En el PRI, cuántos están dispuestos a cambiar, difícil saberlo


En la última década, el termino federación, del latín federatio (unión) sobre el que se levantan los Estados Unidos de Mexicanos, ha resultado un acuerdo más eficaz para el latrocinio que para combatir la violencia o las desigualdades. Al menos 17 gobernadores que han ejercido el cargo en los últimos diez años en México, están fugados, encarcelados o investigados. Así inicia el artículo que aparece en el periódico español “El país” al que tituló, “La corrupción de los gobernadores sacude México y cerca a Peña Nieto”.
Negar lo que el periódico “El país” dice es absurdo, intentar ocultarlo, omitirlo o callarlo ya es ridículo, los casos de corrupción terminarán por predisponer a los ciudadanos para emitir su voto este año, sobre todo en el Estado de México, en donde según las encuestas, no será su voto ni para el PRI ni para el PAN.
Ante este lastre ignominioso que arrastra el PRI y del cual tiene toda la responsabilidad política e histórica, que hacer en un momento crucial en que se juega no solo perder el poder que ha tenido y mantenido con o sin la Presidencia de la República, está en juego su propia existencia.
El PRI necesita pensar diferente, hablar diferente, actuar diferente, asumir su responsabilidad de frente a la nación, proponer un país diferente, generar un rol político, económico, social, cultural y moral diferente, no en palabras, sino en hechos. Quizá para hacerlo ya no le alcance el tiempo, y lo más grave (para ellos), todo indica que no les interesa hacerlo.
Creo que quienes son estrategas del gobierno federal, que es lo mismo que del PRI, les falló el cálculo, cuando menos, nos parece que deteniendo corruptos o narcos creyeron que se reposicionarían electoralmente, pero se les está revirtiendo, porque no es el hecho, sino el contexto de cada uno de los casos de corrupción, delincuencia e impunidad, y el contexto es de estrecha vinculación con el poder político emanada del PRI, tolerado por el PRI, y acallado por el PRI.
No es un ataque, ni una agresión, ni calumnia contra este instituto político, es una realidad que estremece y nos fue llevando a que en lugar de construir un país pujante nos convirtiéramos un país señalado como violador derechos humanos, primeros lugares en feminicidios, corrupción, impunidad, tortura, con calificaciones internacionales vergonzosas en materia de salud social y educación, de esto, es culpable un estado mexicano en donde el PRI ha tenido una relevante participación.
El PRI no solo necesita un exorcismo para que se le salgan los demonios y no anden sueltos, necesita un diálogo con México, asumiendo sus errores, aceptando sus yerros, reconociendo sus aberraciones, intentando reconstruirse y reinventarse, no con tontas ocurrencias de mercadotecnia sino con nueva visión y propuesta.
Pero el PRI tiene toda su existencia haciendo lo mismo, décadas y décadas pensando igual, lo más grave, empeorando. Convertido en un partido, como todos los demás, que apuntalan a un sistema oligárquico que toca fondo y que solo sirve a la clase imperial política y a gran capital, nacional o extranjero.
Cuántos priistas saben que tiene que dar un viraje de 360 grados, que son conscientes de que su vida útil se acorta, muy difícil saberlo, ni siquiera si hay grupos fuertes que estén dispuestos a lanzar una propuesta de cambio, lo qué sí sabemos, es que los grupos más poderosos no quieren moverse ni un milímetro, lo que está sucediendo en estos momentos en el Estado de México es más que claro. O no.