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Trump, el magnate sometido


A Donald Trump lo está sometiendo el sistema de instituciones estadounidenses, cada vez más el empresario fanfarrón muestra que es un improvisado que no tiene ni idea de cómo debe comportarse un presidente, tanto con sus ciudadanos como en política exterior, si algo queda claro es que ya no tiene posibilidades de lograr la reelección y eso que aún no cumple ni siquiera un año en el poder.
Desde el inicio de su proyecto se rodeó de amigos y familiares, su principal desacierto fue haberlos llevado al gobierno a realizar labores para las que se necesita ser un profesional y no un inexperto “héroe de campaña”, sin duda, cometió uno de los errores más recurrentes de los políticos mexicanos y es obvio que ya está pagando las consecuencias.
La Suprema Corte decidió mantener la prohibición a su veto migratorio para ciudadanos de varios países que él considera hostiles, el Congreso y la Fiscalía general lo están investigando por sus vínculos con Rusia, circunstancia que puede propiciar no solamente su destitución sino también un juicio por alta traición que podría culminar en la pena de muerte o en una cadena perpetua.
El presidente empezó la semana con las demandas de los fiscales de Maryland y del Distrito de Columbia, ambos lo acusan de violar la Constitución al recibir dinero de gobiernos extranjeros a través de sus empresas, incurriendo en un conflicto de intereses que también puede desembocar en su salida de la Casa Blanca.
Además otros doce fiscales estatales le están cobrando su abandono abrupto e injustificado del Acuerdo de París, ya que lo están demandando a él y al Departamento de Energía de Estados Unidos por incumplir las normas para ahorrar energéticos y evitar el calentamiento global; lo cierto, es que a estas alturas de la semana Trump ya está más que consciente de que con las instituciones de su país no se juega y que él solo se puso al borde del colapso político, incluso de la cárcel.
Desde el principio creyó que era el presidente de una república bananera y que podía comportarse como cualquier político de un país con sistemas institucionales fallidos, en los que los presidentes pueden cometer todos los excesos que quieran y ninguna autoridad se atrevería a llamarlos a cuentas y mucho menos a juzgarlos o encarcelarlos.
Trump se equivocó, parece que insistió tanto en llegar a la Casa Blanca, más por cumplir un capricho personal y satisfacer su ego, que por servir a su país, al grado tal, que ya rompió prácticamente todas las alianzas políticas en Europa por sus desplantes y exabruptos que reiteradamente han mostrado su pequeñez como persona y estadista.
Esta serie de circunstancias por las que está atravesando el presidente de los Estados Unidos exhiben la fortaleza de sus instituciones, el estado de derecho y el principio de legalidad que prevalece sobre las personas, independientemente de lo poderosas e influyentes que sean, el mensaje es claro: Las leyes se hicieron para cumplirlas y esto incluye al presidente.
Sin duda el perfil del magnate no era el adecuado para gobernar un país en el que las instituciones no están sometidas y son manipulables, lo cierto, es que si él fuera presidente de México ninguna fiscalía estatal lo estaría demandando, ni el Congreso ni la Procuraduría General lo estarían investigando, visto así, el habitante de Los Pinos tiene un poder descomunal y supralegal que un presidente de Estados Unidos jamás comprendería y menos Donald Trump al que el mundo ya se le vino encima y eso que a él nadie lo acusa de haberse robado un solo dólar como muchos políticos y politiquillos mexicanos que por tradición nacional son impunes e intocables, al grado tal, de que la PGR y las fiscalías estatales no saben cómo manejar los casos de un puñado de ex gobernadores corruptos.

@ernestoescobosa