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El terrorismo como un acto común

Francisco Zea

El primer acto que significó la simplificación del terrorismo ocurrió en Niza, el 14 de julio del año pasado. El resultado fue de 84 muertos y un importante número de heridos. Desde ese día, el terrorismo tenía una cara distinta. Una más aterradora quizá. Ya no eran los actos largamente planeados, la dificultad de comprar elementos para mezclar una bomba, la casi irreal logística de entrenar terroristas como pilotos de avión para estrellar las naves en contra de las torres gemelas. Ahora con un camión de 19 toneladas, que se puede rentar, se acababa con la vida de casi un centenar de personas que habían ido a presenciar el espectáculo de los fuegos artificiales con motivo de la fiesta nacional de Francia. Entre tanto odio y muerte surgía la peliculesca historia de Franck, un hombre que en su motocicleta dio alcance al terrorista e intentó detenerlo aun a costa de su vida. La suerte ese día se encontraba de su lado y el arma atascada del terrorista no pudo terminar con su vida mientras este héroe trataba de detenerlo a golpes, parado sobre el estribo de la puerta del camión de la muerte.
La historia se repitió la semana pasada en Londres, gracias a la suerte que no a la acción de los servicios de inteligencia, los muertos fueron apenas tres y el autor del atentado, además de 50 heridos. En esta ocasión, el loco, Khalid Masood, ciudadano inglés, embistió con una camioneta en el puente de Westminster en contra de turistas y locales que admiraban el parlamento inglés y su emblemática torre, el llamado Big Ben. El terrorismo ya tomó cara de normalidad, de cosa de todos los días, de camión, auto o camioneta. De ciudadano del país en contra del que se atenta. Este bato fue reivindicado por el maldito Estado Islámico.
Lo he dicho en muchas ocasiones, yo no imagino un Dios sediento de venganza, un Alá que requiera de una cuota de muerte y sangre para demostrar su existencia o prevalencia sobre otros dioses. Este tipo de actos nada tienen que ver con el islam, con el Corán ni con los musulmanes. En su religión nada dicta esta cuota de dolor innecesario, de lágrimas, de atropellar a los que no piensan como ellos. Lo cierto es que, desgraciadamente, estas conductas por sencillas e inenarrablemente simples se van a repetir. En Europa, la cuota de personas resentidas es muy alta. De gente que culpa a sus actuales gobiernos de sus males, que han llegado en segunda generación de la opresión o la pobreza. Muchos de ellos ostentan pasaportes comunitarios y esconden en sus comunidades el odio en contra de aquellos que creen han causado los males de sus países o familias.
En este contexto, de nueva cuenta me acuerdo del extraordinario, pero brutal libro de Michel Houellebecq, Sumisión, cuya propuesta central es la dominación política de los musulmanes de Francia, debido a una sencilla razón, el número de votantes. Los naturales franceses están abatiendo su tasa de fecundidad y cuando mucho tienen un hijo, los musulmanes por religión y tradición tienen en promedio cuatro hijos, ya con derecho a ser franceses. Por lo cual, por matemática pura, serán mayoría. La novela podría hacerse realidad en poco tiempo.
La realidad es que estamos atestiguando con horror la simplificación del terrorismo. El odio es la moneda de cambio común de todos los días. Gente confinada en campos de refugiados, con familias amputadas por la guerra y con profundo dolor. Por lo cual, es cuestión de tiempo, estos actos se repetirán sin duda.
EN EL ESTRIBO.- Increíble resulta lo que sucede en el Estado de México, que por cierto está sumido en clima electoral. Existe un grupo de robatierras que mediante despojos, que ahora están dándoles forma legal, pide a sus irregularidades simulando juicios de usucapión, se están haciendo de terrenos e inmuebles. Ya sea mediante poderes falsos u otras artimañas llevan a cabo sus fines, obviamente con la ayuda de los tribunales locales. Es el caso de la señora María Luisa Medrano, una mujer viuda de 87 años a quien en Atizapán de Zaragoza pretenden arrebatarle sus inmuebles. La señora ha luchado en diversas instancias y ha pedido ayuda en muchas ocasiones, pero estos rateros han comprado a la justicia local. Pero hay una luz al final del túnel, la justicia federal podría poner en orden a los corruptos juzgadores locales. La señora Medrano ha promovido una serie de amparos, en manos del Juez Cuarto de Distrito con residencia en Naucalpan, que puede poner fin a los atropellos de los que ha sido objeto la viuda.
Independientemente del resultado de lo promovido ante la justicia federal, se hace un llamado al Magistrado Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México, Javier Medina Peñaloza, para que ponga en orden a algunos de sus jueces, de los que tenemos pruebas de su irregular actuar.

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