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UJED, ¿a quién beneficia el conflicto..?

No importa que se haya resuelto el conflicto, ¿Quién o quiénes están detrás de ellos?
Nadie debe cerrar los ojos ante los intereses ocultos que entorpecen el funcionamiento de la vida institucional de nuestra Alma Mater, mucho menos las autoridades de estado, a todas luces son manos extrañas las que están detrás de los jóvenes de la FEUD que se han prestado, ¿A cambio de qué?, a jugar el papel de títeres manipulados por intereses aviesos y que indudablemente desean inclinar la balanza para elegir Rector.
Es tan obvia la intervención que contrasta con la posición asumida por el gobernador Dr. José R. Aispuro quien desde el inicio de su administración decidió no intervenir en los asuntos de la Universidad y de ser respetuoso de su Autonomía, pero precisamente por ello y para evitar que intereses ajenos se interpongan y lesionen la vida armoniosa que se pretende retomar ahora que ha renunciado el advenedizo, oportunista y nefasto Rector que fue impuesto por la anterior administración, es imperativo que se investigue lo que está sucediendo al interior de esta institución educativa, pues otra etapa de retroceso se vislumbra en la Universidad y nadie debe quedarse con los brazos cruzados, es el momento oportuno de frenar otro albazo a la Autonomía de la Universidad, la voluntad política debe tomar las riendas para resolver este problema, que insistimos, son intereses ajenos los interesados en aprovecharse del conflicto.
Riesgos en el gobierno de AMLO:
Son muchos los investigadores que coinciden en señalar un reformismo sin prioridades: un gobierno que tira muchas flechas y algunas den en el blanco. Hay prisa: todos los días hay anuncios de proyectos y programas. Son propuestas genéricas sin estudios técnicos, sociales o financieros que los respalden. Este reformismo no distingue que los gobiernos tienen recursos limitados: de tiempo, de dinero y de apoyo social. Escoger las batallas es garantizar su viabilidad. Abarcar mucho significa apretar poco.
Derivado del anterior hay un desbalance presupuestario: no alcanza. ¿Cuánto del presupuesto actual podría emplearse para los proyectos propuestos por la nueva administración? Cálculos de funcionarios de la Secretaría de Hacienda comentan en privado que el margen presupuestario para 2019 es de aproximadamente 50 o 60 mil millones de pesos. Integralia Consultores estima que si se hace una reingeniería al Presupuesto y se resiste la enorme presión política y protesta social que se derivaría del reajuste del gasto, este monto ascendería a 100 o 120 mil millones de pesos en 2019.
AMLO asegura poder conseguir hasta 500 mil millones de pesos. Sin embargo, esa cifra está todavía muy lejos de ayudarlo a cumplir con sus promesas. La suma de los requerimientos de sus propuestas hasta ahora, requerirían no menos de 800 mil millones de pesos disponibles para el año uno. Esa cantidad incluye la reducción del IVA en la frontera que significaría una pérdida de la recaudación de 110 mil millones de pesos, según el Centro de Información Económica y Presupuestaria.
La falta de recursos se puede afrontar si se depura la lista de programas o proyectos anunciados o su implementación es gradual. Sin embargo, siempre hay la presión de dar respuesta a los votantes: si eso ocurriese –si hubiese protesta o críticas de que el nuevo gobierno no está cumpliendo– podría recurrirse al endeudamiento o nuevos impuestos.
La ruptura del sistema de pesos y contrapesos, característica de una república con división de poderes. La prisa por llevar a la práctica la Cuarta Transformación, puede avasallar la discusión en el Congreso. Impedir al Legislativo evaluar y debatir, sometiendo las propuestas del presidente al escrutinio. La impaciencia puede derivar en un Congreso que rubrique iniciativas presidenciales sin el debate requerido. Se diría que la oposición quiere impedir la cuarta transformación y así, justificar lo que los opositores al PRI llamaban el “mayoriteo”.
El centralismo, no sólo por el peligro que representa para el pacto federal, sino también por la lentitud y obstáculos que podría significar centralizar las compras de todo el gobierno federal en la Secretaría de Hacienda o la coordinación de todos los delegados estatales en una sola persona que trabajará en la oficina del presidente. El centralismo de AMLO es la desconfianza a las dilaciones del federalismo, a sus propios pesos y contrapesos verticales. Quizá la centralización es una manera de querer dar resultados rápidos a la población, o bien, reflejo de su propia desconfianza al rol de los gobernadores de otros partidos.
AMLO tiene oportunidad de realizar una verdadera transformación, la ventaja de que será un sexenio de siete años. El primero está corriendo y concluirá el 30 de noviembre. AMLO recibirá una mesa parcialmente puesta: varias reformas legislativas aprobadas que le permitirán aterrizar su agenda de cambio. Los presidentes pasan su primer año diseñando su programa y cabildeando con el Congreso los cambios. Aquí no: la mayoría de Morena y la disposición del Presidente todavía en funciones ayudarán para que muchas reformas se realicen antes del 1 de diciembre.

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