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Todo tiene una historia

Guadalupe Villa G.

Pronto se cumplirá el octavo aniversario luctuoso de nuestra querida María del Pilar Alanís Quiñones y su familia le dedica un “recuerdo amoroso”, del cual nos hace partícipes. Pilar fue, como su nombre lo indica, un soporte para los suyos. Sustentó firmemente su hogar prodigándose en amor y cuidados para Juan Ángel, Carlos Alberto, Ángel César y Ana Cecilia. No obstante, se dio el tiempo para crecer como profesionista, desarrollar su carrera y ganarse un lugar en el competido mundo de los historiadores.
Maestra en Humanidades, Pilar eligió como tema de estudio una de las vertientes de la “Nueva Historia” o “Nouvelle Histoire”, corriente historiográfica iniciada en Francia por Jacques Le Goff y Pierre Nora, conocida también como Historia de las Mentalidades que estudia las representaciones colectivas y las estructuras mentales de las sociedades como, por ejemplo, los rituales en torno a la muerte.
Pilar fungió como coordinadora de la región norte de la Red Mexicana de Estudios de Espacios y Cultura Funerarios A.C., que hizo de la cultura funeraria una especialidad, junto con su contraparte la Red Mexicana de Conservación y Gestión Patrimonial de Cementerios y Arte Funerario A.C.
Se dice que la muerte es “democrática”, pues igual se lleva al rico que al pobre, sin embargo hasta en los panteones es posible constatar las diferencias que el status personal, el fervor religioso, las creencias y los sentimientos imponen. En un panteón se manifiesta la pertenencia a un mundo más simbólico y se da rienda suelta a la libertad para expresar en las lápidas, piedad, ternura, dolor, tristeza o gratitud.
Pilar Alanís abordó el estudio de la escultura funeraria, llena de simbolismo, desde un punto de vista artístico caracterizado por la maestría de Benigno Montoya. Cruces, ángeles, guirnaldas, flores, etcétera quedaron como testigos de una sociedad que plasmó su romanticismo y sus creencias en un escaparate público.
Pilar y la Red Mexicana de Estudios a través de distintas investigaciones de sus afiliados han difundido y divulgado (en la mejor acepción del término) la importancia que la muerte reviste, su legado cultural, su valor y la importancia de su conservación. De todos es conocida la obra de Pilar, plasmada en los libros Museo de arte funerario Benigno Montoya referido al Panteón de Oriente en Durango y Benigno Montoya, historias en piedra, que llevan ya varias ediciones. Pilar nunca fue avara en la difusión del conocimiento pues impartió cursos de capacitación para guías turísticos, así como diversas asignaturas a estudiantes de nivel superior. No obstante haber quedado de manifiesto su interés por la cultura funeraria, Pilar diversificó sus intereses y colaboró en el periódico con una columna dominical denominada Domingos del Ágora, en clara alusión a la plaza pública griega en la que se congregaba la sociedad para realizar prácticas culturales, comerciales y de discusión política.
La fundación de la Asociación Cultural Quivira, cuyo nombre alude a la opulenta y mítica ciudad ubicada en el norte de México congregó, a instancias de Pilar, a un núcleo de personas unidas por el interés común de estudiar, investigar y difundir la historia de Durango.
Por todo lo anterior, que es mucho más no lo único, me congratulo de que se haya instituido una beca que lleva el nombre de María del Pilar Alanís Quiñones. Es el mejor “recuerdo amoroso” y homenaje que pudo hacerle su familia para promover el conocimiento y estimular el talento creativo de nuevas generaciones.

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