Loading

Talento mexicano de exportación

ContraluzLa obtención de tres estatuillas doradas de parte del realizador, guionista y productor mexicano Alejandro González Iñárritu y, el mismo galardón en el apartado de fotografía al también mexicano Emmanuel Lubezki, en la pasada entrega del Óscar, el pasado domingo 22 de febrero, constituye el reconocimiento al depurado empeño de amplio aliento de dos compatriotas de excepción, pero que en lo absoluto representa un logro para el cine mexicano.
Ciertamente, el hecho contiene ribetes que rayan en lo histórico porque en dos años consecutivos realizadores mexicanos se llevan el premio a mejor director y sus cintas han ganado la nominación en el rubro de mejor película. Por otro lado, para “El Chivo” Lubezki es su segundo Óscar ganado, además, en forma consecutiva, lo que lo instala en un lugar de privilegio en la historia del cine.
Con sus filmes, Cuarón (“Gravedad”) y González Iñárritu (“Birdman”) los directores mexicanos han demostrado la creatividad y el ingenio para refrescar el lenguaje cinematográfico y marcar tendencia. Han sabido combinar y plasmar en sus más recientes películas elementos para crear un cine de autor, pero con ciertas concesiones para que sean atractivas para el gran público.
En el caso particular de “El Negro” González Iñarritu, su formación sobre cine ha sido completamente autodidacta. Titulado como licenciado en Comunicación, por la Universidad Iberoamericana, fue locutor, DJ y director de la estación de radio WFM, que a finales de los ochentas hizo época y marcó tendencia por sus innovadoras formas de hacer radio. Pasó a la televisión, cuando es invitado por Miguel Alemán Magnani, Vicepresidente de Imagen Corporativa de Televisa, en donde se encargó de realizar campañas publicitarias y cambio de imagen de los canales del consorcio. Tomó algún curso de teatro con el maestro Ludwik Margules.
Su irrupción en el mundo del cine no pudo haber sido mejor. Su ópera prima, Amores perros (2000) le hizo merecer la notoriedad mundial. En especial llamó la atención la forma no lineal de contar varias historias que confluyen en algún punto, a la manera de los relatos de William Faulkner. Sus películas posteriores 21 gramos (2003) Babel (2006) y Biutiful (2010) son reconocidas y apreciadas por la crítica internacional.
Para Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) entra por vez primera a los terrenos del cine de comedia. A través de un humor negro hasta el paroxismo, cuenta la historia de un actor que años atrás alcanzó el estrellato por interpretar a un superhombre y que lo apuesta todo con una obra de teatro en Broadway, pero a medida que se acerca la hora del estreno, ese hombre, de más de 50 años, atormentado por su voz interior, se enfrenta a su pasado, a su familia, a sí mismo. Es al mismo tiempo una historia sobre el ego, un tratado sobre la redención y una critica a la perdida de individualidad por las redes sociales y las nuevas necesidades de la sociedad por sumar “likes” y “seguidores” o de conseguir protagonizar un “trending topic”.
El punto de partido de Iñarritu fue un cuento del escritor norteamericano John Cheever y en la trama de la cinta los actores ensayan para montar una obra de otro autor gringo, Raymond Carver, “De qué hablamos cuando hablamos de amor”.
Además de la muy atinada dirección de los intérpretes, destaca el entramado de la composición literaria, la importancia del manejo del ritmo y la complejidad técnica que significó el filmar con lánguidos planos secuencias (tomas largas sin cortes de edición) que hacen recordar a La soga (The rope, 1948, Alfred Hitchcock).
Para el tema del ritmo, Iñarritu recurrió al talento de otro mexicano, el músico Antonio Sánchez, que con su batería y su estilo jazzístico, confeccionó una banda sonora que se logra convertir en un actor más del elenco y acentúa el ritmo, casi siempre frenético del filme.
Hay que ser claros en esto: el logro conseguido por nuestros compatriotas ha sido el reconocimiento al talento de dos genios. El cine mexicano no tiene absolutamente nada que ver en ello. El arte que despliegan de unos años a la fecha es universal. El pretenderlo ver como un logro nacional es equivocado.
Ojalá y que sirva en todo caso para que se estimule más la creación cinematográfica, se den más apoyos a las escuelas de cine, que las producciones nacionales puedan tener las condiciones para competir en taquilla con las cintas norteamericanas que copan la cartelera.
La verdad es que se han visto muy generosos en dedicar la obtención de tan apreciados premios a su país, que en realidad en muy poco los han apoyado para su desarrollo profesional y artístico.

ladoscuro73@yahoo.com.mx
twitter:@ferramirezguz

Comenta con Facebook