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Un ultra para atarlos a todos

Fran Ruiz

Donald Trump está a punto de dar un paso correcto para salir vitoreado de la Convención Nacional Republicana de Cleveland. Si se confirma que llevará como compañero de fórmula presidencial a Mike Pence (anuncio pospuesto por el atentado en Francia), estaría lanzando un amoroso guiño a la dirigencia republicana, que todavía recela del magnate, aunque, todo hay que decirlo, cada vez menos, gracias a unas encuestas que anuncian su victoria en estados bisagra como Florida y Pensilvania, imprescindibles para ganar las elecciones presidenciales de noviembre.
El miércoles, el presidente de la Cámara de los Representantes, Paul Ryan, mandó una orden muy clara a Trump: “Escoge a un candidato a vicepresidente conservador”. Pues bien, ayer mismo se puso rostro y nombre al elegido. Si damos crédito al diario The New York Times, el elegido es Mike Pence, de 57 años y gobernador de Indiana.
Se trata claramente de una jugada de última hora del magnate para evitar un golpe de Estado en su contra durante la Convención Republicana que comenzará el lunes. Parece que la jugada ha sido maestra porque, efectivamente, había en marcha un complot para que el voto de los delegados fuese secreto y libre, lo que habría puesto en peligro su candidatura.
Con el gobernador Pence en la carrera a la Casa Blanca, todo es diferente, ya que presenta un perfil no sólo conservador, sino ultraconservador.
“Soy un cristiano, un conservador y un republicano, en ese orden”. Esta es la carta de presentación de Pence y que sirve de contrapeso perfecto a la imagen de frivolidad pagana que refleja el magnate neoyorquino.
Muchos votantes religiosos, que se sintieron desilusionados con la retirada de Ted Cruz de la carrera a la Casa Blanca, estarán contentos de saber que tiene “a uno de los suyos” en la fórmula presidencial.
Por todo esto, Pence es la mejor garantía de que Estados Unidos se convertirá en lo más parecido a una teocracia cristiana, que combatirá todo lo que la Biblia considera condenable, desde el aborto al matrimonio homosexual.
Con Trump y Pence agarrados de la mano, muchos dirigentes del partido que no pensaban asistir a la Convención de Cleveland tal vez esté en estos momentos reservando sus boletos de avión.
Falta por ver si este giro a la derecha conservadora es una apuesta segura, de igual manera que está por ver si tiene éxito el giro a la izquierda de Hillary Clinton, impuesto por Bernie Sanders como condición para dar su apoyo a la candidata demócrata.
De momento, lo que cada vez es más evidente es que en noviembre se van a enfrentar dos visiones de Estados Unidos radicalmente diferentes como pocas se ha visto en la historia de nuestros vecinos del norte.

fransink@outlook.com

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