Suerte mal gastada


Es poco común la forma en que la suerte le sonríe al presidente y muy desesperante la rapidez con la que él vuelve a colocarse en una posición sumamente conflictiva. Es decir, después de la investigación que evidencia al presidente en prácticas de deshonestidad académica, nada le pudo beneficiar más que la atención se trasladara al inesperado fallecimiento de Juan Gabriel. En muy poco tiempo el plagio había sido relegado, un nuevo tema y de mayor importancia acaparaba prácticamente toda la atención de los mexicanos y muchos extranjeros. El presidente fue salvado por un extraño azar.
Sin embargo, tan pronto salió EPN del huracán de críticas (muchísimas de ellas en el extranjero, donde su imagen sufre un desgaste a la par que en México) se volvió a meter en problemas. La desafortunada visita de Trump, pero sobre todo la falta de carácter del presidente regresaron muy pronto a EPN a la posición de costumbre: ser motivo de indignación nacional. Esa posición que ha venido cuidando y ganándose a pulso: antes del plagio fue el departamento en Miami de su esposa en medio de un conflicto de intereses, antes de eso fue Nochixtlán, mucho antes de eso fue la Casa Blanca, antes fueron los 43 de Ayotzinapa y un muy largo etcétera que hace parecer que el presidente no sabe salir del escándalo.
Volviendo a los acontecimientos recientes, una vez desaprovechada la enorme suerte que tuvo de que el escándalo de su tesis pasara a segundo plano y una vez que fue incapaz de decirle públicamente y en su cara a Trump que los mexicanos no pagarán por el muro, el presidente sostuvo un encuentro con jóvenes que podían “cuestionarlo” sin “censura”. El debate empieza con un joven que dice “quiero darle las gracias porque gracias a usted tenemos prácticamente todo”. Con semejante comienzo no había necesidad de continuar mirando, la supuesta selección al azar estaba muy “cuidada”. Así lo mostraron varios medios de comunicación que identificaron a muchos de los invitados como jóvenes priistas.
Esta es pues la dinámica de “una tras otra”, una bola de nieve que se hace más grande cuanto más rueda y que nadie en presidencia sabe detener. Y aunque el presidente insiste en sus comerciales y mensajes en que “las cosas buenas casi no se cuentan, pero cuentan mucho” (o algo así) es muy difícil poder ver esas cosas buenas, que no se duda ocurren bastantes, cuando el modo de conducirse del presidente es ir de escándalo a escándalo.
En suma, al presidente le queda muy poco de su mandato para corregir el rumbo, para mostrar al país y al exterior mayor y mejor habilidad política, respeto a los derechos humanos, transparencia, consecuencias para los actos de corrupción y los conflictos de interés, etc. Es decir, todo aquello en lo que ha tenido una pobre actuación.
PD. EPN manifestó después de la visita de Trump que México no pagará por el muro. Respecto a eso, el candidato norteamericano respondió “el muro medirá tres metros más de alto”. ¿Respeto?