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Todos mienten

“Todos mienten”, una aseveración directa, cruda, irrefutable… “todos mienten”, esa es la premisa filosófica que utiliza el detective Sherlock Holmes, personaje creado por el escritor inglés Sir Arthur Conan Doyle para su célebre thriller, aunque para muchos dicha sentencia sea más recordada en labios del “Dr. Gregori House”, de la famosa serie de televisión del mismo nombre.
Y es que a diario encuentro como la mentira forma parte de la cotidianeidad social, pero de entre todos los círculos, la mentira se ha agazapado de forma particularmente cínica en dos extractos, en la clase política y en quienes forman parte de los medios de comunicación. Aunque pueda estar equivocado, en mi experiencia particular, ésta especulación es completamente cierta, y si quitamos de ésta reflexión el caso extremo de mentirosos patológicos, como lo son la mayoría de los políticos y nos quedamos con los segundos, entenderemos cómo desde hace años, hemos sido horriblemente manipulados.
Si bien, la comunicación es una de las realidades y categorías fundamentales de la sociedad avanzada moderna y se inserta en el primer puesto de los valores de la dinámica social adquiriendo hoy en día unas proporciones hasta ahora desconocidas. Los recursos técnicos puestos a su alcance, tal como lo son las redes sociales, han llegado a convertir a la sociedad moderna en una conversación continua, una comunicación incesante, aunque no por ello veras e incuestionable.
La comunicación facilita ante todo la información. Esta se ha convertido a su vez en uno de los valores más cotizados y prestigiosos. No se puede decir que se pertenece realmente a esta sociedad si no se está en posesión de una fuente de información constante y abundante.
En esta situación, todos los pensadores están cada vez más de acuerdo en que el punto neurálgico de influencia y control de nuestra sociedad y de la sociedad del futuro radicará, durante mucho tiempo, en los centros de producción y control de la información. Y con la influencia y el control viene, aparejada inevitablemente, la manipulación social.
La manipulación informativa es tan antigua como el poder, que pronto descubrió la importancia de controlar la información y atraer la opinión pública hacia los intereses de un determinado colectivo. La modernidad ha convertido a los actuales medios de comunicación: televisiones, radios, periódicos (tradicionales u online) y sobre todo el internet, en verdaderas armas de manipulación masiva.
Y es que cada día son más las cuentas y portales que nutren a las redes sociales más populares (Twitter y Facebook), de “noticias ficticias” o de injurias y falacias en contra de x o tal personaje y estos a su vez son retomados por los medios convencionales no para ir en busca de la verdad, sino en busca de la nota, el amarillismo vende y los titulares de los noticieros, despiadados como son, no miran el daño real que causan a la sociedad, al tergiversar a conveniencia la información, con fines políticos o económicos.
La esencia de la manipulación informativa radica en el control de las ideas. Por una parte, lo que se repite hasta la saciedad cala entre el público y se convierte en verdad absoluta, aunque no lo sea. Ya decía Joseph Goebbels, el artífice de la propaganda nazi, que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Por otra parte, de lo que no se habla en los medios de comunicación, sencillamente no existe, queda fuera del debate de las ideas y desaparece del espacio público. Esto hace que los medios con mayor difusión detenten el llamado “monopolio de las ideas”, pues la sociedad solo trata aquellos temas que son noticia en los medios.
Ejemplos sobran, pero en mí quehacer he podido ver como un sinfín de políticos prometen cosas que no pueden cumplir a gente que sabe que no las cumplirán y lo declaran en medios que saben que difícilmente lo realizarán para generar una nota que saben carece de credibilidad, más no de morbo.
Todos mienten y para descubrir por qué, encuentro muchos motivos: Para protegernos a nosotros mismos, para proteger a otros, para lograr lo que queremos, para evitar que nos abandonen, para lograr que nos quieran, porque tenemos miedo.
La otra pregunta sería por qué aceptamos las mentiras de otros. Ahí el asunto es más complejo: ¿Para protegernos a nosotros mismos?, ¿Para evitar que nos abandonen?, ¿Para evitar herir a quienes queremos?, ¿Porque es a veces más fácil aceptar una mentira que enfrentarnos a la verdad?, ¿Porque no sabemos cuál es la verdad que queremos para nosotros y a falta de eso tomamos las mentiras como un sustituto?, ¿Porque estamos perdidos de nosotros?, ¿Porque la verdad duele?, ¿Porque tenemos miedo?, Mentimos, nos mienten y aceptamos las mentiras casi por las mismas razones.
Estimados lectores, sobre todo quienes leen columnas políticas o se fascinan con seguir a los conocidos Trolles, el que todos mienten no está a discusión, lo que realmente es cuestionable, es que no sólo nos creamos esas mentiras, sino que las ayudemos a difundir y actuemos en consecuencia.

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