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La política y el arte en tiempos de crisis


Creo que en momentos difíciles no hay mejor salida que el arte y la cultura, lamento quienes tienen como centro de sus vidas la política y el poder y sean ajenos a la creatividad.
En tiempos de crisis casi total debe ser algo muy difícil sobrellevar la actividad política, los políticos inmersos en el recelo, protegerse las espaldas, la detección del próximo ataque, esperar la jugarreta sucia, el puñal traidor, remontar las descalificaciones y calumnias o urdir las correspondientes.
Nos imaginamos que esto produce particular segregación de adrenalina, similar a la del corredor de autos que conduce a 300 kilómetros por hora, o al alpinista que asciende a más de cuatro mil metros de altura por voladeros impensables, o el explorador del ártico o del fondo del mar en condiciones extremas. Solo así se entiende la actividad política en tiempo de crisis, aunque esta siempre se ha desenvuelto en contextos de golpeo por la espalda, traiciones y conjuras, unas veces se es victimario, otras víctima, así ha sido desde el inicio de la política ligada al ejercicio del poder.
La sensualidad del poder debe de ser única no solo por las fortunas que genera, sino por la capacidad de mando; quien está en esta situación se convierte en becerro de oro, con adoradores, con sumisiones, incondicionales y en medio de luminarias.
El poder es una adicción que se puede transformar en perversidad, tan peligrosa como la que se produce con drogas duras. En la búsqueda, obtención y conservación del poder, se es capaz de todo, incluso más allá del dinero. Se imaginan la fortuna que darían Arturo Montiel o Roberto Madrazo por volver a figurar en los primeros niveles de la política, eso puede ser simplemente alucinante.
No podemos ni debemos ignorar a quienes se dedican a la política sin haber cobrado un solo centavo en los diversos cargos que han ocupado, esto se debe a una circunstancia muy simple, son hombres o mujeres que no tiene ninguna necesidad ni de cobrar, menos de quedarse con lo que no es suyo -como suele suceder en la política- y claro que los hay, quizá sean los que hoy en día reivindican el quehacer de la actividad política en su concepción de servir y transformar, que son los menos, es cierto. Como también los hay que solo han vivido de lo que ganan, aunque esto sea mucho más raro.
En cada ciudad, municipio y pequeñas localidades siempre hay un personaje nostálgico que aunque sea en cuarta línea estuvo en las filas del poder y quiere regresar. A estos personajes se les ve en tiempos de elección de candidatos de cualquier partido, husmeando, olfateando, viendo una fisura por donde colarse como la humedad, pero la competencia es despiadada, el que se fue, se fue y no hay que permitirle su regreso, solo personajes muy singulares después de alejarse de la vida política se vuelven a insertar en el complejo engranaje, son excepcionales, la verdad.
Pero una cosa son quienes pertenecen a la sociedad política, a la que solemos llamar la clase principesca de este país, y otros los que somos los receptores de sus decisiones, de sus desplantes farandulezcos que ni siquiera llegan a calificarse de acciones, sino de formas de vivir, y vivir bien.
Los que resentimos las consecuencias e impactos de la acción política, los que no nos explicamos cuanta sordidez, incompetencia, absurdos y dislates, no tenemos en estos momentos muchas opciones de salida más que el arte y la cultura, y eso, los privilegiados de tener acceso a ella, por ello, destacamos el esfuerzo del Gobierno Municipal a través del Instituto Municipal del Arte y la Cultura y la Cineteca Municipal por el Festival Internacional de Cine con el que pudimos olvidar un poco esta coyuntura social, política y económica tan difícil.
Vaya nuestro reconocimiento al maestro Claudio Noriega y al amigo Juan de la Riva, sin duda un éxito el festival. O no.