo aquello que no funciona.
Se debe reflexionar sobre los gobiernos que tenemos y los que necesitamos para poder obtener resultados que satisfagan las necesidades y demandas de una sociedad que no tiene muchas opciones y oportunidades para prosperar por medio del esfuerzo individual  y colectivo, partiendo de que no puede haber desarrollo social si este no está sustentado en el crecimiento económico.
El modelo gubernamental vigente es producto de un pacto social basado en la desconfianza de unos hacia otros, cada vez más rígido y acotado por complejas normativas que dejan un escaso margen para la innovación, la aplicación del criterio y la creatividad de los servidores públicos.
Es necesario hacer del factor humano el principal activo de los gobiernos, las instituciones ya no necesitan de jefes que llegan a aprender después de haber participado en una campaña electoral, sino de líderes que tengan la capacidad de estimular las potencialidades de sus colaboradores, de motivarlos y hacerles sentir su valía por tener la oportunidad de servir a los demás; cada vez se hace más necesario establecer un Servicio Profesional de Carrera.
Los gobiernos humanistas están siendo los más exitosos en todos los aspectos, son funcionales política, económica y socialmente; es necesario aprender de las experiencias exitosas para poder crecer y obtener mejores resultados que impacten a la sociedad poniendo como centro de los esfuerzos el desarrollo humano y el bienestar de las personas.
“Nadie puede dar lo que no tiene”, por lo tanto se debe crear una identidad de gobierno que tenga una visión y misión renovadas, que redefina sus objetivos y motive a sus funcionarios y empleados para que trabajen por un estímulo superior al simple hecho de cobrar un sueldo durante seis o tres años.
Para impulsar la transformación de la sociedad se debe empezar por modificar el modelo gubernamental que ha propiciado los resultados que hasta hoy hemos obtenido, a cada quien le corresponde juzgar si son los adecuados o es necesario replantear los objetivos, así como los métodos y la mentalidad de los servidores públicos para lograrlos.
Los gobiernos de alternancia siempre tendrán mejores condiciones que los de continuidad para desarrollar esquemas innovadores que les permitan hacer de las capacidades humanas su principal activo para cambiar los referentes políticos, sociales y económicos que obstaculizan el desarrollo.
Los grandes retos de Durango no se han podido superar en décadas con el modelo de gobierno tradicional, en consecuencia se tiene la oportunidad de impulsar nuevas dinámicas que propicien que los servidores públicos saquen lo mejor de ellos mismos a través de su trabajo cotidiano, de su motivación para ser factores de cambio y facilitadores de los esfuerzos de los duranguenses.
Lo deseable es que los nuevos gobernantes tengan un equipo de colaboradores y no de competidores con agenda y discurso propio, este es un buen momento para avanzar más allá de los límites a los que llegaron los gobiernos anteriores, de romper paradigmas y superar los prejuicios que nos han llevado a creer como sociedad que el crecimiento económico y bienestar social seguirán siempre lejanos; se puede ir más allá y hacer de la alternancia una transición hacia un modelo de gobierno innovador y humanista en el que la vocación, el talento y la creatividad de los funcionarios sean el factor más importante para definir los resultados, incluso más que los presupuestos, ya que al final de cuentas la convicción y la voluntad de las personas siempre tendrá más valor que el dinero para provocar los cambios que Durango necesita.

@ernestoescobosa