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Un policía seguro de sí

Arturo Ramos Ortiz

Los humanos no pertenecen a una especie cuyos individuos se sientan y se sepan seguros de antemano. Requieren un complicado tramado de factores para sentirse y saberse en tal condición. En el tránsito a la seguridad, para complicar más el asunto, el individuo descubre que no piensa sólo en sí mismo, sino en su red familiar y de amistades. La fortaleza personal suele desmoronarse ante la debilidad de esa red de cercanos.
Un trabajo de riesgo, como el de un bombero, un corredor de autos F1 o un policía, requiere, por tanto, de un tramado extremadamente complejo y diversificado para que las actividades propias del oficio se desarrollen lo mejor posible.
Alguien se animará a ejecutar estas labores sólo si sabe que hay contrapesos al desastre que siempre lo ronda.
Hay algo nuevo que decir sobre este particular y las policías del país. En estas páginas, se ha expuesto en días recientes los resultados del diagnóstico que ordenó realizar el Sistema Nacional de Seguridad Pública. Es justo decir, en estos tiempos de reformas y debates sobre el mando único, que “Sistema Nacional de Seguridad Pública” es un nombre demasiado rebuscado para un mazacote burocrático que pagamos permanentemente y dos reuniones protocolarias que deben realizarse anualmente por disposición legal (incluso hasta llegan a realizarse cuando no se les olvida).
El diagnóstico referido tuvo un mal nacimiento. Se realizó con ayuda de una empresa cuyo mayor éxito previo era la automatización de un estacionamiento, pero más allá de lo misterioso que siguen resultando las contrataciones en Seguridad Pública, los resultados de este estudio, denominado oficialmente Diagnóstico de Salarios y Prestaciones de Policías Estatales y Municipales, parecen tener algo de relevancia.
Una revisión al tema de los seguros de vida condujo, según este diagnóstico a detectar los máximos y mínimos a los que un uniformado puede aspirar en caso de caer muerto en servicio policial. Y vamos, caer muerto en servicio no es sólo ser abatido por balas de un narco, sino que también lo es morir arrollado en una calle por un conductor imprudente, caer de un vehículo durante un traslado apresurado o ser aplastado en una estampida desatada en un evento público.
La muerte en servicio es una de las situaciones en las que, por la naturaleza del trabajo, todo policía puede llegar a verse involucrado. Si esto se presenta, representará un duro golpe para los familiares del uniformado. Hoy día, para enfrentar el deceso del policía, las corporaciones mexicanas otorgan seguros de vida que van desde los 100 mil pesos hasta poco más del millón.
Bajo la hipótesis de que el elemento policial tuviera un sueldo de 15 mil pesos mensuales (media tabla), el seguro más bajo implica para la familia el monto que el policía habría ganado en seis meses. ¿Qué pensará un policía de su necesidad de mantenerse con vida?
Es decir, morir en servicio generaría una cantidad asegurada para medio año de gastos familiares.
Los datos siguientes, extraídos del diagnóstico con apoyo de la antropóloga Rebecca Becerril, muestran la disyuntiva a la que se enfrentan nuestros uniformados.
El 90 por ciento de los policías estatales cuenta con el seguro de vida, pero este porcentaje baja a menos del 29 por ciento en el caso de los municipales. Hoy en día, 50 por ciento de las policías que no son del orden federal, tienen mando municipal.
De acuerdo al diagnóstico, 78 por ciento de los policías formó ya una familia y el 65 por ciento es jefe de familia, así que en la mayoría de los casos, la muerte en activo del uniformado desencadenará, además de la tragedia familiar, el impacto en los ingresos hogareños.
Los estados que mejor tratan a sus fuerzas policiales en cuanto a esta prestación son Baja California, con un millón 3 mil 331 pesos, y Veracruz con 834 mil 289 pesos. Son estos dos de los estados con más policías en el país.
En estos casos, sin contar otros factores, el seguro brinda un alcance de un lustro del sueldo que tenía el policía en vida. Pero estos son los seguros que representan una excepción. Los siguientes que destacan por el monto son Nayarit (451 mil 551 pesos) y Querétaro (medio millón de pesos). Después, las cifras rondan los 200 mil pesos o menos. Aún con un año de sueldos en seguro, ¿el policía alcanza a ver esto como un colchón que justifica arriesgar la vida?
¿Usted se podría sentir y saber seguro? ¿El mayor de los seguros es acaso suficiente para contribuir a la seguridad de la persona que se viste de policía y para que el trabajo de dar seguridad a otros sea posible?.

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