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La mujer en el trabajo


Hoy abordaremos el último tema que expusimos con el personal del INEGI en el Día Internacional de la Mujer, relacionado al rol de las mujeres en la actividad productiva.
Un tema crucial es el trabajo, la actividad laboral remunerada y la no remunerada, el reconocido y el ignorado. Así van las mujeres, corriendo de la oficina a la cocina, de la junta a la despensa, de la programación de actividades a la atención familiar. El trabajo se convierte en supervivencia, la mujer objeto de explotación e incomprensión y hasta de castigo social.
La mujer históricamente relegada de la actividad laboral y productiva, el sistema capitalista las destinó un rol en la llamada familia nuclear, reponer fuerzas con la atención sumisa y abnegada al varón. Su rol ha sido el hogareño, destinada al lugar histérica e históricamente marginal que se reduce a reparar las fuerzas del compañero para que rinda lo más posible en el trabajo y el cuidado de los hijos.
El crecimiento poblacional, la diversificación industrial, la crisis económica, el avance académico, fueron integrando a la mujer al proceso productivo, hoy, su participación es relevante, ocupa prácticamente todas las actividades de las ramas productivas.
Hay áreas cuya actividad laboral descansa fundamentalmente en las mujeres. Ciudad Juárez copto mano de obra femenina de todo el país en las maquiladoras, la mano de obra barata que requerían las empresas extranjeras.
Pero hay otras mujeres que tienen un trabajo marginal aparte del hogar, las trabajadoras informales, las artesanas indígenas con su mercancía “banquetera”, otras son, las que venden productos de lo más variado casa por casa, hacen contactos, crean redes de venta, luchan por llevar ingresos a su hogar con cero seguridad social, ni derechos laborales, hablamos de muchos miles, quizá de millones de mujeres.
La luchas por la igualdad jurídica, laboral y de oportunidades está aún muy lejos de lograr la equidad. La mujer sufre acosos, desde el sexual hasta el de la exclusión en las oportunidades, en los horarios, en los salarios y en el de las condiciones de trabajo que llegan a ser insalubres y peligrosas.
Recordemos como el temblor de México en el 87 descubrió a las costureras que hacinadas en los llamados talleres, sin ventilación, si servicios sanitarios suficientes, con salarios infames, horarios excesivos, en condiciones de practica esclavitud asombraron al mundo.
Hoy, esas trabajadoras siguen igual, quizá con mínimas mejoras, pero en los esencial es un trabajo semi esclavizado y como ellas muchas, como las que trabajan en la pizca de tomate en Sinaloa o de aguacate y limón en Michoacán, de mango en Guerrero o de la fresa en Irapuato.
Por actividades iguales el varón suele ser mejor pagado y los ascensos escalafonarios son para él más accesibles que para ella, la ley laboral es para ambos, pero su ejecución no, la mujer se enfrenta a burocratismos, a “tortuguismos”, a negligencias, a corrupciones a machismos y en no pocos casos se les pone como condición favores sexuales o asistir a las “fiestecitas” de sus jefes a cambio de que se respeten sus derechos laborales y humanos.
No pocas veces la mujer trabaja con sustancias toxicas que le acortan la vida y le producen enfermedades graves e incurables en la piel. En Durango, una maquiladora manejaba tintes para telas que afectaron la piel de las trabajadoras, ni guantes de látex les habían proporcionado, las autoridades no hicieron nada, la denuncia fue acallada y las trabajadoras denunciantes despedidas.
En las relaciones laborales la mujer va en el cabus, hace unas semanas la PGR pidió disculpa pública por haber tenido presas durante casi cuatro años a tres indígenas acusadas de haber secuestrado a seis policías federales. El Problema se originó porque defendieron la mercancía que vendían, fue una arbitrariedad brutal que está ligada a un trabajo marginal, el que hacen las mujeres indígenas.
La lucha de las mujeres por alcanzar puestos escalafonarios es durísima: ser académicamente preparadas, tener cultura general, someterse a exámenes tortuosos, remontar ambientes de trabajo adversos, sin contar por supuesto su problemática familiar que muchas veces no es poca cosa.
No obstante, la mujer se abre paso, su lucha es tesonera, no se rinde ante la adversidad, se va creando identidades más sólidas, conquista espacios laborales, defiende sus derechos. O no.