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Tres gobernadores me impulsaron: Páez Urquidi, Mayagoitia y Armando del Castillo

Estuvo en ese diminuto departamento en el que viví en la Ciudad de México con mi esposa y mi pequeño hijo Gastón, Maximiliano Silerio Esparza, un día que pasé por él a la antigua Camionera (Bernal Díaz y Puente de Alvarado) y luego lo acompañé a que se hospedara en el Hotel Palace, a un costado del Monumento de la Revolución.
Él vestía una gabardina color gris oxford. Caminando, de ahí nos fuimos platicando por la Av. Reforma, rumbo al “Caballito”, a mi departamento, un joven presidente del PRI, que pocos meses después fue nominado candidato a alcalde. Siempre pensé que un día iba a ser gobernador de Durango. Esa noche, recuerdo, estaba lloviznando ligeramente.
En fin… ese año y medio que viví en el DF., fue el tiempo suficiente para dedicarme a conocer y tratar a los duranguenses más “preclaros” que radicaban en aquella ciudad; cómo olvidar al “Sabio” Favela, a Guillermo Bécker Arreola, a Castaños Patoni, a Carrola Antuna, a Armando del Castillo Franco, al Doctor Seade, a Mario Vela, y ni qué hablar de López Faudoa, de quien fui su auxiliar en la S.S.A. y de quien conservo todavía -como recuerdo- los talones de los cheques que recibía de esa dependencia; del Doctor Salvador Gámiz, de quien yo era un admirador de su lucidez política.
Pero… al único que busqué poco, porque no conocía un “contacto” en esos tiempos, fue al Doctor Héctor Mayagoitia Domínguez, que ocupaba la Subsecretaría de Educación Pública. Lo visité en una sola ocasión en su casa de José de Teresa 291, en San Ángel y otra en su oficina de la Dirección del IPN.
Pues bien, eran tres doctores quienes finalmente llegaron a la recta final de esa candidatura: López Faudoa, Gámiz Fernández y Mayagoitia Domínguez, ellos con posibilidades reales.
¡¡Pero también en Durango hacía aire!! Dos duranguenses radicados aquí se la jugaron legítimamente: Don Ramiro Arrieta Herrera, pensador liberal, profesor de carrera, heredero de una gran tradición revolucionaria, con ascendiente entre los maestros y con los jóvenes; no se me olvida que nos obsequiaba su cheque de una quincena cada año, como apoyo a los burlesques universitarios. El otro era Don Gilberto Rosas Simbeck, controvertido empresario, tan audaz como inteligente, de una niñez humilde y de una juventud emprendedora y soñadora; de ayudante de un camionero trocero, llegó a significarse como uno de los más prósperos industriales duranguenses.
Un año antes del destape me regresé a Durango, para esperar aquí “el destape”. El Gobernador Alejandro Páez Urquidi, me ubicó en el INJUVE como Promotor Cultural de la ex Casa de la Juventud, junto con “Lalo” Campos como Delegado.
Seis meses trabajé en el INJUVE en mancuerna con “Lalo” Campos, era mi antesala para pedirle a mi amigo Maximino Gámiz Parral, entonces presidente del PRI, me ubicara en el CDE del PRI, y lo que el optó fue ubicarme como Oficial Mayor del PRI, entonces era el tercer cargo en jerarquía y obviamente el gobernador APU, dio el Vo.Bo., para la designación.
Fue un 28 de febrero, cuando desde el centro, claro, se resolvió el “caso Durango”; después de Michoacán y Zacatecas, se “destapó” al hijo de un ferrocarrilero de Gómez Palacio, egresado de una escuela para hijos de trabajadores y del Instituto Politécnico Nacional, para Gobernador de Durango por el periodo 1974-1980, Dr. Héctor Mayagoitia Domínguez; fue el profesor Bernardo Cobos, director del Instituto de Educación Obrera, en representación de Don Fidel Velázquez Sánchez.
El recién llegado Delegado del Comité Nacional del PRI, Germán Corona del Rosal, senador por su estado natal, Hidalgo, hijo del legendario político y militar, Alfonso Corona del Rosal, nos envió a la ciudad de México en su avión particular, a Cristina Arreóla, al profesor Francisco Javier Cueto Arreola y a mí, para acompañar al casi candidato Mayagoitia a Durango; Chuy Gamero y José Ramírez Gamero acompañaban también al ya casi candidato.
Pero Don Ramiro Arrieta y Gilberto Rosas, no cejaban en su pretensión. Don Ramiro, al saber de la candidatura del Dr. Mayagoitia, se trasladó a la ciudad de México a renunciar a su cargo: Delegado Federal de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.
Don Gilberto, por su parte, proseguía en su lucha de ser postulado por el PRI; casi a diario aparecían en el periódico “El Sol de Durango'”, desplegados a una plana en donde lo apoyaban; el veterano de los líderes agraristas, don José de la Luz Fierro y el líder popular Pedro Ávila Nevárez, también repartiendo volantes desde varias avionetas recorrían el estado; un plan de gobierno impreso a todo lujo en un folleto se distribuía por las calles de Durango. Dos sindicatos de la CROC, se lanzaron en pos de la candidatura de Rosas Simbeck.
Tal parece que el tiempo no ha hecho mella en mis memorias, menos aún, cuando la vivencia política de un hombre que dejó un buen sabor en el recuerdo de las mayorías, que me obsequiaban sus impresiones de hace más de dos décadas. Héctor Mayagoitia Domínguez, quedó inscrito en la historia de Durango, como el XXIV, Gobernador Constitucional de Durango.
Héctor Mayagoitia nació en la ciudad de Gómez Palacio, el 7 de enero de 1923; contaba con casi cincuenta y un años de edad en los momentos en que se le postuló candidato a gobernador, ocupaba la Subsecretaría de Educación Pública, en donde había sido también Director de Enseñanzas Tecnológicas.
Cómo olvidar que fue en esta administración cuando fuimos diputados locales José Ramón Hernández Meraz, Cristina Arreóla Rocha, Víctor Manuel Morales, Othón Galindo, Arturo Kampfner Aguirre, Guillermo Aragón, Juan Gallegos y el autor de estas líneas. Como olvidar tampoco, que me correspondió el grandísimo honor -como presidente de la Legislatura- de tomarle la protesta de Ley al gobernador Héctor Mayagoitia Domínguez.
Un día antes se habían dado a conocer los nombres de los principales colaboradores: Maximiliano Silerio Esparza, en la Secretaría General de Gobierno; Carlos Galindo Martínez, como Procurador General de Justicia; Gustavo Domínguez Sánchez, a la Oficialía Mayor de Gobierno y Don Eduardo León de la Peña Lares, como tesorero general del Estado, así como Gonzalo Salas Rodríguez, que fue designado residente del Consejo de Planeación y Urbanización. Máximo Gámiz Parral, empezaba a despachar como alcalde de la capital y Carlos Herrera Araluce, en Gómez Palacio.

Continuará…

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