MINUTO X MINUTO

La respuesta está en el viento


Quizá unos de los grandes problemas sociales e individuales sea el de entender los profundos cambios de paradigmas que están sucediendo. Los ciclos se cierran pero no se abren otros, esto genera incertidumbre y confusión, de bien a bien no sabemos a dónde vamos, nos encontramos al final de muchos caminos sin encontrar nuevos rumbos.
Durante largas décadas vivimos en una mediana certidumbre, los estudiantes terminan carreras, montar despacho, consultorio, integrarse al ejercicio de la profesión; los padres metían a sus hijos en las empresas en qué laboraban, o los incorporaban a sus pequeños negocios. Los dueños de las tienditas de barrio sacaban a la familia delante. Les daban carrera a sus hijos y vivían más o menos bien.
En el escenario político todo estaba determinado, el partido único en el poder ganaba en cada elección y así se acuñaba aquella frase que definía el unipartidismo exacerbado “gánenle al PRI”.
El PAN representaba a la gente bien y políticamente más independiente, su lucha era de denuncia fuerte, de condena, caminaban los panistas como trashumantes democráticos según su visión, levantando esperanzas sin muchas posibilidades de tener el poder, eran soñadores que construían su utopía, David que se enfrentaban al el PRI Goliat pero sin piedras, la pura honda, el gigantón se burlaba.
Había otros grupos que se veía raros, deambulaban en silencio, como fantasmas entre las sombras, decían que se comían a los niños, su discurso era incendiario, se confrontaban de manera muy directa, eran gente de mucha convicción y con un manejo del análisis teórico del poder y sus alternativas para derrocarlo y construir una nueva sociedad de todos y paran todos.
Caminaban como quijotes con su adarga al brazo buscando integrar gente que luchara contra molinos de viento que representaban el poder. Eran los comunistas y socialistas, ateos y peligrosos que en las puertas y ventanas de las casas se enfrentaban al engomado que decía: “En esta casa somos católicos, no aceptamos propaganda comunista”.
Había otra opción, irse a Estados Unidos, construir una posibilidad de vida, cuidándose de la migra que deportaba sin mucha agresividad y hasta tolerancia. Se casaban y tenían familia, arreglaban papeles y venían de vez en cuando o simplemente ya no regresaban porque nunca tuvieron papales.
Repentinamente todo cambió, el PRI pierde y su futuro es nebuloso, el PAN se empodera, se hace gobierno, desaparece su mística; la izquierda se extingue, en su lugar surgen grupos corruptos.
Aparecen cadenas de tiendas que matan el pequeño comercio local, las “chumilcas” de barrio son barridas por grupos otras cadenas y los profesionistas no ven opción en el ejercicio profesional y se convierten en “semaforeros”, malabaristas y payasos callejeros. Los paradigmas se acaban y nadie sabe que los sustituye.
Los que se fueron “al gabacho” regresan cargando sobre sus espaldas cansadas la tragedia, regresan a un país que ni antes ni ahora les ofrece nada, dejan todo, sueños, amigos, familias, actividad laboral, su vida, con el peso del fracaso que los derrumba y traumatiza. Se reencuentran con sus familias con las que se sienten extraños y se tejen las historias de dolor y frustración que cada día crecen más porque en Estados Unidos viven perseguidos como animales; medianamente protegidos por los mismos compatriotas, por los mismos patrones, por los defensores de los derechos humanos de allá porque en su país de origen poco se hace por ellos, salvo los discursos que de nada sirven y nadie cree.
Así vamos todos, tentaleando, pero lo importante es seguir caminando, en el sendero encontraremos las respuestas perdidas, reencontraremos los caminos extraviados, sigamos, porque como dijo Dylan, la respuesta está en el viento. O no.