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Sociedad civil y ciudadanía (participación no electoral)

Diversos académicos han identificado distintos tipos de participación política como el voto, la participación en campañas electorales, actividades comunitarias y el contacto con autoridades gubernamentales, entre otros. Cada uno difiere en los niveles de tiempo y esfuerzo requeridos por parte de los ciudadanos. El voto es, sin duda, la medida de participación política más común en las elecciones liberales.
Las formas de participación política no electoral los ciudadanos pueden actuar de manera individual o colectiva, y que por lo general la acción política, aunque se puede dar de manera espontánea, es el resultado de actos coordinados entre diversas personas. Dentro de las formas de participación no electoral convencionales se incluyen acciones como intervención en campañas electorales, actividades comunitarias y contacto con autoridades gubernamentales, entre otras. Asimismo, algunos modos no convenciones de participación política son caravanas de automóviles, mítines o actos masivos, firma de peticiones y reparto de volantes.
Aun cuando las acciones de protesta y otras vías de acción colectiva con características de las democracias, estas habían estado ausentes de los primeros estudios empíricos sobre participación política. Esto lo podemos encontrar con los movimientos juveniles del 66, 68 y 70.
Llama la atención que otro de los niveles son las acciones ilegales mas no violentas como la ocupación de edificios, bloque de calles y pinta de bardas, en donde podemos encontrar al CDP en la década de los 80s.
La participación no convencional se encuentra asociada a la insatisfacción y al rechazo del sistema y va desde una voluntad reformadora hasta intentos de romper con el sistema o llevar a cabo una revolución como el EZLN.
Investigaciones recientes, manifiestan que en México la protesta está notablemente asociada con la política partidaria, hasta el punto de que puede afirmarse que la política disruptiva la impulsan los propios partidos cuando la creen conveniente; tal es el caso de las organizaciones adherentes a los partidos.
La forma de participación más común entre los mexicanos es mediante conversaciones con otras personas sobre temas políticas y representa el 40 por ciento de la participación no electoral; en Durango basta con ir a los cafés de céntricas avenidas para corroborarlo.
Lo más sorprendente es que solo uno de cada 10 personas comparte o lee información política en redes sociales como Facebook y Twitter, de manera que podemos deducir que son infructuosos los recursos públicos que se invierten en este tipo de manejos como la fuga de recursos públicos para descubrir la identidad de los troles.
De acuerdo a los dato del Barómetro de las Américas 2012, México ocupa el lugar 18 de porcentaje de líderes comunitarios de la región, con niveles similares al Perú y Brasil con 24.8 por ciento. Uno de cuatro mexicanos realiza labor comunitaria.
Firmar peticiones como solicitar algún servicio o la resolución de algún problema a las autoridades gubernamentales, es el acto preferido por los ciudadanos en casi todas las democracias occidentales. En el caso de México, poco menos de cada 10 de los encuestados aseguró haber presentado o firmado una petición; valor muy por debajo de Canadá, Gran Bretaña, Estados Unidos, entre otros. Peor aún es que el 50 por ciento no obtuvo el resultado esperado o deseado.
En el presente estudio, podemos encontrar mayor pasividad en el norte que en el sur, en cuyas regiones la participación no electoral se ha tornado violenta y retadora de las instituciones pero otro dato adicional, es que los grupos de edad que menos participan en este tipo de actividades son los jóvenes de 18 a 29 años y los adultos de 50 años o más y los que se involucran más e huelgas, bloqueos y manifestaciones los quienes tienen educación universitaria o mayor, como fue el caso del 132.

VIDA COMUNITARIA Y CIUDADANÍA
Los fundamentos de la democracia y de la ciudadanía activa se encuentran en la viuda comunitaria, dentro de la cual los individuos intentan resolver de manera conjunta y solidaria sus necesidades. La actividad comunitaria involucra esfuerzos colectivos para solucionar los problemas sociales de la colectividad, que pueden ir desde asuntos relacionados con la seguridad, arreglar las vías públicas, mejorar la calidad de la educación o la preservación de espacios comunes por citar algunos.
Es importante subrayar que el gobierno, actuando solo, no es capaz de resolver el problema de la falta de cultura cívica. Otros actores sociales tienen papeles importantes en este reto, sin embargo, el gobierno puede jugar un rol importante en la promoción de las OSC por medio de estímulos fiscales y financiamiento con fondos públicos, pero en la realidad no es así; el sentido real de la gobernanza no se alcanza del todo por empoderar a la sociedad civil por eso Moisés Naim habla de ONGCG, que son las organizaciones no gubernamentales creadas desde el gobierno y solo son legitimadoras de sus acciones.
Las regiones sureste, centro-occidente y norte, se revelan más propensos a ser miembros de asociaciones pero impera el tema de sindicatos y no de asociaciones civiles sin fines de lucro y son más las mujeres con un 49 por ciento las que más participan en la vida comunitaria.
Cómo podemos apreciar se requiere más sociedad y menos gobierno, sobretodo que haya una real ciudadanía que fiscalice los compromisos de campaña y las acciones de gobierno para que no se realicen con fines electoreros.

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